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Sábado 16 de octubre de 2004
Patagones y su corsario francés 
No hay que darle muchas vueltas al término marino ni aplicar la semántica como posible excusa a un sinónimo que, con pequeñas variantes geográficas, apuntó a similar significado: corsario, con pirata, filibustero y bucanero tuvieron cuna principalmente por los siglos XVII y XVIII. Claro: corsario era especie de “guante blanco” para asaltar y robar en los mares; en algunos casos, como pretendida defensa de bloqueos, guerras, resarcimientos por similares acciones, etc. Ser corsario, ejercer el corso, tenía equivalencia para cometer delitos con permiso, oficializados y con “patente”: especie de concesión gubernamental con responsables “armadores”.
Escritos históricos lo dan como nacido en 1799 en Calais o Saint-Maló, y parece que su padre también fue “corsario napoleónico notable”. Se llamó Francisco Fourmantin (30 años en 1926), más conocido en Fuerte del Carmen (Carmen de Patagones) como “Bivois”. Antes de que el imperio brasileño declarara la guerra al país (10/12/1825) hizo su aparición en el Río de la Plata el corsario francés que recibió del armador Vicente Casares el timón del bergantín “Lavalleja” (construido en los EE. UU., ex “Guillermo”, desplazaba 200 tn, dotado de “12 cañones de a 12” y tripulación de 80 hombres; tuvo carta patente de corso Nº 92 del 22/3/1826), antes destinado a los patriotas orientales, asediados por los portugueses brasileños, con repercusiones en Buenos Aires. La “guerra del corso” comenzó a ocupar el escenario y la primera muestra a cargo de Fourmantin sobre su capacidad corsaria fue un crucero por las costas brasileñas haciendo más de 30 presas brasileñas o portuguesas por un valor de más de 300.000 pesos que fueron enviadas a Carmen de Patagones, único fondeadero al sur de Buenos Aires y El Salado y no acosado por el bloqueo de los brasileños. A la variada gama de elementos y alimentos producto de abordajes en alta mar, como vino y otras bebidas, café , arroz, onzas de oro, carne salada, cueros, tabaco, azúcar, tocino, carga general, tablas, marfil, cera, etc., especial lugar ocupaban los negros esclavos -casi siempre naves completas-, que también tenían su cotización, pobre mercancía humana nada despreciable por aquellos años. Regresando de una de sus correrías, el “Lavalleja” zozobró durante un temporal en cabo San Antonio en julio de 1826, salvándose Fourmantin y tripulantes. “Bivois” tenía desde 1925 “despachos de capitán del bergantín corsario”.
Estando en Patagones corrió riesgo su vida a manos de tripulantes del “Río de la Plata” y apalabrados 17 hombres de su tripulación, pero la conjuración fracasó. A fines de 1826 fue capitán del lanchón “República Argentina” y luego, de la ballenera “Hijo de Julio”, “velero barquichuelo construido en Buenos Aires y aparejado a lugre” del armador José Julián Arriola, nave con la que tomó otras seis cerca de Santos (Brasil). Estaba con el velero en Carmen de Patagones cuando se produjo la invasión brasileña de marzo de 1827. Fourmantin tuvo activa vida de corsario para sus empleadores Casares y Arriola, y la pequeña población de El Carmen pasó a convertirse en su hogar fijo, porque el andante... era el mar. Allí se había casado con Feliciana Fontana en el verano de 1824. Por entonces El Carmen -nido de corsarios- lucía mucha riqueza producto de las fechorías marinas, puerto refugio de varios y renombrados corsarios. Ocurrió algo muy curioso con el marino francés metido a corsario argentino: durante los azarosos días de la invasión brasileña al fuerte que culminaría con la famosa batalla del Cerro de la Caballada el 7 de marzo de 1827, en cuya defensa participó toda la población incluso tripulaciones extranjeras, Francisco Fourmantin no lo hizo “por estar enfermo”. Es un dato que siempre nos llamó y nos sigue llamando la atención, aunque toda la documentación consultada no pasa de esa afirmación. Es de suponer que los invasores brasileños conocían bien al corsario francés, tal vez sabían de él lo mismo que de esa parte del Valle Inferior del río Negro, su fuerte y población. Sería largo enumerar otros aspectos de “Bivois”, al cual el gobierno argentino de Rosas en 1936, estando emigrado en el Estado Oriental y a las órdenes de Rivera, le embargó “una quinta con casa de adobe inmediata al pueblo de Patagones, con un terreno de cuatro faenas de sembradura, una casa de lo mismo en el pueblo, cuatro caballos, cuatro yeguas, dos potrancas y un buey”, recordando que en 1928 había sido apresado y se fugó del pontón “Presiganga”. Tal fue su dualidad, que por 1838 fue jefe de la escuadra oriental con grado de coronel y dos años después capitaneó la goleta “Bernardina”, con despacho firmado por el presidente de la República Oriental Gabriel A. Pereyra y segundo de Coe, jefe de la escuadrilla oriental, que enfrentó a la del almirante Brown. Al ser sometida Montevideo al asedio del general Oribe, Fourmantin “entró a servir en la línea de fortificación, confiriéndole el general Paz, el 5 de febrero de 1843, el mando de seis baterías del ala derecha”. Al año siguiente, el mismo José María Paz, “Brigadier de la República Argentina y General de las Armas de esta capital y de su Departamento”, le extendió al francés un conceptuoso certificado sobre su accionar y el buen cumplimiento de las órdenes recibidas. En 1848 “el gobierno de Montevideo le confirió el empleo de coronel de Marina y el cargo de jefe de la escuadra nacional”. Habiendo regresado a Buenos Aires en 1849 “fue llamado al servicio de la marina”, revistando en la lista de jefes y oficiales, comandando la goleta de guerra “Maipú”.
Y volvió a Patagones, pero esta vez -marzo de 1952- como comandante militar, entonces el más alto cargo. Luego ejerció similar función en Bahía Blanca en reemplazo del asesinado coronel Olivieri y nuevamente (1857) asumió la comandancia militar de Patagones. Por 1861 fue jefe de la escuadra del Estado de Buenos Aires y la isla Martín García también lo tuvo como comandante.
Murió abrazado a elementos de su vida marinera y corsaria, cerca de Diamante en el vapor “Caaguazu”. Apoplejía: 21 de noviembre de 1861. Hay descendientes en Carmen de Patagones.

Bibliografía principal: Destéfani, L. H., “Guerra de corso”, HMA-VI, 1988. Arguindeguy, P. E., “Apuntes”, 1972. Lynch, F. “La guerra”, 1979. García Enciso, I. J, “La gesta”, 1968. Caillet-Bois, T., “Los corsarios”, 1935. Biedma, J. J. “Crónica”, 1905. Laría, S. C., “Guerra del corso”, 1959. Carranza, A. J,. “Campañas”, 1962. Pita, F. “Remembranzas”, 1928. Yaben, J. R. “Biografías”, 1954 y otros.

Héctor Pérez Morando

 
 
Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.Todos los derechos reservados
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