Viernes 6 de abril de 2001

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"Yo estaba muy tranquila y no lloré", aseguró Meraviglia

Las prendas de las víctimas no fueron cuidadas en el rastrillaje

Kielmasz se acercó desde el comienzo

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Caminos diferentes

 

Pierde fuerza la hipótesis de la caminata por calle San Luis

 

El fiscal Meynet estaba seguro de que las víctimas caminaron por esa calle. Se basaba fundamentalmente en dos testigos que declararon ayer. Ante los jueces, el primero vaciló y el segundo hizo una descripción de las ropas que no coincide con lo que señalan otros. Además hubo fuertes interrogatorios a Meraviglia y García. El debate continuará el lunes.

  CIPOLLETTI (AC).- Ningún testigo está seguro de haber observado a las chicas por la calle San Luis, la tarde del 9 de noviembre de 1997. Teresa Castillo, llena de dudas, declaró: "lo único que puedo asegurar es que vi a tres mujeres. No puedo afirmar que sean ellas".
Y José "Gringo" García, quien jura que eran ellas las que caminaban hacia Ferri cuando las vio, aportó una descripción de la ropa de una de ellas que no coincide con la que hicieron otros testigos.
El fiscal Alvaro Meynet había tomado muy en cuenta estos testimonios cuando realizó la acusación. A tal punto que escribió: "doy por cierto que las tres chicas aquella tarde tomaron por calle Provincia de San Luis para efectuar la caminata".
El otro testimonio que consideró muy significativo el fiscal es el de María Cecilia Garrido, quien declarará el miércoles 11.
Ese domingo Garrido estaba en el sector de las vías, a unos 100 metros de Circunvalación, cuando vio a tres mujeres que pasaron por Circunvalación hacia la calle San Luis.
La testigo agregó que a los dos minutos aproximadamente vio a otro grupo de tres mujeres que venían desde Circunvalación e ingresaron directamente a las vías. Lidia Fazzolari, quien la acompañaba esa tarde, también vio este segundo grupo. Por algunas descripciones de la vestimenta, el fiscal también apuntó a que las jóvenes que vio Garrido eran las que iban hacia la calle San Luis.
En estas testigos se sustenta la hipótesis del crimen por error esgrimida por la fiscalía.

El buzo rojo

El primero que declaró ayer en relación con el recorrido fue Marcos Ponce, vecino de Alejandra Meraviglia.
Dijo haber visto cuando las tres jóvenes dejaban el auto estacionado frente a la casa de la amiga de María Emilia y comenzaban a caminar por la calle Jujuy hacia la zona de las vías.
El otro testigo interrogado fue José García, el polémico tapicero que tuvo actitudes "sospechosas", según las familias.
García fue la primera persona que dijo haber visto las víctimas. Las chicas aún estaban desaparecidas cuando el martes 11 a la mañana se presentó en la subcomisaría 69 para comentar que el domingo las había visto caminando por la calle San Luis.
El tapicero aseguró que entre las 18,30 y 19 circulaba por Circunvalación hacia el centro cuando observó a tres chicas que caminaban en dirección contraria. "Iban a unos 80 metros al norte del secadero".
La prenda determinante que aparece en los relatos es el buzo rojo que pertenecía a Paula González, y que se encontró sobre el cadáver de Verónica Villar. Algunos testigos la recuerdan pero no coinciden en cómo la llevaba una de las chicas.
Por ejemplo García asegura que reconoce más "a la piba de Villar"; la distinguió "caminando al filo del asfalto y tenía el jardinero y el pulóver rojo". Esta última prenda "la llevaba debajo del enterito. Las tiras las llevaba arriba".
Sin embargo Marcos Ponce y su hermano Carlos (incorporado por lectura), vieron que Verónica se ataba el buzo "a la cintura" cuando empezaban a caminar.
Y Garrido declaró en la instrucción que una de las mujeres que vio llevaba "algo rojo en la parte de arriba".
Teresa Castillo aseguró que no puede recordar nada respecto de la vestimenta que llevaban las mujeres que vio aquella tarde.
Castillo vivía en esa época sobre la calle San Luis, casi Dos Esquinas. Ayer declaró que ese domingo fue "normal" y que andaba "mucha gente" por el lugar.
Ella estaba en el patio, frente a su casa, cuando vio pasar a tres mujeres. A diferencia de lo manifestado durante la instrucción -cuando mencionó que "conocía a las chicas de verlas pasar"- ayer dijo que "no las conocía".
"Nunca las había visto. Una era muy robusta, gordita. Era la que iba del lado de la calle (...). Lo que puedo afirmar es que vi tres mujeres. No puedo asegurar que sean ellas. Hay muchas probabilidades de que sí, pero no puedo afirmarlo", expresó.
Castillo dijo que estuvo en su casa entre las 16 y las 20, y recordó, en base a un llamado telefónico que tuvo que hacer su marido, que a las tres mujeres las vio alrededor de las 18,40.
García y Castillo coinciden en que una de las mujeres iba sobre el asfalto, pero por la descripción no sería la misma persona. El tapicero cree que era Villar, pero según Castillo, la que caminaba por la calle "era robusta", fisonomía que coincidirá más con la descripción de María Emilia.
De todos modos, las vieron caminar por banquinas opuestas.
¿Eran las víctimas?. Es la pregunta que quedó flotando ayer.
El recorrido volvió a quedar sin precisiones. Una de las hipótesis -la que mantuvo el fiscal Meynet- es que las chicas salieron de la casa de Meraviglia y fueron por Circunvalación hacia la calle San Luis.
La otra, alimentada por las primeras versiones de Claudio Kielmasz, indica que las víctimas ingresaron desde Circunvalación a las vías.

Análisis: Rigor en vano

CIPOLLETTI (AC)- "¿Por qué no aclara de una vez por todas qué pasó?", tronó el fiscal Scilipotti ante una Alejandra Meraviglia que, con voz pausada, explicaba su encuentro con Ulises González la noche del domingo 9 de noviembre. "¿Qué le pasa, no me escucha, tiene algún problema?", volvió a levantar la voz el fiscal cuando comenzó a interrogar a un José "Gringo" García que no ocultó nunca su fastidio por la presencia del periodismo en la sala.
Ambos testigos tenían su parte polémica para los investigadores. De Meraviglia sospecharon que calla parte de la verdad. Ella es consciente de esa presunción pero nunca varió su discurso: "no sé nada". En cuanto a García, sus contactos con sectores de la policía, su participación en el rastrillaje de las perras y su entusiasmo por colaborar enfocaron miradas hacia él.
Pero el rigor del interrogatorio no pareció conducir al fiscal ni a los jueces hacia ningún elemento que abone estas hipótesis. Meraviglia no perdió la calma y García se ofuscó un par de veces. Pero reacciones tan disímiles se debieron más que nada a una cuestión de personalidades. Los dos salieron airosos de la batería de preguntas, sin contradecirse con declaraciones anteriores. Y sin agregar ni una palabra más a lo que vienen repitiendo desde hace más de tres años.
Secreta o manifiestamente, muchos esperan que en este largo juicio oral surja una verdad oculta. Hasta ahora no ha aparecido la llave que abra esa puerta, si es que existe.

Foto: Los jueces recorrieron las vías; según Kielmasz, por allí caminaron las chicas.

   
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