Un recorrido diario a lo largo del festival en su versión 2008
 
  Banff Mountain Film Festival Argentina 08
 
 


Todo en el ambiente huele a joven: la música, las publicidades, las actitudes y las bebidas. Incluso la vieja voz de Bob Dylan que en un momento aporta su banda de sonido a la nueva aventura, proclama que finalmente las “cosas han cambiando”.

“Lost and Found” comienza a proyectarse ante la ansiedad del público y las miradas comienzan su febril recorrido detrás de los mejores riders del planeta a lo largo de blancas, inmaculadas y remotas laderas de las montañas de Alaska y Canadá. Parece que asistiéramos a un largo y apasionante video-clip que nos arrastra a gran velocidad por paisajes de ensueño. Los jóvenes solo descienden quemando vida. 

“Aerialist” ya es otra historia, porque Dean Potter es un héroe. Es un héroe, no sólo por las metas logradas a lo largo de su vida, sino porque realiza sus escaladas en solitario (“free-solo”) sin usar ni cuerdas, ni equipo, ni seguridad para prevenir potenciales caídas hacia la muerte. “Aerial”, un tributo a la muerte de su mentor y compañero de escalada José Pereyra, muerto en México en el año 2002, trata sobre la transformación de Dean Potter de escalador de roca, a lo que el mismo define como un “acróbata de altura”. Perseguido por sus obsesiones, que lo llevan a superar continuamente nuevos desafíos, se ha propuesto ahora, cumplir con el mas antiguo de los sueños de los hombres, volar. Al documental le cabe el título que lleva una nota periodística escrita sobre Dean hace ya algunos años: “escalar a la velocidad del alma”.


Trial&Error es una película de bicicletas. En ella el byker canadiense Ryan Leech, muestra sus habilidades en un complejo circuito construido en las profundidades de los bosques del oeste de Canadá. Es también una solitaria advertencia al desmonte de las selvas vírgenes aunque algunas imágenes de los complicados andariveles no parecen avalar el mensaje.
“Entropy”. Otro video clip en el cual la mirada acompaña a famosos “snowkiters” a lo largo de escenarios blancos y helados de las montañas nevadas de Noruega. Hay escenas de improvisación y reinvenciones varias y todo parece ser parte de un mismo universo con el cual se juega continuamente. Casas, terrazas, balcones, rutas, son todos accidentes geográficos de un mismo desafió. En todo se intuye la percepción ingenua de de la juventud que avanza jugando sobre el mundo.

 

“Ice Mines”. Su solo nombre, evoca escenarios sobrecogedores, como si en él, encerrara una contradicción. Exceptuando alguna helada chimenea, pareciera que escalar en hielo, siempre remite a exteriores. Picos congelados e inertes, masas ilimitadas de hielo en superficie, glaciares y ventisqueros. El escalador canadiense Will Gadd y su compañero de andanzas, el sueco Andreas Spak decidieron incursionar en viejas cavidades industriales para practicar continuar con su obsesión, algo que a juzgar por las escenas del documental, no transcurrió al margen de ciertos riesgos mortales para ellos y sus acompañantes del equipo. El irónico humor de los escaladores es a lo largo de toda la película un necesario contrapunto a la ansiedad que produce el desarrollo de la acción en el interior de esas extrañas bóvedas ventiladas, que según los protagonistas “procuraban un aire refrigerado y hielos conservados durante siglos con numerosos anillos de crecimiento y que además, parecen no tener fondo alguno”.
“Balance”. Con una nueva dosis de nieve y esqui en la pantalla, terminan las proyecciones de la noche.

Entre los espectadores crece la curiosidad por la siguiente noche de adrenalina. Sin duda una experiencia a recomendar para todo aquel interesado en la naturaleza, el anhelo por la distancia y la continua búsqueda del hombre por superarse.