Jueves 29 de marzo de 2001

 

Después de tantas declaraciones Kielmasz eligió el silencio

 

Se negó a declarar ante los jueces. Lo mismo hizo González Pino. Esta es parte de la estrategia de la defensa. Durante la instrucción, Kielmasz había declarado cuatro veces. En todas planteó hipótesis distintas sobre los crímenes. Ayer le rechazaron un pedido para salir libre.

  CIPOLLETTI (AC)- Claudio Rodolfo Kielmasz eligió el silencio. El joven que enloqueció a la investigación con sus versiones sobre el triple crimen, disparando responsabilidades hacia todos lados para después quedar prácticamente solo en el escenario, dijo ayer a los jueces de la Cámara que no va a declarar sobre los asesinatos de María Emilia, Paula y Verónica. La misma actitud adoptó su compañero de causa, Guillermo González Pino.
Kielmasz y González Pino no están obligados a declarar, y su silencio no puede ser utilizado como presunción en su contra. Pero resulta significativo, sobre todo en el caso del primero, que hayan declinado la oportunidad se hacer su descargo y declamar, en pleno juicio, su inocencia.
Aunque ahora callen, todo lo que dijeron está incorporado al expediente y es como si lo hubieran repetido ayer. Además, en cualquier momento desde ahora y hasta el final del juicio pueden pedir autorización para hablar.
El llamado a indagatoria de los dos imputados fue el dato saliente de la segunda jornada, que se caracterizó por la batalla jurídica entablada entre los defensores y los acusadores. Buena parte de las tres horas que duró la audiencia de ayer la insumió una discusión técnica durante la cual Eves Tejeda, Gustavo Viecens y Alberto Cariatore trataron de convencer al Tribunal de que el juicio no puede continuar porque se cometieron errores que lo hacen nulo. En cambio el fiscal Eduardo Scilipotti y los querellantes Fernando Dalmazzo y José O"Reilly plantearon que todos esos argumentos deben rechazarse.
La decisión de la Cámara Segunda se conocerá el martes. Todo indica que hará lugar a la postura de los acusadores, desechará los planteos de la defensa y el juicio seguirá adelante. Ese día, además, declararán los padres de las víctimas inaugurando la lista de testigos.
Ayer la Cámara tomó otra decisión: rechazó un pedido de Viecens para que dejen en libertad a Kielmasz. Los argumentos que esgrimió el defensor para sostener su solicitud cayeron mal entre los familiares de las chicas .

Frente a frente

Era casi el mediodía cuando el presidente del Tribunal, César López Meyer, le pidió a Kielmasz que se sentara frente al estrado. El joven recorrió con la vista baja el breve trayecto entre el lugar que ocupa habitualmente y el sillón, y se acomodó ante los jueces. Le daba la espalda a la primera fila de plateas, donde están sentados los familiares de las víctimas.
"Nunca me apodaron loco", aclaró de entrada, cuando le preguntaron por sus datos personales. Ese sobrenombre figura en el expediente desde hace mucho, y es la primera vez que lo desconoce. Después relató que tiene estudios primarios completos, que trabajó un año en el corralón Yacopino y que antes tuvo changas de albañil y cobranzas. "Mi familia se compone de mi madre, hermanos, tres hijos y mi concubina". Esa mujer a la que citó al final está llamada a declarar como testigo en su contra.
Sin titubear dijo que no iba a declarar. Y regresó a su lugar detrás de sus defensores, perseguido por los flashes de los fotógrafos y la mirada de los familiares de las víctimas.
Le tocó el turno luego a González Pino, quien ya es conocido de la Cámara Segunda. Es más, el viernes estos mismos jueces le dirán si es culpable o inocente del asesinato de la taxista Mariela Rodríguez. En esa causa lo acusan de haber degollado a la joven, en Regina.
"Soy comerciante del rubro automotor desde el año 90", explicó el imputado. Terminó sus estudios secundarios y aseguró: "soy mecánico recibido". Refirió que tiene "dos hijos y esposa".
Lo que más tiempo demandó a la secretaria de la Cámara, Teresa Giuffrida, fue leer los antecedentes de González Pino: varias condenas por estafa y una por asociación ilícita, por las cuales debe cumplir 16 años de prisión. Además tiene otras causas por estafa pendientes de salir a juicio oral, sumadas al asesinato de la taxista y al triple crimen.
Al final repitió lo mismo que Kielmasz: "no voy a declarar", y regresó a su asiento. Ayer no vestía traje, sino un buzo y pantalón jogging. Todo el trámite demandó diez minutos.
Mantener en silencio a sus clientes responde a la estrategia de los defensores. Tejeda y Viecens consideran que por ahora no es prudente hacerlos hablar, aunque se reservan las razones. "El Estado debe probar que ellos son culpables", recitan.
Apuestan a que durante el largo juicio algunas pruebas pierdan su fortaleza y que surjan dudas sobre la responsabilidad de los imputados. Ya se sabe que al momento de los alegatos, pedirán su absolución.

No habrá excarcelaciones

CIPOLLETTI (AC).- Claudio Kielmasz no pudo escuchar ayer cómo su abogado, Gustavo Viecens, pedía que lo dejaran en libertad. Justo un momento antes había abandonado la sala, atormentado por el dolor de su muñeca izquierda. Y regresó en el momento en que la Cámara anunciaba que el planteo era rechazado y que tendrá que seguir preso por lo menos hasta el día que dicten la sentencia. No es ningún consuelo: el joven imputado podría ser condenado a prisión perpetua.
Como se informó ayer, Kielmasz arrastra una vieja dolencia en su muñeca izquierda. Tiempo atrás lo operaron y le colocaron un clavo; los guardias, al esposarlo, le provocaron una nueva lesión. Hasta ahora no le aplicaron calmantes para mitigar el dolor.
En medio de la audiencia de ayer, el imputado abandonó la sala acompañado de Viecens. Después, el defensor explicó que "sufrió una descompensación por el dolor. Hace días que viene pidiendo que le apliquen calmantes y no le hacen caso".
Mientras Kielmasz estaba en otras dependencias, en la sala se definía su libertad. Viecens dijo que su cliente lleva tres años y tres meses preso sin sentencia, lo cual viola varias leyes y tratados internacionales.
Algunos de sus argumentos causaron malestar entre los familiares de las víctimas. "Esta prolongada detención le ha implicado a Kielmasz un deshonor, y un serio deterioro en su personalidad", afirmó.
Un murmullo recorrió la sala. Provenía del sector ocupado por familiares y allegados a las víctimas, uno de los cuales se levantó para retirarse, indignado. El alivio llegó cuando López Meyer anunció el rechazo al pedido.

Foto: Kielmasz estuvo ante los jueces sólo el tiempo necesario para dar sus datos personales y decir que no iba a declarar.

   
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