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Domingo 4 de junio de 2006
EL MUNDIAL DE ALEMANIA
Fútbol, multiculturas y sociedad: crónicas de una relación conflictiva
La integración de minorías étnicas en las principales selecciones de Europa, como Francia y Alemania, aumenta su potencial y permite a los gobiernos dar una imagen de integración que no siempre se da en la realidad de sus países.

¿Qué habrá hecho Nicolas Sarkozy, la tarde del 12 de julio de 1998, mientras millones de franceses celebraban el haber ganado el Mundial en casa? Sí sabemos lo que hizo Jacques Chirac, el presidente de entonces y de ahora. El también celebró el éxito de una selección francesa que era el ejemplo de integración de las minorías raciales en ese país. “Una selección tricolor y multicolor”, decía. Africanos, caribeños, asiáticos y oceánicos, todos enfundados de azul y entonando la ‘Marsellesa’, llevaron al fútbol francés a su primer título mundial. Casi ocho años después, aquel espejo es hoy un espejismo.
El 27 de octubre pasado, miles de hijos de inmigrantes, de tercera y cuarta generaciones, tomaron por asalto los suburbios norteños de París y en su manifiesto escrito con mucho fuego no hubo espacio para metáforas. Le devolvieron al propio estado francés la violencia que ese estado ejercía sobre ellos.
Entonces fue el turno de Nicolas Sarkozy, en 1995 rival de Chirac en las elecciones presidenciales, ahora ministro del Interior de su vencedor. ‘Sarko’, como lo apodan a él, les respondió llamándolos “escoria” y prometió “limpiar los suburbios con ‘Kärcher’”, una manguera de alta presión. Lo que siguió fueron tres semanas de violencia y fuego. En palabras de Sami Nair: “La cólera espontánea estalló, la desesperación se convirtió en violencia callejera”.

ORIGEN DE UNA REVUELTA

El 27 de octubre de 2005, el fútbol, Chirac y Seine-Saint Denis volvieron a cruzarse.
La tarde de aquel día, al término de un partidito en un descampado, un grupo de jóvenes musulmanes que se dirigían a sus casas fueron interceptados por policías. Seis de ellos fueron detenidos y tres escaparon. Perseguidos por los agentes, corrieron por una cantera hasta llegar a una central eléctrica, treparon la valla para ocultarse y, una vez dentro, dos de ellos murieron electrocutados.
La chispa no sólo encendió sus cuerpos, también las miles de almas excluidas y marginadas, portadores de rostros y nombres magrebíes, subsaharianos, musulmanes. Esos hijos de inmigrantes que ya no se sienten franceses, por detestar el pasado colonialista del país y las discriminaciones que sufren a diario en una sociedad cada vez más temerosa de una inmigración en aumento.
Con Chirac hecho cenizas por el fuego rebelde, Sarkozy, su populista ministro del Interior, entró en acción. En tres semanas de furia callejera, se quemaron casi 10 mil autos y se multiplicaron los enfrentamientos entre los hijos de inmigrantes y las fuerzas de choque de la policía de ‘Sarko’. No hubo reivindicaciones étnicas, ni religiosas, ni fundamentalismo alguno. Aquella postal de los días mundialistas felices de junio de 1998 parece no representar la realidad social actual.
Quizás el primer gran desencanto se produjo en 2001, cuando Francia se enfrentó a Argelia en el Stade de France, de Saint Denis. Allí, varios franceses de origen norafricano abuchearon la Marsellesa, antes del partido. Luego invadieron el campo y obligaron a suspender el partido.
En 2006, la tendencia ‘multicultural’ del equipo que irá al Mundial de Alemania se profundizó (ver info). También las diferencias socioculturales, pero fuera de la cancha. “La gente dice que el equipo nacional francés es admirado por todos por ser ‘black-blanc-beur’ (negro, blanco, árabe). En realidad, el equipo es hoy ‘black-black-black’, lo que nos transforma en el hazmerreír de Europa”, opina el filósofo Alain Finkielkraut, a partir de los sucesos violentos de los suburbios parisinos. Para Sarkozy, los dichos de Finkielkraut son “palabras justas”.

