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Sábado 25 de junio de 2005
Historias bajo cero
80 años del Hospital Común Regional de Río Negro

Todo cumpleaños nos remite indefectiblemente al origen y en ese acto evocativo reafirmamos aspectos salientes o significativos que vinculados a lo contemporáneo terminan configurando la identidad del homenajeado. El hospital de Allen, nacido el 15 de febrero de 1925 como “Hospital Común Regional de Río Negro”, que festeja en esta oportunidad sus ochenta años, posee una historia singular poco conocida y valorada que se podría resumir en tres puntos fundamentales: 1°) su genealogía sanitaria , 2°) la personalidad y relevancia de su fundador y 3°) su importancia patrimonial, histórico-cultural.
En primer lugar sus antecedentes se remontan a marzo del año 1912, fecha en que el doctor Domingo Cabred, médico psiquiatra, argentino, director de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales dependiente del Departamento de Beneficencia y Asistencia Social del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, viaja a Río Negro y Neuquén. Luego de inspeccionar en ambas jurisdicciones numerosos terrenos, selecciona como adecuado a los fines de su emplazamiento los “ubicados frente a la estación de Allen del Ferrocarril del Sud ,en comunicación directa con las poblaciones del Alto Valle”.
Por decreto del 20 de julio del mismo año, el gobierno de la Nación acepta de los colonos allenses Juan Saporiti, Arturo S. Olmos y Joaquín Portela la renuncia a sus derechos a las quintas 12, 15 y 16 del pueblo de Allen cedidas para tal fin. El 7 de agosto, la comisión asesora se dirige al Ministerio de Obras Públicas para solicitar la iniciación de las obras de construcción, noticia difundida por los diarios capitalinos y reflejadas en los periódicos “Río Negro” (15/11/12) y “Neuquén”, los que evidencian un conflicto alrededor del lugar de emplazamiento.
El periodista y gobernador de Neuquén, Angel Edelman, hace alusión al “hospital que nunca se hizo” al referirse al proyecto hospitalario neuquino del mismo año, 1912 , que ya había logrado la aprobación del senador Alejandro Sorondo para tramitar de Nación un subsidio que no se concreta y que finalmente, cuando se efectúa, ocurre en la gobernación vecina de Río Negro, por intermedio de Patricio Piñeiro Sorondo, anfitrión de Cabred, gran propietario de tierras, presidente de la Comisión de Riego del Alto Valle, miembro del Club Social de Buenos Aires, familiar del senador y cuñado del presidente Quintana. Circula una anécdota al respecto que los interesados aún recuerdan, en la cual atribuyen a Sorondo la picardía de haber llevado a Cabred en su visita de marzo a Neuquén un día ventoso, con la intención de disuadirlo respecto de la ubicación del futuro hospital, a cambio le haceconocer, un hermoso día, los terrenos fértiles de Allen, frente a la misma estación de ferrocarril. Si bien las circunstancias permiten suponer que así fue, repasando las normativas de la comisión asesora acerca de los requisitos para la selección de los terrenos de emplazamiento, encaja perfectamente la decisión tomada.
Viéndolo en perspectiva, más allá del lugar escogido, que sin duda ilustraría acerca de las relaciones de poder, lo destacable del hecho social es que la fundación del hospital de Allen formó parte de un proyecto general de creación de infraestructura hospitalaria, por primera vez para todo el país, incluyendo los Territorios Nacionales a principios del siglo XX, a partir del decreto de creación de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales, ley N° 4.953 de 1906, durante el gobierno liberal conservador de Figueroa Alcorta. Recién en 1945, con el doctor Domingo Carrillo, durante el gobierno peronista, se producirá el segundo momento en la historia institucional de la salud en la argentina de creación de capacidad instalada en número significativo con proyección nacional, por supuesto con una visión político sanitaria exactamente opuesta a la mencionada anteriormente, que hará mayor hincapié en la salud y no en la enfermedad, tanto en su concepción arquitectónica como administrativa y asistencial.
