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NATURALEZA, DIVINA MAESTRA
Con la primavera las plantas necesitan agua y comida, pero hagámoslo sin sobrealimentarlas.

Ha comenzado la primavera y se intensifican los trabajos en nuestros jardines. Hemos pasado un invierno durísimo y las huellas han quedado por todos lados... Como dice el criollo “la macana está hecha, sólo falta ponerle precio”.
Me preguntaron qué puede haber pasado con las santa ritas, jazmines del Cabo y tanto otros arbustos sensibles a los que ha castigado fuerte. La impaciencia por verlos brotar es muy grande, pero habrá que seguir teniendo paciencia, porque no creo que muestren señales de vida antes de fines de octubre.
La otra pregunta obligada es cómo manejar el tema riego y fertilización, dos temas que son inseparables. El agua es imprescindible para las plantas porque ella permite que se solubilicen los nutrientes del suelo para que los pueda absorber en forma de “caldo”.
Eso está claro. Lo que no todos tienen en claro es que los árboles y arbustos son muy frugales... es decir necesitan poca comida, por lo que solemos sobrealimentarlos.
Recurramos a la naturaleza para comprenderlo. Seguramente todos hemos quedado extasiados en el medio de los bosques cordilleranos o en la selva del norte de nuestro país... árboles inmensos, uno al lado del otro, compitiendo por la luz.
Se preguntó alguna vez cómo hacen para crecer tan frondosamente, siendo que obviamente no hay nadie que les agregue fertilizantes. La respuesta es simplemente que les alcanza con el reciclado de sus propios desechos.
Las hojas y ramas que caen son comidas por millones y millones de micro y macroorganismos y sus deyecciones y residuos orgánicos forman esa capa de color negro y grumosa que conocemos como humus.
Para que se materialice esa descomposición, además de la vida del suelo, hace falta agua en forma de humedad. Las lluvias posibilitan que los nutrientes del humus se trasformen en la “sopa” o “caldo” que es absorbido por las raíces.
Nosotros podemos y debemos copiar este proceso natural en nuestros jardines. El compost es la forma de hacerlo. Pero no a todos les agrada tener una “guanera” (como la llama el criollo) en el jardín, porque significa trabajo, supervisión y, si no se presta atención, la descomposición de la materia orgánica se puede trasformar en putrefacción, con la consecuente emisión de malos olores.
Para aquellos que no tienen tiempo y paciencia para hacer una “guanera” la solución que les propongo es sencilla. Simplemente mantengan el suelo cubierto de materia orgánica producido por el propio jardín.
Hojas secas, ramitas delgadas de la poda o más gruesas pero bien trozadas, los yuyos de la quinta y el corte de césped que se han dejado orear al sol todo un día son materiales excelentes para formar esa capa que cubre los bosques y les da vida, llamada “mulch”... o sea una manta de materia vegetal.
Y más interesante ... no hace falta “importar” guano u otros elementos, porque está comprobado que lo que usted recicla en su propio jardín, alcanza perfectamente para alimentar a sus plantas. Esa alimentación natural, libre de sales industriales, no provoca “empacho” (permítame esa expresión tan gráfica) en las plantas y las mantiene sanas y resistentes a plagas y enfermedades.
Para que este proceso se desarrolle armónicamente hace falta agua y lo mejor es agregarla en forma de aspersión.
He traducido un material muy interesante del Instituto de Investigación Weihenstefan, de Alemania, que con gusto remitiré en archivo Word a quienes me lo soliciten por correo electrónico... sin cargo, como forma de contribuir a que goce de su jardín en un ambiente sano y natural.

¡CARTA DE LECTORES!

Leo siempre su columna, la cual me parece súper enriquecedora.
Quisiera hacerle una consulta, es en relación al aguaribay, que en este momento tiene unas semillas muy parecidas en aspecto y olor a la pimienta. ¿Son comestibles? He visto que algunas personas las sacan y las usan en las comidas. A mí me da un poco de miedo, por eso recurro a usted. Desde ya muchas gracias y esperaré ansiosa la respuesta. Isabel.
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El aguaribay (o gualeguay) que vemos en nuestra región es de nombre técnico Schinus molle y es originario del Perú. Una especie muy afín y que se puede considerar casi un sinónimo es Schinus therebinthifolius, que según lo que he podido averiguar es originario del Brasil. La diferencia en cuanto a sus frutos, que es la pregunta de la lectora, es que el peruano tiene semillas (o frutos) más grandes que el brasileño.
El “Pimentero del Perú” es un miembro de la familia de las Anacardiaceas, de frutos rojos en abundancia sobre ramilletes péndulos y que algunos citan como reemplazante de la pimienta.
El contacto con diferentes partes de este árbol puede causar escozor o irritación de la piel y a veces inflamación o hinchazón del rostro y de los ojos. Las flores y los frutos pueden causar irritaciones respiratorias. La poda de estos árboles, especialmente cuando están en flor, puede causar reacciones alérgicas a numerosas personas. La ingestión de sus granos –que se parecen a los de la pimienta– causa vómitos. Lo interesante es que no afecta a las aves, que suelen alimentarse de ellos. (Fuente: www.floridata.com)
El “Pimentero del Brasil” (Schinus terebinthifolius) tiene frutos más pequeños que los de Schinus molle y es utilizado a veces en la “nouvelle cuisine” o en mezclas con la verdadera pimienta.
La “pimienta rosada”, como suele llamárselo, tiene mal aplicado ese nombre porque no tiene gusto picante sino más bien suavemente dulzón y no se debe confundir con la auténtica pimienta, de sabor realmente picante. Los frutos del aguaribay sirven principalmente como adorno en las comidas, a pesar de que en la cocina europea, de comidas suavemente condimentadas, puede desarrollar un cierto sabor. Algunos libros la citan como complemento para pescado y ciertas verduras como el espárrago.
En la década del 70 se comenzó a sospechar que podría ocasionar ciertos riesgos para la salud, ya que en las especies de Schinus y otras Anacardiaceas se pudo constatar la existencia de fenoles con efectos irritantes. Los frutos secos contienen porciones mínimas de estos compuestos irritantes de las mucosas.
De todos modos, desde esa fecha los libros recomiendan tener prudencia en su uso, especialmente en aquellas personas con mucosas muy irritables, como por ejemplo gastritis o úlceras estomacales. (Fuentes varias de internet).



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