LA REACCION EUROPEA

Pero no sólo en Francia ocurre. El Frente Nacional de Portugal ya anunció que se manifestará el 11 de junio, cuando la selección de ese país se enfrente a Angola, una ex colonia portuguesa. También en Alemania, donde dos futbolistas negros fueron convocados por el entrenador Jurgen Klinsmann para disputar el Mundial propio: los ghaneses Gerald Asamoah y David Odonkor. En el país organizador del Mundial, la extrema derecha se queja por la presencia de jugadores de raza negra en el plantel.
“Blanco, algo más que el color de una camiseta: por una auténtica selección nacional”. Tal es la frase de propaganda del Partido Nacional Democrático Alemán.
“Quién se puede entusiasmar con esta selección si no hay alemanes”, se pregunta desde otra propaganda xenófoba la ultraderecha. A último momento quedaron fuera del plantel mundialista –exclusivamente por razones futbolísticas– Patrick Owomoyela, nacido en Hamburgo pero hijo de nigerianos, y Kevin Kuranyi, nacido en Brasil.
El Mundial ganado en 1998 fue un duro golpe para Jean Marie Le Pen, líder de extrema derecha francesa, quien había desacreditado al equipo antes del éxito: “Son un grupo de mercenarios extranjeros que no cantan la Marsellesa...”
Durante la campaña electoral para las presidenciales de 2002, Zinedine Zidane protagonizó una campaña publicitaria en contra de Le Pen, que finalmente perdió en segunda vuelta. Sin embargo ya eran tiempos de cierto desencanto respecto de la selección multicultural. De la ilusión de una Francia multirracial se estaba pasando a una Francia real, que incubaba una rebelión de los excluidos recluidos en los suburbios del norte parisino, el mismo lugar donde nació y se crió la mayoría de los futbolistas negros de la selección de 1998 y de la actual. También Lilien Thuram reaccionó. El defensor, miembro del Consejo Superior de Francia para la Integración, le respondió a Sarkozy: “Yo no soy escoria. Yo también crecí en los suburbios. Tal vez Sarkozy no sabe lo que dice. Yo lo tomo como si me lo hubieran dicho a mí”, apuntó Thuram, quien nació en la isla Guadalupe, en las Antillas, pero que fue criado en Francia.
Para la mayoría de los africanos, el fútbol es la mejor carta de presentación para acceder sin restricción alguna a una confortable vida en Europa. La pregunta duele, pero ¿qué sería de Claude Makelele o el propio Thuram si no hubieran sido tan buenos futbolistas? ¿Qué vida llevaría hoy Zidane si no fuera el crack que es? ¿Qué tan difícil le resultaría conseguir trabajo llamándose Yazid Zinedine? Quizás la declaración más cruda le pertenezca al camerunés Samuel Eto’o: “Vine a correr como un negro para vivir como un blanco”, dijo cuando fue contratado por el Barcelona.
Muchos descendientes de africanos se transforman en millonarios por sus habilidades futbolísticas, otros tantos sufren hambrunas, persecuciones y marginalidad, dentro y fuera de Africa. En la última semana se volvieron a producir incidentes en los suburbios de París, aunque de menor intensidad. A cinco días del inicio del Mundial, ¿podrá el fútbol esta vez? (Fuentes: bbc.co.uk; diario “La Nación”, agencia DPA)

JUAN MOCCIARO
jmocciaro@rionegro.com.ar

‘Más escuelas’

“París no es un episodio de explosión islámica. (...) Es una revuelta de las periferias degradadas donde se han condensado los árabes y magrebíes, pero el motivo es la frustración, la rabia, la desocupación y sentirse discriminados”.
“Ellos (los descendientes de árabes y magrebíes) dicen que son franceses, pero tendrían que preguntarse a sí mismos si lo sienten de esa forma. Un pasaporte no te hace perteneciente a un lugar. (...) No es la nacionalidad jurídica la que cambia a las personas...”
“No alcanza con dar pasaportes para crear buenos ciudadanos. Una solución posible es la escuela pública para las generaciones sucesivas. Todos tienen que ir a la misma escuela pública y no debe haber más escuelas privadas, que son las que crean diferencias”.
“Europa está compuesta por países multiculturales de hecho; en lo fáctico lo son. Lo que yo critico es la ideología multicultural. Como ideología, el multiculturalismo fue un invento norteamericano de los ’60. Y predica el aislamiento cultural, crea una sociedad de guetos”.

(Del politólogo italiano Giovani Sartori al diario “Clarín” del 13 de noviembre de 2005)

 
 
 
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