Domingo 16 de diciembre de 2001

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Homus periodisticus

 

El arte de hacer las cosas simples

 

Janet Malcolm, Roberto Arlt y el "Negro" Ardizone, bien pudieron trabajar juntos en la misma redacción

 
Según Janet Malcolm, hay tres tipos de justificación para ser periodista:
* Los más pomposos hablan desde la imbecilidad de considerarse predestinados a luchar por la verdad, la justicia, la libertad y algunas otras cosas menos tangibles y existentes sólo en su propio mundo psíquico.
* Los más decentes se explican por el lado "de algo hay que vivir".
* Los menos talentosos se miran simplemente desde el sentir el placer de estar a medio camino de ser un escritor que nunca serán.
A estas definiciones vale sumar la del más talentoso editor que tuvo la Argentina: Jacobo Timerman.
- ¿Que se siente al ser periodista? - le preguntaron uno de esos días que la sociedad eligió para reverenciar a quienes generalmente teme y desprecia según sus estados de ánimo: los periodistas.
- El placer de detectar la magnitud de la hipocresía en que vivimos los humanos. Eso se siente, respondió el grandote, soberbio y gruñón de don Jacobo.
Un contemporáneo suyo y de inmenso poder en los Estados Unidos, siempre encontró difícil desarrollar teorías sobre el periodismo que "superasen el lema de la señorita Fiske en Dexter, mi escuela primara: "Lo mejor posible hoy; mejor aún mañana".
Eso dice el veterano Ben Bradlee, editor de "The Washington Post" por más de un cuarto de siglo y celebre conductor de Bob Woodward (foto superior) y Carl Bernstein en el Caso Watergate.
Osvaldo Ardizone -uno de los más formidables talentos que arrojó el periodismo argentino-, solía reflexionar en la noches de guardia en "Tiempo Argentino", que hay que "ser demasiado estúpido para que un periodista se convenza de que es importante y no un simple pasajero entre gente moralmente indefendible en los más de los casos".
Las definiciones de Malcolm, Timerman, Bradlee y Ardizone, tienen algo en común: Son la consecuencia sólidamente ponderada de lo que es imprescindible que el periodista sienta al referenciar su rol de frente a la sociedad.
Todos expresado sin eufemismos. A secas.
Por esta razón los cuatro más Roberto Arlt, podían haber trabajado juntos. Y se hubieran divertido con la generosidad y espontaneidad de las viejas redacciones. Esas redacciones de cultura y talento.
Pero aquellos cinco también podrían haber trabajado toda una vida juntos por lo que está implícito en sus confesiones: el periodismo no es ni periodismo "serio" ni periodismo "fiscal de la historia".
El periodismo es simplemente eso, periodismo.
Dialéctica. Dinámica. Honor. Cinismo. Ironía. Garra. Verdad y verdad escamoteada. Intereses. Estómago para todo. Manejo restrictivo de las emociones. "Huir de la voz propia", como aconseja Camilo José Cela. Estilo claro, directo, sencillo. Economía de palabras. Resistir presiones y etc, etc. Eso es el periodismo.
Y el mejor periodismo es aquel que no cobija pretensiones de bronce. Hoy una especie en retirada, lamentablemente. Porque la profesión está lavada de pavos reales que se creen predestinados a marcar un antes y un después en el desarrollo de la historia.
Es lo único nuevo que hay en esta materia llamada periodismo en estado puro. Por lo demás, nada cambió. Pero no siempre e entiende así.
Ahora, por caso, se habla cual predilectos de los descubrimientos, del "periodismo de investigación", poniendo el acento en algo así como la aparición sorpresiva y rutilante de un nuevo género.
Pero desde la lógica se desprende una pregunta: ¿Cuándo el periodismo no fue una investigación? ¿No es acaso el interés por lo que sucede -y que en consecuencia moviliza al periodista -, la masa crítica que le da sentido al periodismo al menos desde su cuna? Porque si esto no es así, lo que llamamos periodismo no ha existido. Es el desatinado producto de un formidable bodrio neuronal.
Una cuestión muy distinta es, en cambio, que en la Argentina asistamos hoy a un auge -de irregular calidad e incierta gravitación -, del periodismo de investigación. Eso es lo nuevo: que se practique en forma abierta y constante. En un país que transitó su historia cercado por la censura y autocensura, ese periodismo puede tener perfiles distintos.
Pero -reiteramos-, no hay nada nuevo bajo el sol en en la matriz de esto que se llama periodismo. Sólo, la técnica.
Porque como decía Burroughs, el periodismo es como la mirada de Billy the Kid: simple. Eso, simple.
Carlos Torrengo
   
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