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Las pasiones del amor

El origen del nuevo libro de Jorge Fernández Díaz surgió de casualidad. Después de quedar fascinada con el retrato de época que desplegó el escritor y periodista en la novela "Fernández", Ana D'Onofrio, prosecretaria general del diario "La Nación", le pidió que escribiera una serie de relatos para los números de verano de la revista de los domingos del matutino en torno a los sentimientos, mezclando historias verdaderas y que las convirtiera en literatura.

Pero no sólo en ese tórrido enero de 2006 Fernández Díaz tenía que crear esas historias de amores contrariados sino también reemplazar a Mariano Grondona en las columnas de análisis político del matutino fundado por Bartolomé Mitre.

Al principio se sintió aterrado por el tema ni más ni menos que el amor a desarrollar en esos relatos, pero comprendió que "esos relatos no debían ser exóticos". "En literatura, el amor, es el género más peligroso. Está banalizado y cualquiera puede rebajarse al sentimentalismo o caer en lo kitsch", advierte Jorge Fernández Díaz.

Pero para el actual director de "ADN Cultura", la revista cultural de los sábados del diario "La Nación", el amor se convierte en el mejor tema del mundo cuando "se refiere a la condición humana, de los egos y obsesiones, la traición, la debilidad, el destino de los hombres y los fulgores políticamente incorrectos de lo prohibido". Y agrega: "Me interesa el amor, sobre todo, como indagación porque ahí se juega mucho de la naturaleza humana; una exploración fascinante, con margen para el asombro". Desde su punto de vista el periodismo "no sabe ni puede narrar los sentimientos". "La idea de mostrar los sentimientos no está del todo bien vista en la literatura y mucho menos en el periodismo explica. Es como si estuviera prohibido tratarlos. El desafío era vender el pudor ante un tan tema tabú para el periodismo como noble para la literatura, desde Proust hasta Scott Fitzgerald y Manuel Puig. De hecho yo no pude hacer periodismo con esto, para contar los sentimientos tuve que correrme a la literatura". Ejemplifica que en la literatura argentina Jorge Luis Borges es quien establece una especie de pudor, "que era su propio pudor trasladado a la literatura", y cita al autor de "Boquitas pintadas" como uno de los escritores que se levantaron contra eso.

Estimulado por la pro

puesta de una editora recatada y fría, que vive un apasionado romance con un pintor que imita a Rembrandt al tiempo que descubre que en los diarios no se habla de lo que importa, el cronista Fernández alter ego de Jorge Fernández Díaz se pone a escribir veinte historias de amor de gente común.

¿De dónde sacó las historias que forman "Corazones desatados"?

Sobre todo recurrí a las experiencias buenas y malas que viví entre mis trece y veinte años para contar cómo se vive el amor hoy y presentar sus enfermedades. Recurrí a la adolescencia, que es la patria amorosa. Todos a los veinte años vivimos algunos episodios de amor cruciales, por los cuales lidiamos como una herida o como algo ejemplar o como algo a repetir a lo largo de la vida. Utilicé mucho el laboratorio de la adolescencia para crear personajes. Pero no me bastaron, entonces tuve que salir a la calle, a hablar con amigos y amigos de amigos, tomé nota de confesiones íntimas, consulté libros de psicología que tratan sobre la adicción al amor y removí mis experiencias, mis recuerdos. Así me fui enterando de historias para ver las distintas formas del amor verdadero. "Corazones desatados" no es un libro de amor sino que trata sobre las enfermedades del amor...

¿Cómo definiría a su generación, nacida a comienzos de los años '60, respecto al amor?

La mía es una generación desesperanzada, que dice todas esas macanas del amor líquido y de que el amor es totalmente maleable y cosas por el estilo que no resultan ciertas. En parte porque me parece que el amor es más o menos parecido a lo que vivieron otras generaciones.

¿En qué se parece Fernández al Fernández real?

Se parecen bastante, pero no son iguales... Fernández tiene muchas cosas de mi ge

neración y un derrotero parecido al de mi vida. Fernández ha vivido una vida similar aunque es más cínico y más reventado que yo. Es un pobre diablo que anda solo. Hace poco lo catalogaron como el "Phillip Marlowe de los sentimientos", un detective que va por la vida con una mirada un poco más ácida que la mía.

¿Qué lugar ocupa el tema de los fracasos en estas historias de amor?

Diría que el fracaso es esencial. Es un libro donde el amor fracasa varias veces. En ese sentido no es un libro complaciente ni romántico.

