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Sábado 21 de mayo de 2005
HISTORIAS DE VIDA
El colegio que sobrevivió a las aguas
 
Con 116 años, la historia del colegio San Miguel refleja también la historia de Roca y del Valle.
 

El colegio San Miguel creado en 1889 cuenta entre sus paredes con una de las historias más antiguas de General Roca. Esta escuela, que hoy da clases a cerca de 200 alumnos, nació en 1889 cuando el Padre Alejandro Stefenelli llegó a la ciudad. Pero seguramente su permanencia como prestigiosa institución educativa y religiosa la debe a haber hecho aceptar las nuevas realidades por las que ha pasado el Alto Valle y mutar junto con la región.

 

La creación

El padre Stefenelli había nacido en la ciudad de Fondo, en la provincia italiana de Trento, en 1864. Con sólo 15 años comenzó a cursar sus estudios en el oratorio de Don Bosco en Turín y en 1885 partió hacia Argentina con un grupo de misioneros. Aunque al principio había sido destinado a Patagones estuvo allí sólo 4 años en los que instaló un observatorio meteorológico, dio clases y estudió teología. En 1889 fue enviado a fundar la misión salesiana en Roca.
“Roca era para los salesianos de Don Bosco un lugar estratégico porque se encontraba en el centro del Valle donde había tierras fértiles y con posibilidades de riego”, cuenta el padre Jaime Belli, actual Vicario del Colegio y recopilador de la historia del padre Stefenelli.
Allí vivían en esa época cerca de 900 habitantes. La población estaba compuesta por dos regimientos militares, algunos civiles, comerciantes o colonos, y el resto de tribus indígenas. La mezcla de razas, capacidades e intereses traían muchos problemas a la misión evangelizadora y educativa que traían los salesianos.
El Padre Stefenelli llega aquí con 24 años, recién ordenado sacerdote y conoce la casa que le habían otorgado. “Fui a ver la casa que me ofrecieron para comenzar. Era un ambiente de 6 x 10, las paredes de tierra bien apretada en sus marcos de madera, que se trasladaban y superponían a la altura deseada. Estaba encalada con barro. Tenía puerta de madera con cerradura y enfrente, una ventana sin vidrios con cerradura de rancho”, cuenta en sus libros.
Pone la obra bajo la protección del arcángel San Miguel, porque decía que era necesario en Roca un “praesidium contra las insidias del demonio” y también en honor al superior mayor, Don Miguel de Rúa, que acababa de suceder a Don Bosco.
A los quince días de su llegada, el 20 de julio de 1889, comienza a dictar clases a 14 alumnos, creando así la Escuela primaria San Miguel. El nacimiento de este colegio fue tan pronto porque la escuela estatal, que ya funcionaba en el pueblo a cargo del director Francisco Rival, estaba cerrada por falta de maestros y las autoridades de Roca habían pedido al Padre que enseñara él, que ya tenía experiencia.
Al año siguiente, comienza a construir una casa propia con tres edificios: uno para el colegio, con un sector para internado, otro para las hermanas de María Auxiliadora y el tercero, para templo parroquial. Pero este edificio sólo duró 9 años, ya que se derrumbo íntegramente con la inundación de 1899.
Sin embargo, un año antes del derrumbe del edificio, el padre Stefenelli había comenzado a construir un nuevo colegio con mayor capacidad para el primario y los alumnos de la escuela agrícola. Este es el actual edificio histórico que, aunque en el momento de la inundación no estaba terminado, no fue destruido por las aguas, y sólo conserva la marca de la llegada del agua a un metro cincuenta del suelo. Este edificio fue proclamado monumento histórico provincial y hoy se ha convertido en museo del colegio.
Según la realidad del Alto Valle y las necesidades de su población, el colegio San Miguel fue primario con internado, sede de la escuela agrícola, de la agrotécnica, de la escuela de orientación vocacional y, actualmente, primaria mixta de externos.
Pero la intención del padre Stefenelli en la Patagonia también era hacer estudios científicos y evangelizar a la población, por lo que el 6 de abril de 1890 puso la piedra fundamental del primer templo que se construyó en el Valle y que está ubicado en lo que hoy es la plazoleta del santuario María Auxiliadora.
Esta iglesia también se derrumbó en la gran inundación del ’99 y no se reconstruyó, sino que se preparó una capilla en las instalaciones del nuevo edificio del colegio, donde actualmente se encuentra el edificio histórico.
Mientras el padre Stefenelli atendía a los creyentes de Roca, otros sacerdotes llegaban a las poblaciones más cercanas que fueron naciendo y creciendo a lo largo del Valle, teniendo siempre como centro estratégico el Colegio San Miguel. En 1906, los domingos, los padres Stefenelli, Alfonso o Mellano iban a rezar misa a Neuquén, hasta que al año siguiente se inauguró la capilla. En 1911 se comenzó a ir a Allen y a Cipolletti.
En 1914, sólo 25 años después de su llegada, el padre Stefenelli fue trasladado a Italia y, dejando un colegio en pleno funcionamiento, se fue de Roca.

