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Miércoles 22 de febrero de 2006
AQUELLOS INICIOS | EL REGISTRO DE LA HISTORIA
El español de las manzanas
Los testimonios de su cultivo en la zona, allá por 1783, los brindó el piloto ibérico, Basilio Villariño. Atrapan los documentos de este colonizador que se le animó también a los ríos Negro, Limay y Collón Cura.
ESFUERZO INAGOTABLE Esta es la sensación que devuelven todos los registros fotográficos históricos de esta zona, que el hombre supo transformar en un valle.

Es un frutal con mucha historia, varios cientos de años a C. aparece en escritos que la lucen por Armenia, Georgia, Azerbaijan y sus vecinos y la Biblia la incorporó como fruta de la tentación que hoy no se repite mucho, pese a que sus distintas variedades constituyan verdadera atracción alimenticia en parte debido a tecnologías de cruzamientos. Sea roja, verde, amarilla o con otros matices su producción y comercio mundial va creciendo, constituyendo renglón destacado en muchas economías regionales.
En la norpatagonia tiene pasado muy especial y si bien sin manifestación de grandes pomares, más de doscientos veinte años documentan la existencia del manzano en el interior neuquino y con algunos ejemplares a orillas del río Negro. Basilio Villarino, el piloto español que se le animó al Negro, Limay y Collón Cura andaba río arriba por febrero de 1783 en la actual zona del arroyo Pichi Leufu cuando el 10 de aquel mes y año su acompañante José Madariaga “le condujo una rama de un manzano que él quebró de un árbol, y dijo que no había visto nada más que tres, pero que tenía más que un estado (1) de alto. Reconocí bien la rama y he visto bien la carga de manzanas que tenia, por los pezones que estaban pegados a las ramas; que la fruta ya los indios ya se la habían quitado, y dice Madariaga que habían muchos rastros de muchachos junto a dicho manzano, que tal vez serian los indios que van adelante”. (Villarino B. Diario, 1783).
Dos días después Villarino por tierra recorre “como tres leguas” y hacia la cordillera ve el que cree fuera Cerro Imperial (Lanín) y “esta mañana reconocí los manzanos, que son chicos” y toma una extraña decisión que lo apuntaría no solo como explorador en aquellas desconocidas tierras, si no también como en colonizador y preocupado por el asentamiento humano a orillas del río Negro y no lejos del Atlántico que era el fuerte o establecimiento del Carmen; lo estampo con su diario el 13: “Al amanecer hice arrancar y recoger manzanos, para mandar con el champán al establecimiento del río Negro, a fin de que sirvan de origen y fomento de esta fruta en aquel destino”. Visionario el español, se fueron los manzanos corriente abajo… todavía no sabemos el final de la frutal carga.
Como la mayor parte de la documentación conocida hasta el presente da por cierto que fueron los jesuitas los que introdujeron desde Chile los primeros manzanos en Neuquén, sin desechar a lo –mejor- el tránsito de nativos o el transporte de pepitas por aves. Días después –anotó Villarino- carpintero y calafatero hallaron unos árboles de manzana, cargaron de su fruta y vinieron a encontrar las chalupas. Hice alto en este paraje, y fueron a tomar manzanas todos los marineros, que vinieron cargados de solo un árbol porque los demás ya no las tenían y algunas que habían en otro árbol eran sumante dulces y de exquisito gusto; las del que tenían muchas que casi llegaban sus ramas con el peso al suelo, eran algo agrias, pero muy jugosas y gustosas.”
Seguidamente cuenta Villarino que desembarco y fue a ver los manzanos: “Conté doce muy viciosos y de bastante tamaño, cuyo grandor se puede consolidar de haber cargado de uno solo todo los marineros”.Es de pensar que el español no exageraba. Pequeño monte, claro: sin poda como la actual. Además estaban cerca del Limay (Lime de Falkner) y también se pude pensar arrastre de semillas en las crecientes?
En aquella misma fecha (9/3/1783) aparece el temible escorbuto en dos tripulantes y no llevaban “dietas, medicinas ni facultativo”, entonces han venido bien las manzanas, pues aquí no hay otro socorro para este ni otros males”. Las manzanas actuaron medicinalmente o al menos lo intentaron. Llega el encuentro con el actual río Collón Cura y se dicen por este curso en lugar de seguir por el Limay. Prosigue el hallazgo de manzanos. Hasta en una isla tres ejemplares y en la orilla una, “de buena calidad, gustosa, y dulce” y otra, más adelante, “ya mordida de boca humana”.
Villarino tuvo noticias en El Carmen, por medio de aborígenes de la zona que visitaba, de que “hay muchísimo de dicha fruta” y “en el paraje de las manzanas está el mar”. Sin duda se referían a la costa del Pacifico en el actual Chile. Aparecen la gente del cacique “Chulilaquin y les llevan “una bolsita con docena y media de manzanas cada una” y “cuatro bolsas para vender, llenas de esta fruta”. Hubo trueque por una limeta (2) de aguardiente y cuatro galletas y hasta la mujer del cacique anduvo en el canje: “una cuantas manzanas” por “tabaco y algunas brujerías”. Intrigados los naturales por la visita náutica, los españoles respondieron que era solo para “buscar manzanas”. Encuentran más. Se enteran que “mucha indiada que se junta por estos tiempos en la cosecha y que consumen de esta fruta con exceso, porque hacen de ella (además de la que comen) sidra o chicha.
La constante sigue siendo la manzana: encontraron “un manzano chico, del que recogieron como 100 manzanas”. Y en otros muy grandes, habían estado los “cosechadores” del lugar. Reconocieron el Catapuliche y después llevaron a bordo “un carguero de manzanas” y supo Villarino “que estos manzanos no están solo a las orillas de los arroyos, sino en toda campaña; que es la mayor delicia que puede imaginarse al ver aquella tierra tan fértil y frutífera”. En la despedida, resuelto el regreso, hubo tabaco y brujerías de regalo para el cacique y su familia y estos a los marineros… Manzanas. Atrás quedaban “los chinos y chinas que no cesaban de conducir diariamente cargueros de manzanas, las comen crudas y asadas y en todos los guisados, y hacen chicha y orejones, y que el suelo queda de un año para otro empedrado de manzanas podridas”.
Final mente el bondadoso cacique Chulilaquin le entrego “una bolsa de manzanas para que se la llevase de su parte al Superintendente”. Regresaron sin mayores novedades.

HECTOR PEREZ MORANDO


(1) Estado. Medida longitudinal correspondiente a la estatura de un hombre. (2) Limeta. Botella de vientre ancho y corto y cuello bastante largo.

 
 

 
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