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Recomponer la relación con el mundo

El próximo presidente tendrá como desafíos en materia de política exterior la recomposición de la imagen de la Argentina ante el Primer Mundo y Sudamérica.

Respecto de los centros del poder financiero internacional, la Argentina es aún cuestionada por haber dejado afuera de la quita de la deuda a miles de bonistas más allá de que los bonos hayan sido adquiridos por fondos y por la irresolución de la deuda que mantiene con el Club de París.

En lo que hace al Cono Sur, el país mantiene un conflicto con Uruguay por las pasteras, que afectó sensiblemente el vínculo rioplatense y llegó a incidir en las periódicas reuniones del Mercosur. Por caso, el bloque regional quedó empantanado en las disputas entre la Venezuela de Hugo Chávez y el Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva, sin que la Argentina pudiera abstraerse de ese conflicto de poder.

Quizá la necesidad de fueloil y la compra de bonos por parte de Caracas hayan provocado que Buenos Aires descuidara su relación con Brasilia. Algunos especialistas sostienen que la Argentina debe construir un tándem con Brasil para relacionarse con el mundo, esto es, la Casa Blanca y las principales capitales europeas. Los objetivos, de acuerdo con las necesidades de ambos países: comercio e inversiones.

Es que, si bien en algún momento se pensó que la región experimentaba una ola de "homogeneidad" con gobiernos autodenominados "progresistas" que confluirían en la esperada profundización de la integración regional, esto no ocurrió. Evo Morales está envuelto en permanentes conflictos sociales y catástrofes naturales en Bolivia; Chávez hace todo por ingresar en el Mercosur y un contrapunto con el Senado brasileño lo hace cambiar de parecer, en vaivenes que matiza con su relación con Irán; Michelle Bachelet vio disminuida su imagen ante los chilenos por cuestiones internas, alcanzó a exhibir un acuerdo comercial con Japón, pero poco le ha dedicado a la región; Tabaré Vázquez ve debilitado su poder dentro del Frente Amplio de cara al próximo año electoral, donde no renueva mandato, y Rafael Correa, en Ecuador, recién pudo solucionar su enfrentamiento con un Parlamento opositor y está inmerso en serias reformas económicas que afectan los intereses de las empresas petroleras.

El gobierno de Néstor Kirchner, ya sea por la etapa que le tocó afrontar, con la quita de la deuda, como por la manera de relacionarse con la comunidad internacional, ha sumado más enemigos que amigos. Un claro ejemplo, más allá del rechazo al relanzamiento del ALCA en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata del 2005, es la relación con Estados Unidos.

Durante la última visita del matrimonio presidencial a Nueva York quedó en evidencia que apuesta a un triunfo de los demócratas en las próximas elecciones de Estados Unidos en el 2008. ¿Y en el mientras tanto? La administración de George Bush quiere mantener dignas relaciones con la Argentina. Nada más. Y no es seguro que los demócratas traigan prosperidad para América Latina.

Europa, España y Alemania parecen ser los dos nuevos aliados de la Argentina. No obstante, esa vinculación deberá ser correspondida con mejores condiciones de inversión esto incluye la inflación y un aumento de tarifas. Al menos eso es lo que reclaman las empresas españolas y alemanas.

Por eso, la recomposición de la relación de la Argentina con la comunidad internacional deberá comenzar con las formas no puede extenderse el maltrato hacia otros líderes mundiales, más allá de la defensa de los intereses nacionales, y tiene que culminar en los hechos. Una vez más, ante la inminencia de un nuevo presidente aparecen deseos que, por su lejanía, son tildados de "sueños": que, al igual que el Palacio Itamaraty (la Cancillería) de Brasil, Argentina llegue algún día a consensuar con todas las fuerzas políticas una agenda de temas a transformarse en políticas de Estado. Es decir, un decálogo de objetivos a ser respetados y cumplidos por los futuros gobiernos, más allá de su color político. ¿Será demasiado pedir para la dirigencia argentina?

WALTER SCHMIDT

DyN



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