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Rincón de los Sauces vive en contraste cotidiano

La ciudad gana cada día nuevos habitantes con sueldos altísimos. No hay pertenencia y los servicios municipales brillan por su ausencia

Con más de 30.000 habitantes desbordando los barrios más populosos ubicados en el alto, ésta ciudad vive su momento pleno de trabajo y excelente salario petrolero, pero con marcadas desventajas comparadas con otras ciudades de economías más humildes.

La producción hidrocarburífera en Rincón de los Sauces está en su tope histórico y a pesar de que se escuchan voces de mermas en los pozos, lo cierto es que el trabajo es la mejor atracción que brinda esta ciudad y no el frustrado proyecto turístico de que intentó poner en marcha sin éxito el municipio.

Según datos recogidos por "Río Negro", desde enero pasado hasta la actualidad se registraron más de 2.000 nuevos cambios de domicilios, pero no solamente de hombres, como ocurría hace algunos años, sino que de familias enteras.

Las escuelas primarias están desbordadas de pequeños y las secundarias necesitan de manera urgente reformas y ampliaciones para poder recibir a los nuevos alumnos que ingresan en todos los cursos y que vienen de otras localidades.

El crecimiento marca una notable presencia en todos los rincones de la ciudad y tal vez uno de los ejemplos más significativos es intentar conducir en horarios de salida de turnos petroleros en el centro de la localidad.

El parque automotor particular creció un 100% en los últimos dos años y los vehículos de las empresas también duplicaron su número en ese período.

 

CAPITAL DE LAS COLAS

 

Pero para dar mejores ejemplos de la aglomeración que sufre Rincón, se la podría ilustrar como la ciudad en donde hay que hacer largas colas para todo.

Comprar en un supermercado y esperar para pagar puede demandar más de una hora; hay largas colas en los transportes para viajar. Lo más común son las extensas hileras en los semáforos protagonizadas por decenas de vehículos, en su mayoría, cero kilómetros o con pocos años de uso.

La institución clave en el cambio económico de los bolsillos de los rinconenses fue sin lugar a dudas el sindicato petrolero.

El gremio, resistido por algunos sectores y defendido sin condiciones en otros, marcó un paso fundamental en la ciudad, proveyendo a los empleados del sector hidrocarburífero de ganancias inimaginables para un operario.

AUMENTOS

En 1999 un trabajador petrolero percibía 1.300 pesos, siete años después, el salario del mismo operario se incrementó hasta un 600% y es por eso que el gremio no sólo suma poder, además goza de la simpatía de gran parte de la comunidad.

Pero por otro lado la frase de que vivir en Rincón no es fácil aún está de moda y puede ser atribuida a las falencias de los gobiernos que pasaron por la municipalidad y la poca pertenencia de sus habitantes por un lugar que le proporciona en muchos casos sueldos de hasta 8.500 pesos mensuales.

En los últimos años, la municipalidad brilló por su ausencia, sin sumar obra pública, sin redoblar la limpieza en una localidad cada vez más grande y sin ejercer controles a las empresas que ponen en riesgo el medio ambiente a sólo metros de las escuelas.

Los últimos años de gobierno quedaron como perdidos en el tiempo: las principales obras y las inversiones las asumieron los particulares y las empresas petroleras, sin que el sector oficial sea parte de tan fructífero círculo.

Las últimas obras importantes que vio Rincón de los Sauces son un casino frente a la plaza principal y otro de grandes dimensiones en la entrada de la ciudad que recién comienza a construirse. Hay además muchas viviendas de particulares construidas para ofrecer en alquiler.

Este año se sumó una clínica del sector gremial, el primer edificio también de petroleros privados, un camping de recreo de la misma institución sindical.

Hay particulares que levantaron hoteles (algunos construidos con material prefabricado).

También se hizo un edificio escolar para la Unidad de Acción Familiar, concretada por el gobierno provincial después de más de 20 años de reclamos.

Las opciones de ocio para los que ejercen el duro oficio del petróleo no son muchas y en general están ligadas al comercio sexual o a los juegos de azar.

Los que verdaderamente apostaron a quedarse en Rincón de los Sauces, pero no sólo para probar suerte, se diferencian del resto porque con esfuerzo y aprovechando la época de bonanza construyen su propia vivienda y frecuentemente defienden su ámbito laboral, sintiéndose parte del crecimiento y no ajenos a la desorganizada expansión del pueblo.

Pero no siempre resulta fácil en una comunidad ganada por la oportunidad de un empleo de grandes esfuerzos pero recompensa acorde.

No parece que las cosas vayan a cambiar en esta ciudad, que se sumó al gran mundo del petróleo cuando el modelo de desarrollo de YPF ya estaba en crisis.

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DAMIAN COPPONI



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