Miércoles 5 de marzo de 2003

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Cómo hablar en las aulas de la inminente guerra

 

Las ideas que ya se tienen

 

Educadores cuentan por qué hay que tratar la actualidad en clase.

  Cobra sentido abordar el tema de la guerra en el aula si:
- está muy claro para maestro y alumno sobre qué se está discutiendo;
-se fundamentan y sistematizan las ideas y las discusiones;
-se confronta el bagaje de ideas y discusiones con los nuevos contenidos presentados en los distintos materiales informativos y explicativos.
Es así como se ponen en juego las teorías e ideas que los niños tienen. Es así como asimilan la nueva información, sostiene Beatriz Aisenberg.

Una experiencia que vale como ejemplo

En 1992, bajo el asesoramiento de Beatriz Aisenberg, en el Instituto Martin Buber de la ciudad de Buenos Aires, niños de sectores sociales medios abordaron el tema de la guerra con su maestra.
En un primer momento, en el aula, los alumnos brindaron sus ideas sobre la cuestión:
- "La guerra significa enfrentamiento por distintas causas, que demuestran odio. Muere mucha gente y nadie se beneficia".
- "Nadie gana. Es maldad, dolor y millones de cosas malas".
- "La guerra se hace por cosas que sean importantes para los bandos que luchan.
- "Significa odio, muertes de inocentes, destrozos sin sentido".
Entre muchas de las modas didácticas está la de trabajar en grupo. "Es cierto que esto enriquece la tarea, pero no suple la necesidad de la reflexión individual, que es previa", insiste Aisenberg.
Luego viene la instancia de las definiciones, donde se aprovecha lo que todos pensaron. Queda este esquema, en el caso que nos ocupa:
- La guerra es una pelea entre dos bandos;
- Se hace por motivos importantes para los bandos (dinero, territorio, petróleo, racismo, derechos, ideas, etc.);
- Siempre hay destrucción, odio y muerte;
- ¿Hay o no hay beneficios? ¿Para quién?
- Es algo doloroso.
Posteriormente viene la articulación de todo ésto. ¿Cuáles son los bandos? ¿Qué motivos importantes tenía cada bando para hacer la guerra? ¿Qué se destruyó? ¿Hubo beneficios: para quién y cuáles?
Este trabajo con la información, comprueba Aisenberg, es el que constituye fundamentalmente el proceso de aprendizaje.
Requiere de sucesivas aproximaciones que van permitiendo continuas elaboraciones, donde no es sólo el maestro el depositario de la autoridad del saber. Pero claro, para que esto así ocurra, requiere de un fuerte y comprometido estudio y producción previo por parte del docente.

   
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