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La inflación: un tigre por la cola

Se han dado muchas definiciones de inflación, y hasta se podría decir que cada economista tiene la suya. León Walras desarrolló en 1874 lo que se conoce con el nombre de "teoría del equilibrio general", visión que trata de mostrar matemáticamente todas las variables que entran en juego, la oferta y demanda de las distintas mercaderías, la oferta y demanda de los servicios y también la moneda, y cómo esas variables están relacionadas. Imaginemos que arrojamos una piedra a una pileta con las aguas tranquilas; las distintas ondas que se forman irán alterando todo el contenido de la misma.

Algunos han definido la inflación como un "impuesto" que, como todo gravamen, consta de un monto imponible y una alícuota impositiva. La inflación tiene un monto imponible, que es la cantidad de dinero que tiene la gente, y una alícuota impositiva, la tasa de inflación. La inflación no es sólo el aumento del nivel promedio de los precios sino su consecuencia: "la inflación distorsiona el sistema de precios relativos".

Si al principio la inflación parece incrementar la ocupación dado que imperceptiblemente deteriora el salario de los trabajadores y, por lo tanto, ante un haber menor la demanda de mano de obra se incrementa, pasado un tiempo el desorden que produce en la estructura de la producción termina afectando esa demanda de trabajo. Esto es lo que se vio en la Alemania de 1923: a octubre de ese año, cuando los precios se habían incrementado en un mes un 25.000 por ciento, el desorden era tal que el desempleo abarcaba a gran parte de la masa de trabajadores.

En un proceso inflacionario se desarrolla una serie de actividades que absorben mano de obra pero que sólo se sostienen si la inflación se incrementa. Como eso no puede seguir "para siempre" porque se destruiría el país, las políticas antiinflacionarias que siguen hacen que aquellas actividades no se puedan seguir sosteniendo y el desempleo se incremente fuertemente.

Es por esta razón que la mejor definición que hemos encontrado de la inflación es la que expresa Friedrich Hayek en uno de sus escritos: "Un tigre por la cola". Si el tigre echa a correr y la velocidad es cada vez mayor, llega un momento en que esa velocidad me mata, y si el tigre se para de golpe, me devora.

Por ello el dilema fundamental es si hay que frenar la inflación de golpe o en forma paulatina: la respuesta depende de una serie de circunstancias y puede diferir según la ocasión y la latitud. (DyN)

ROGELIO PONTÓN (*)

(*) Director de Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario



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