Prueba de la primera etapa del doctor Cabred serán los hospitales que cubrirán norte, centro, este, oeste y sur del país con Allen, en Río Negro. Resultan hospitales hermanos por contemporaneidad y arquitectura: en Córdoba: Hospital Común Regional del Centro, Bell Ville; en Chaco: Colonia Nacional de Dermatosos M.Aberastury y Hospital Común Regional, Resistencia; en Entre Ríos: Policlínico Regional del Litoral, Justo.J.de Urquiza; en La Pampa: Hospital Común Regional, Santa Rosa de Toay; en La Rioja: Hospital Común Regional Andino, Presidente Plaza; en Misiones: Hospital Común Regional, Posadas; en Salta: Hospital Común Regional del Norte, Güemes; en Buenos Aires: Colonia Nacional de Alienados, Open Door, Luján y Asilo Colonia Regional Mixto de Retardados, en Torres.
Propio de la filosofía dominante durante los gobiernos liberales de fines del siglo XIX, a principios del XX, la concepción arquitectónica sanitaria de los hospitales de la modernidad estará fuertemente influenciada por Europa y Estados Unidos, tal es así que Cabred viajó especialmente a Suiza, Francia, Alemania y Escocia con el doble propósito de incorporar lo más avanzado en medicina y tecnología sanitaria en relación con el campo psiquiátrico, el de su especialidad, y al arquitectónico asistencial para enfermedades comunes. Fruto de ese viaje será la aplicación del método “open door” (de puertas abiertas) para la atención de la salud mental, con lo que revoluciona la tarea asistencial. Contrata arquitectos europeos de renombre, suizos y alemanes, con experiencia en la construcción de hospitales como el Davos Arosa y Leysin en Suiza, el Falkenstein y Hohenhonnef en Alemania, quienes residirán en la Colonia Open Door, en Buenos Aires para su diseño.
El Hospital de Allen fue construido siguiendo los mismos planos utilizados para el del Chaco (1907), a cargo del arquitecto Huberto Schefer, con presupuesto aprobado para la construcción a cargo de Gerardo Pagano, en 1913. Se concluyó en el año 1916, pero debido a la ejecución de la estructura en desacuerdo con los pliegos originales no fue habilitado y el constructor fue exonerado. Recién en el año 1925 fue inaugurado oficialmente.
Históricamente es la primer institución de salud de la Patagonia con las características propias del hospital urbano moderno, concepto relativamente reciente que data en nuestro país del siglo XIX como instrumento terapéutico de intervención del enfermo y con posibilidades de curar. No olvidemos que antes de esa época los hospitales coloniales eran lugares concebidos para ir a morir, más bien una institución destinada a la asistencia de los pobres, de control social, separación y segregación, el menesteroso moribundo constituía un peligro para sí, pero fundamentalmente era visto como peligroso para todos los demás, razón por la cual debía ser aislado, recibir cuidados materiales y asistencia espiritual, tanto que la dirección de esas instituciones estuvo casi exclusivamente en manos de religiosos entrado el siglo XX. La “medicalización” del hospital, es decir, la intervención específica de la medicina científica y los médicos como figura centrales dentro de ese espacio que sobrevendrá, se pondrán a prueba en la práctica de la vida cotidiana valletana, frente a remanentes de medicina popular traída por los inmigrantes y la de los pueblos originarios que pese a la represión experimentada con la “conquista” permanecerán en la memoria de la gente y la cultura popular, disputando, sin proponérselo y silenciosamente, el espacio del saber medicinal, desde sus concepciones. En ese momento histórico, tanto Río Negro como Neuquén, lejanos territorios subordinados al poder central porteño, de vida institucional reciente, con unas decenas de años de existencia a diferencia de las provincias que acumulaban cientos de experiencia y legitimidad jurídico-política y de recursos económicos y servicios, la decisión del Estado de instalar un hospital con estas características evidencian al menos una voluntad política de refuerzo de la presencia institucional frente a un contexto político- fronterizo inestable por un lado y por otro la necesidad de reproducir una fuerza laboral necesaria a una economía en crecimiento permanente y al control social y sanitario de una población predominantemente extranjera. Pese a la demora en concretarse su inauguración (1925) siguió durante dos décadas más siendo el único en su género, recibió grupos sociales de zonas distantes de la Patagonia y extranjeros de las más variadas nacionalidades como lo atestiguan sus libros de registro: chilenos, alemanes, italianos, españoles, suizos franceses, rusos, árabes y turcos.
