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Sábado 11 de setiembre de 2004
Vapor “Río Negro”, ruedas en el agua 
 

La reafirmación territorial en la Patagonia tuvo nacimiento con la ley 215 de agosto de 1876, que dispuso la ocupación de tierras límites con los ríos Neuquén y Negro y además autorizó al Poder Ejecutivo “para invertir fondos en la adquisición de vapores adecuados y en la exploración del Río Negro, como una medida auxiliar de la expedición por tierra” (sic). La hábil y capacitada ingeniería naval inglesa, por medio del astillero “Cammell”, de Laird Bross, proyectó y construyó con aceros y maderas aquella nave tipo “transporte” (en la jerga marinera) que sería destinada a ríos de la norpatagonia. Su construcción fue por contrato entre el gobierno argentino y dicho astillero y costó 4.750 libras esterlinas. Tenía 36,30 metros de eslora, 6,70 de manga, puntal de 2,20, calado de 0,75, desplazando 120 toneladas, y su propulsión mediante máquina horizontal de alta presión 120 HP, desarrollando 8,5 nudos de velocidad. Combustión a carbón -de Cardiff, por supuesto, no teníamos el de Río Turbio- con carbonera para 17 tn. Casco de acero con cuatro compartimentos estancos y su tracción -lo más importante-, mediante dos ruedas laterales con paletas fijas. Podía albergar a 16 tripulantes.
Simultáneamente se construyó otro vapor para igual destino pero de menor tamaño y potencia. Ambos llegaron desarmados al puerto porteño, lo mismo que chatas auxiliares. Luego, de idéntica forma, por medio del paquete “Santa Rosa” se los transportó a Carmen de Patagones para su armado y puesta en servicio. Llegaron el 20/12/1879. Por decreto, al vapor que hemos descripto se lo bautizó “Río Negro” y a su casi gemelo, “Río Neuquén”. El “Río Negro” tomó el nombre de su homónimo que fuera construido en el Riachuelo -vapor aviso- llamándose inicialmente “Itapirú”, que también anduviera navegando entre Carmen de Patagones y Choele Choel.
El ensamble de los vapores estuvo dirigido por el ingeniero inglés Guillermo Wood, con personal especializado e intervención del marino Erasmo Obligado, jefe de la Escuadrilla del Río Negro, en precarias instalaciones a orillas del río de los Sauces en Carmen de Patagones. El armado del “Río Negro” se demoró porque hubo que esperar algunas chapas de repuesto dado que originales se perdieron en la descarga. Por eso el “Río Neuquén” fue botado primero, en mayo de 1880, y de inmediato hizo viajes a Choele Choel y puntos intermedios. Por fin el 6 de octubre de aquel año el “Río Negro” se balanceó en el “tercer río más importante de la Argentina”. La ceremonia contó con la presencia del coronel Lorenzo Vintter, marinos destacados en el lugar y vecinos, pero los escritos no dicen si hubo brindis con champagne francés, guindado o vino patero de los maragatos. Ambos vaporcitos se constituirían en piezas fundamentales para el transporte fluvial, principalmente por el Negro, algo del Limay y parte del Neuquén, casi en la Confluencia, donde hubo un atracadero.
Transportó tropas, pertrechos, abastecimientos y también pasajeros civiles, sin olvidarnos de algunos científicos y aborígenes presos. Luego de la primera frustrada navegación del “Río Neuquén” con Erasmo Obligado como comandante y que no pasó por el Limay, unos pocos kilómetros de la Confluencia, llamaron al lugar con nombre apropiado, “Vuelta del Desengaño”, y regresaron a Patagones.
El objetivo del gobierno y de los marinos era llegar navegando por el Negro y Limay al Nahuel Huapi. Se optó por el “Río Negro”, con más potencia, eligiéndose el sábado 8 de octubre de 1881 para la partida de Carmen de Patagones. Enfrente, Viedma era asiento de la Gobernación de la Patagonia con Alvaro Barros. Bien equipado: lancha tinglada para 12 remos y dos botes, 35 rifles Remington, diez revólveres y 6.000 cartuchos, víveres secos para cuatro meses, 19 toneladas de carbón inglés en carboneras y bolsas y cantidad apreciable de instrumentos científicos. La jefatura, a cargo del teniente coronel Erasmo Obligado, comandante teniente Eduardo O’Connor, srio. subteniente Santiago J. Albarracín y piloto Edmundo Moyzés. Además, el práctico Angel Battilana, cirujano, maquinista, tres timoneles, personal subalterno, once marineros, foguistas y soldados. Se puede decir que aquel viaje inaugural del “Río Negro” no tuvo mayores problemas, pero el peñón en la desembocadura del Collón Cura fue infranqueable. Regresaron.
Obstinados, emprendieron el segundo viaje exploratorio también desde Patagones y otra vez al mando de Obligado. Nuevamente el Limay en dicho paraje se hizo presente con su roca impasable. Otro fracaso. Para el tercer viaje tomó el comando Eduardo O’Connor -en razón del viaje a Europa de Obligado-, quien con la experiencia adquirida había hecho construir en el Tigre una lancha especial para la eventualidad de no poder continuar la navegación desde el Collón Cura. Ocurrió lo imaginado, pero O’Connor con unos pocos hombres prosiguieron navegando en la lancha, llegaron al Nahuel Huapi y recorrieron sus costas llamando a la embarcación “Modesta Victoria” (1883). De regreso, en “Chichinal” (Chichinales) los esperaba el vaporcito (1884).
En el improvisado astillero de Patagones y siendo su comandante el teniente Augusto Grasso, es sometido a reparaciones generales que incluyen desmonte total de la máquina. La demora en recibir repuestos desde Inglaterra produce su inactividad durante 1885 y ’86, y al año siguiente entra nuevamente en servicio. A partir de 1888 reanuda sus viajes a Choele Choel, Fuerte Roca y la Confluencia bajo la dirección del teniente de fragata Hortensio Twaites, transportando tropas del ejército, pertrechos, colonos de la zona y abastecimientos. Desde 1890 a 1895, con otras naves de la Escuadrilla del Río Negro, es arrendado a la firma Diego Castro realizando viajes -comerciales algunos- hasta Choele Choel. En 1895 es restituido a la Armada, pero el pésimo estado obliga a nuevas reparaciones. En los dos años siguientes concreta varios viajes a Fuerte Roca y en 1898 choca al pontón “Triunfo”, al que hunde. En 1901 entró en declive. Las correrías náuticas por el río de su mismo nombre habían mellado su vida. Ya no cargaba leña para las calderas, sustituto del carbón importado. Fue espaciando la espuma de las dos grandes ruedas motrices y en 1902/03 permanece amarrado en Patagones y se integra al cuadro silencioso que conociera a Francisco de Viedma y Narváez desde 1879. No tenía tripulantes, solamente dotación para custodia y limpiar los bronces. Termina siendo pontón-depósito y en 1904 se fue a pique. Parcialmente reflotado, le llega el fin: desguace y venta como chatarra. Nació en la Albión del mar del Norte y terminó en el río Negro patagónico. Como su nombre.


Héctor Pérez Morando

 
 
Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.Todos los derechos reservados
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