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Un solo corazón

"Perón era un fracasado (...). Hay, ante todo, una advertencia de carácter general o filosófico que hacer, y es ésta: en Latinoamérica quien sigue la carrera de las armas es, casi en términos absolutos, consciente o inconscientemente, un derrotado en la lucha de la vida. La Iglesia es, por su lado, un universal asilo de incapaces. Acaso suceda algo en los países balcánicos, pero con seguridad no en los viveros del militarismo: Austria, Alemania, Japón, donde la carrera de las armas se reserva a los eupátridas y optimates de familias de abolengo o de fortuna y donde no es una sinecura sino un oficio oneroso. En los países militaristas ser militar no es sólo un honor sino un sacrificio, un peligro y un mal negocio. ¿A qué tipo de mentalidad o mentalidades respondía Perón? Los verdaderos maestros de Perón no fueron los grandes políticos ni lo grandes militares; su mentalidad mediocre no podía admirar ni seguir las enseñanzas sino de hombres mediocres. Y que además lo fueran en el orden moral, pues en definitiva militares y políticos no son aberraciones técnicas o profesionales, sino morales (...). Así como Sarmiento tradujo las vidas de Jesús, Franklin, Lincoln y Mann para educar moralmente al pueblo, Perón tradujo el 'Manual de la conducción' para embrutecer y sojuzgar al suyo".

(Ezequiel Martínez Estrada en "¿Qué es esto? Catilinaria"; Colección "Los Raros" promovida por la Biblioteca Nacional; Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2005. Páginas 196 a 198).



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