En segundo lugar Domingo Cabred, más conocido por su trayectoria científico-académica en el ámbito de la salud mental y la asistencia psiquiátrica, que por su prolífica labor fundacional, nació en Paso de los Libres, Corrientes, en el año 1859, sus estudios primarios los cursó en Buenos Aires. En 1875 ingresó a la Facultad de Medicina, de la que se graduó en el año 1881. Se inició como médico interno del Hospicio de las Mercedes en 1884, donde se desempeñó hasta 1886; pasó a ser subdirector por seis años y ascendió a director el 10 de octubre de 1892. Al año siguiente fue nombrado profesor titular de la cátedra de Patología mental, en reemplazo de su maestro, el doctor Lucio Meléndez, luego denominada Clínica psiquiátrica. Como asesor honorario del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, impulsó la creación de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales que sobrevivió a gobiernos de distinto signo hasta 1938 y mediante la cual proveyó al país de 11.896 camas hospitalarias. En el año 1916 padeció un accidente cerebro- vascular, que no consiguió detener su labor.
Los cambios políticos de 1928 afectaron seriamente el poder de la comisión asesora e hizo fracasar todas las gestiones tendientes a preservarla, situación que sumada a la pérdida de su mujer precipitaron su final. Su muerte ocurrió el 27 de noviembre de 1929, en absoluto silencio oficial, a pesar de la vastedad de su obra.
Elogiado por sus pares contemporáneos de mayor relieve científico como el doctor Emilio Coni, José Ramos Mejía, José Ingenieros, y por extranjeros de la talla de Georges Clemenceau (1910), presidente del Consejo de Ministros de Francia, en su visita a Buenos Aires, y recordado por la Academia de Medicina en el cincuentenario de su nacimiento, su legado científico- técnico aún perdura.
Hoy ese complejo de edificios tipo chalet, de dos pisos, estilo suizo- francés, de tejas rojas distribuidos en pabellones, dentro de un amplio perímetro cercado en algunos sectores por alambrado, invadido en su interior por vericuetos que la gente traza diariamente cortando camino en dirección a sus quehaceres, algunos de ellos totalmente derruidos con evidente certificación de obsolescencia, otros en vías de obtenerla, entremezclados con otras construcciones de diferente arquitectura, conservan aún, a los ojos de los desprevenidos transeúntes, paseantes, viajeros cotidianos, un aire de majestuosidad, de elegancia obstinada, de una belleza de líneas arquitectónicas que destacan inevitablemente ese cuerpo enorme y pesado que pareciera negarse a desaparecer. Y detrás de sus muros, agoniza con ellos una multitud de personas, quienes a través de ochenta años fueron receptoras o proveedoras de calidez, de cuidados, de reparo, de experiencias solidarias, de alegrías, de dolor compartido, de trabajo constante, que produjeron juntos nada menos que la vida social y no sólo de ese pueblo que creyó en su poder curador, sino de toda una región que en un momento histórico determinado lo tuvo como único faro de vida.
Como bien cultural, producto y testimonio físico de las fuerzas creadoras de hombres y mujeres, de realizaciones espirituales del pasado, de una tradición cultural- sanitaria valletana, reconocer su importancia histórica y su legado cultural que perdura en la memoria de los pueblos del Alto Valle y de la Patagonia toda que lo vivió y en la de sus descendientes, hace necesario e indispensable conservarlo en la medida de lo posible como “ herencia cultural y monumento histórico” para las generaciones futuras, a fin de que se compenetren de su significado y mensaje social, fortaleciendo de esa manera sin egoísmos sectoriales ni localistas, la conciencia de nuestra propia dignidad y la personalidad de nuestros pueblos.

Lic.Roberto Omar Balmaceda
docente de la Escuela de Medicina
de la Universidad Nacional del Comahue

 
 
Diario Río Negro. Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina.
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