Sábado 6 de octubre de 2001

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Lucha contra el tiempo para asistir a refugiados

 

La llegada del crudo invierno pone en grave riesgo a más de seis millones de afganos. Por este motivo, las organizaciones de la ONU utilizan tanto aviones como burros para enviar ayuda.

  Organizaciones humanitarias están librando una batalla contra el tiempo para salvar a más de seis millones de personas que tratan de escapar de Afganistán, un país aislado del mundo en el cual la población enfrenta una emergencia humanitaria.
La ONU buscaba ayer nuevos métodos para la distribución de alimentos en Afganistán antes de que el cercano invierno complique aún más el ya difícil acceso al interior del país, lo que ha obligado a preparar operaciones de ayuda con el lanzamiento de víveres desde aviones o de transporte con burros.
Las complicadas carreteras de acceso a muchas zonas afganas, los continuos permisos que hay que conseguir del régimen talibán y la premura del tiempo por el invierno que se acerca han obligado a acelerar todo lo posible el transporte de ayuda y, para ello, se recurre a sistemas cuanto menos poco ortodoxos.
UNICEF tuvo que utilizar el transporte en burros para atravesar el paso montañosos de Shah Saleem, situado a 3.800 metros de altitud y única forma de llegar a Faizabal, en el norte de Afganistán, cerca de la frontera con Turkmenistán, explicó hoy la portavoz de la organización, Wivina Belmonte.
Tras siete días de viaje para recorrer apenas 600 kilómetros, el convoy llegó ayer a Faizabal con 200 toneladas de ayuda de emergencia para 70.000 niños, con 100 toneladas de mantas, ropa de abrigo, botas, jabón y platos, además de seis toneladas de comida de alto contenido proteínico y 90 toneladas de material educativo.
El envío salió el 29 de septiembre desde Peshawar en 25 camiones que recorrieron 450 kilómetros para llegar a Chittrran, desde donde fueron transportados en "jeeps" hasta el paso de Shah Saleem.
Este paso montañoso es muy estrecho, lo que obligó a distribuir la carga entre 4.000 burros, que tardaron más de dos días en cubrir sus 40 kilómetros.
Los equipos de UNICEF, ayudados por cientos de personas de las tribus de las montañas, volvieron a cargar la ayuda en pequeños camiones para hacerla llegar a su destino final, pero el frío y la nieve que ya caía en la zona retrasaron la operación, que sólo pudo culminar hoy.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) también ha tenido que variar sus planes iniciales de distribución de víveres únicamente por carretera y negocia con las autoridades talibán el permiso necesario para iniciar en los próximos días una operación de lanzamiento de ayuda desde aviones.
La portavoz del PMA, Christiane Berthiaume, explicó en rueda de prensa que este método es la única posibilidad para ayudar a más de 100.000 familias en las regiones montañosas del centro del país.
Para realizar esta operación es necesario establecer corredores aéreos con el acuerdo de las autoridades afganas, además de asegurar la presencia de empleados locales en el terreno para poder garantizar la seguridad del lanzamiento de los víveres y controlar su distribución.
Todas esas condiciones deberán estar reunidas antes del comienzo de la operación, cuya fecha aún no se ha fijado, afirmó Berthiaume, quien agregó que se decidió utilizar el sistema porque es el único posible para esa zona.
El lanzamiento desde aviones es muy caro, con un costo de entre 700 y 1.200 dólares por tonelada de ayuda, y además hay que hacerlo antes de que las condiciones climáticas se deterioren.
El objetivo del PMA es proporcionar el equivalente a 5.000 toneladas de víveres por mes en una docena de provincias que permanecen aisladas en invierno. Desde el 11 de septiembre el programa ha distribuido 13.500 toneladas en el interior de Afganistán, donde en estos momentos disponen de 5.800 toneladas, mientras que en países vecinos hay 44.200 toneladas.

En el campamento de Supa se respira el odio al Talibán

Supa, Afganistán (dpa) - Unos 20.000 refugiados afganos viven en extrema pobreza en diferentes campamentos en el norte de Afganistán, junto a la frontera con Tajikistán.
Condenados a la inactividad, dependientes de la ayuda de los tayikos -tan pobres como ellos- o de Occidente, los refugiados viven en casas de caña montadas por ellos mismos en un desierto de arena junto al río Pjandsh. Todos comparten un fuerte resentimiento hacia los talibán, a causa de quienes se vieron obligados a huir.
"Quiera Alá que el pueblo por fin se levante y expulse a los talibán, para que podamos volver a casa", afirma Abdul Raffar, que llegó desde Emomsahid a Supa, donde viven unas 660 familias. En una vetusta radio escucha el programa afgano de la emisora alemana Deutsche Welle, para comunicar luego a su grupo las noticias.
Tal como los otros refugiados, Rafar tiene una opinión formada acerca de Osama ben Laden. Cree que los talibanes lo nombrarían con gusto su líder, para que "entrene a miles como terroristas y los envíe a todo el mundo ". Rafar, maestro de profesión, ruega que si se produce un ataque a Ben Laden, se haga "allí donde él realmente está".
El anciano de más edad de Supa, Maulewi Abdulhazar, está confundido, pues está muy vinculado a las tradiciones de los pashtún, la etnia talibán. "Y éstas dicen que a un invitado no se le puede hacer ningún daño", explica frente a un vaso de té hecho con agua contaminada, que le da a la bebida un color insalubre. "Pero a pesar de todo espero que los estadounidenses vengan pronto", comenta resignado.
"Vivimos aquí en condiciones muy difíciles", relata Shoran Eskaleisal, que estudió electrotécnica con los soviéticos. "Un día tenemos para comer, y después durante dos no hay nada", describe sobre la ayuda. Pero prefiere ser un refugiado que vivir en Kabul, con los talibán. "Te prohíben todo, te prescriben la vida entera - eso no es vida".

Un respiro en medio de los combates

KABUL (Reuters).- Las calles de Kabul estaban desiertas ayer mientras sus habitantes se preparaban para las plegarias musulmanas, lejos de las frenéticas maniobras diplomáticas y militares que se cerraban sobre el gobierno Talibán y su huésped, Osama ben Laden.
El Talibán, por su parte, dijo que podría someter a juicio a ben Laden en una corte afgana si Estados Unidos presenta evidencias convincentes en su contra, según afirmó el viernes el embajador afgano en Pakistán, mullah Abdul Salam Zaeef. "Estamos preparados para juzgarlo si EE.UU suministra evidencias sólidas de la participación de Osama ben Laden en los atentados en Nueva York y Washington", dijo Zaeef .
El aislamiento de una nación donde combatientes pertrechados con armas anticuadas se encuentran a punto de enfrentar al ejército más moderno del mundo, quedó una vez más de relieve cuando Pakistán dijo que ya no tenía "presencia diplomática o de otro tipo" en Afganistán.
El Talibán podría tener un respiro de pocos días para cambiar de idea sobre Ben Laden, o tratar de apaciguar a los disidentes antes de los ataques estadounidenses. Pero ese tiempo también podría impulsar las deserciones entre líderes de clanes que perciben un cercano fin a la era de ese movimiento islámico. En una señal de las crecientes presiones sobre Afganistán, la Alianza del Norte dijo que estaba recibiendo nuevo apoyo militar de Rusia e Irán reveló que había sostenido conversaciones con Estados Unidos.

     
     
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