 

El paso del tiempo

El padre Jaime Belli, actual Vicario del colegio, asegura que “hay distintas etapas en la historia del Colegio San Miguel luego de los 25 años de permanencia del padre Stefenelli, a las que se puede llamar ‘etapas de empresas heróicas en todo el Valle’ ”.
“Los 25 años que siguieron a la etapa de la creación fue una época de resurgimiento difícil, tanto para el Valle como para el Colegio –asegura Belli-. En esta época la ciudad realiza un importante reconocimiento al padre Stefenelli. Con esta intención se cambia el nombre de la estación de ferrocarril ‘Los Perales’ para ponerle ‘Padre Alejandro Stefenelli’”.
“Durante éstos años -explica- el colegio se define como internado y primario y está rodeado de algunas pocas hectáreas plantadas. Mientras, en el Valle van surgiendo nuevas poblaciones”.
“En 1939 el colegio cumple cincuenta años –continúa el padre Belli-. Comienza entonces una época de reflorecimiento en todo el Alto Valle que se refleja en el San Miguel. Fue así como creció la cantidad de alumnos hasta llegar a 400, entre pupilos y medio pupilos, y se levantaron dos nuevos cuerpos del edificio”.
“Además, se crea la banda de música y un batallón de gimnastas que representan al colegio y a la ciudad en las poblaciones cercanas”.
“En 1964 el Colegio San Miguel ya tiene 75 años –dice Belli-. Como el Valle, el Colegio empieza a levantarse en busca de una nueva identidad. Al principio funciona una nueva escuela agrotécnica, por lo tanto el primario deja de tener estudiantes pupilos. Al cerrarse la agrotécnica, entre 1978 y 1980, la parte escolar se simplifica, los grados dobles habían pasado al colegio Domingo Savio diez años antes, y el San Miguel queda con una escuela mixta de externos, con una sola sección y una sola división”.
“Así, antes de cumplir sus cien años, el colegio fue cambiando, comenzó a dar más importancia a la formación espiritual de la población y se convirtió en un complejo de edificios con la creación de la casa de retiro y el santuario”, reflexiona el padre Jaime Belli.
“Hoy el San Miguel tiene un tinte de centro de espiritualidad muy marcado –asegura-. Hacia allí está caminando en este momento y seguramente lo hará en el futuro, haciendo crecer el santuario y la casa de retiro y manteniendo la escuela primaria con pequeñas dimensiones”.
Mientras recorre las instalaciones del Colegio San Miguel, institución en la que lleva trabajando 42 años, el padre Belli reflexiona sobre lo que vendrá: “El Colegio San Miguel será un centro espiritual importante en el futuro por encontrarse en General Roca, un nudo estratégico con salidas hacia los cuatro puntos cardinales”.

 

Recopilando la historia

Históricamente el Colegio San Miguel ha interpretado las necesidades de los habitantes del Valle y las ha traducido en las funciones de la escuela y la creación de distintos lugares de encuentro. Así nacieron tanto el colegio como la capilla, el santuario María Auxiliadora y la casa de retiro.
Pero, además de éstas tareas, esta institución hace mucho por conservar viva la historia, tanto de la escuela como la de la ciudad. En 1988 el edificio del Colegio San Miguel fue declarado monumento histórico provincial y un año después fue convertido en museo.
Allí se pueden ver antiguas maquinarias que han sido utilizadas en las tareas agrícolas del colegio.
Además, se puede observar la historia en imágenes tanto de los habitantes de Roca, las inundaciones que han sufrido, como la de la familia de Ceferino Namuncurá. También hay en el museo documentos históricos creados por el padre Stefenelli y un repaso por sus obras religiosa, educativa y agrícola.
El padre Jaime Belli es quien se encarga de esta labor y se ha dedicado con mucha pasión a reconstruir la historia del padre Alejandro Stefenelli en distintos escritos.
Por otra parte, desde el Colegio San Miguel se ha incentivado la creación de la Fundación Padre Alejandro Stefenelli para sostener todas las obras iniciadas por el Padre. “Actualmente esta fundación está abocada a la restauración del edificio de la escuela agrícola que funcionó en días del padre Stefenelli en J. J. Gómez y que luego pasó a formar parte del Instituto Nacional Tecnológico Agraria (Inta)”, cuenta el padre Belli.

 
 
Diario Río Negro. Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina.
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