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El desafío es jugar con sensatez
La continuidad del modelo exige algo así como un “service” serio, sin desechar lo que funcionó correctamente.

Lo mejor en el frente económico, después de las próximas elecciones, será apostar por la positiva y jugar con sensatez. En perspectiva, existen muchas chances de que tal cosa ocurra, por más que se detecte, por aquí y por allá, una cantidad no menor de mensajes agoreros.
En estas instancias, ¿qué significa ser sensato y jugar por la positiva? La respuesta es fácil: ratificar el modelo competitivo productivo en curso aplicando todos los medios conducentes para concretar dicho objetivo.
¿Por qué es ésta la opción sensata? Sencillamente porque el actual modelo ha desplegado una performance destacable.
Por de pronto, se plasmó un crecimiento tan saliente como sostenido en el quinquenio: una expansión anual del PBI del 8/9%. Acompañando este fenómeno, se observan numerosos indicadores positivos. Por ejemplo, el gran incremento de la masa salarial, vía mayor ocupación y salarios.
Los ejemplos favorables cunden. Y, todo esto, de la mano de un nivel de inflación bastante atendible, si se computa tanto la enorme crisis de unos pocos años atrás como el extraordinario crecimiento mencionado. De todas maneras, aun verificado tamaño éxito, ¿no existen fallas o desgastes de alguna índole? ¡Naturalmente que sí! Por lo demás, es difícil que una obra humana que lleva tiempo se halle totalmente exenta de alguna flaqueza.
Lo que importa resaltar aquí es que, en materia de resultado neto (restando lo negativo de lo positivo), la performance es encomiable. Es como si se dijera: “los (buenos) usos del modelo rebasaron ampliamente los abusos (fastidiosos) que se pudieron cometer”.
Cuando decimos que lo sensato a partir del “día después” de las elecciones sería proceder a ratificar el modelo –el gran desafío que se perfila–, esa ratificación demanda prestar atención a la existencia de esas fallas o abusos, buscando neutralizarlos con la mayor fuerza posible. Hay que dejar liberados los (buenos) usos del modelo.
Lo manifestado, asimismo, nos advierte sobre lo que debemos desechar. Justamente, lo que se nota en este último frente es la presencia de una propensión entre derrotista y agorera en “caracterizados” círculos de opinión. Es como si se diera a la partida “perdida de antemano”, antes de jugarla.
En general, en este ámbito se tiende a señalar ciertos abusos, pero aspirando a que ello sirva como excusa válida para impugnar los usos, lisa y llanamente. Es como si el éxito del modelo incomodara. En el fondo, se desea cambiar el modelo y en el mientras tanto discurre la cantinela agorera.
La visión que se describió recién trasunta rasgos evidentes de insensatez. Tales rasgos, por desgracia, asoman recurrentemente en el país. Por lo tanto, para no incurrir en renovados dislates y para no ser cómplices al respecto, nos toca ser tenaces defensores de la sensatez. La sensatez nos impele a optar por la construcción, por la positiva. Por eso la exigencia de ratificar el actual modelo.
Ahora bien: el asumir la sensatez que corresponde lleva ínsito el reconocer, asimismo, los condicionantes y requisitos que ello impone. Nada mejor, entonces, que efectuar un “repaso” por las distintas variables fundamentales del modelo para ponerlas “a tono” de acuerdo con las exigencias de la etapa que viene.
Así, debemos preservar en el tiempo la paridad cambiaria real, reforzar el superávit fiscal y atender la evolución fiscal en el frente provincial, pautar adecuadamente la dinámica salarial según la productividad macro y establecer una tregua para el 2008, resolver el déficit de financiación de la inversión (en proporción, “sobra” financiación al consumo), incorporar cierto ajuste de las tarifas domiciliarias de servicios, consolidar el énfasis en la inversión dirigida a infraestructura y energía, actualizar los índices de precios que están (algunos) muy obsoletos, avanzar en políticas de sustitución eficiente de importaciones, articular un planteo integral antiinflacionario en el que se inscriba la política de precios para que ésta aporte sin sobredimensionarse, arreglar con el Club de París... y esta lista sigue.
Por ello, el desafío económico esencial en “el después” de las elecciones consiste en proceder a ratificar el modelo competitivo productivo que tan saliente performance mostró en estos años. Pero, para efectivizar esto con idoneidad, se debe ser muy consciente del gran reto de coordinación macroeconómica que se halla incurso, puesto que la continuidad del modelo exige algo así como un “service” serio.
Por lo tanto, el éxito en enfrentar el desafío provendrá de sortear dos grandes errores de visión: a) el facilismo de algunos, que tiende a postular erróneamente que “todo puede seguir exactamente igual”, sin incorporar adecuaciones profundas aun dentro del mismo rumbo esencial, y b) el “agorerismo”, la moneda que suelen usar los contradictores del modelo, dolidos por su notable éxito, y que alardean de ciertos abusos que el propio modelo puede atravesar para directamente impugnar sus usos y/o pronosticar catástrofes antes de dar tiempo a que se “juegue la partida”.

 



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