Por eso se atrevió a incluir la nouvelle titulada "El amor es muy puto".

Ese título no alude ni a la prostitución ni a la homosexualidad sino a lo que el amor tiene de resbaladizo, egoísta, maldito, insensato, caprichoso y perverso.

"El amor es muy puto" presenta a una ex gordita, Helena García, que sufre todos los infortunios habidos y por haber en el amor y un día descubre esa frase escrita en un libro usado de cuentos de Scott Fitzgerald. Helena admite que nada describía tanto el hondo carácter del amor como la palabra "puto", que aludía al filo inestable de un sentimiento que no aceptaba reglas, chantajes ni definiciones. Helena encara un cambio para dejar de ser la más fea del barrio y genera una situación particular en su matrimonio.

Me parece que la frase "Ustedes no le tienen miedo a morir, le tienen miedo a vivir", que la madre le expresa a su hijo a manera de reproche y que aparece al final de "Mamá", resulta disparadora a lo que viene proponiendo en sus dos últimos libros.

Sin duda esa frase es la frase central de los tres libros. Podríamos decir que "Mamá", "Fernández" y "Corazones desatados" es un mismo libro. Lo son y el hecho es que, a partir

de esa frase que le dice la mamá a su hijo, Fernández trata de volver a vivir. El amor y la revisión de toda su vida que hace Fernández se trasladan luego a terceros, porque Fernández en "Corazones desatados" es un testigo que protagoniza, su mirada nuestra qué es vivir. Los corazones son desatados porque han decidido vivir aunque resulte maravilloso y complejo al mismo tiempo, porque el amor es iluminador pero a la vez quema.

Volviendo a la frase, podemos decir que es la recriminación de generaciones enteras de inmigrantes que se jugaron a suerte y verdad frente a una generación de hijos o nietos que éramos muchachos individualistas. Era la recriminación de una generación fuerte a una débil.

 

Sentido de verdad

Jorge Fernández Díaz confiesa que hace cinco o seis años sufrió una "crisis creativa". "Todo lo que escribía me resultaba falso explica. Me parecía que no tenía nada que ofrecer a la literatura que no estuviera hecho. Me sentía desorientado con esa frustración. Cuando entraba a una librería y veía tanta cantidad de libros me preguntaba qué tenía yo para poner en la escritura, para aportar a la literatura". Entendió que lo "único original que podía ofrecer era lo que yo veía; algo propio, algo que tuviera que ver con mis familiares, mis amigos, la gente de mi barrio". Así surgió "Mamá", un libro que se ubica en los límites de la crónica periodística, el relato confesional y la biografía íntima del escritor. "Lo escribí para saber qué significaba trabajar con un material propio y no con grandes aventuras que lejos estaban de tener algo conmigo". La idea de escribir "Mamá" se la dio su madre, Carmina, una asturiana que representa a toda una generación de españoles, italianos, judíos y árabes que sufrieron la gran odisea inmigrante.

"A partir de ese libro ya no pude escribir libros destinados para el mercado sino libros que me salieran de las tripas". Realidad que llevó a decir al escritor José Pablo Feinmann que "Mamá" funda un nuevo espacio del "sentido de verdad" en la literatura argentina.

Su postura frente a la literatura, me recuerda el consejo que le dio el padre a Raymond Carver cuando éste empezaba a escribir: "Escribe sobre lo que conoces".

Creo que escribir sobre lo propio o sobre personajes de carne y hueso es en el fondo más difícil que escribir sobre cosas exóticas. Una historia policial que transcurre en un barrio suburbano es más fácil de hacer, sin que se note que es falsa, que retratar a la gente que vive en tu propio barrio. Precisamente ahí uno tiene que ser verdadero, porque si no suena falso.

En "Corazones desatados" comencé a inventar historias de cero, tramas y personajes, y a tratar de darles vida y verosimilitud con el objetivo de no narrar historias exóticas sino cosas que le puede pasar a cualquier persona. Hago una operación literaria para buscar y dar verosimilitud. Y el lector cree que es verdad.

¿Se puede entender el amor?

Y no... El amor es único para cada persona. El hombre vive incomprendiendo ese fenómeno fatal que para cada uno es algo distinto. Para algunos el amor es perenne, para otros tiene fecha de vencimiento. El amor es maldito y caprichoso, está lleno de matices, contradicciones, su esencia es la insensatez y la imperfección.

 

PABLO MONTANARO



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