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Un paseo por la YPF de todas las eras

Roberto Villa presentó “Los caminos del petróleo”. El libro es un recorrido por las épocas de la compañía.Hay menciones a los años de plomo de la Argentina.

“Nacíamos en sus hospitales, nos educábamos en sus escuelas, comprábamos todo en sus proveedurías, esos almacenes enormes que eran nuestros shoppings; YPF era mucho más que una empresa, fue buena parte de nuestras vidas”, afirmó Roberto Villa durante la presentación de su libro “Los caminos del petróleo”.
Villa no pudo evitar las humedades en los ojos sobre todo cuando un amigo le recordó el viaje que lo llevó de Ushuaia a las cataratas en un viejo Peugeot 504 –su luna de miel– y tampoco logró esquivar la risa cuando alguien mencionó: “Usábamos la misma ropa y teníamos las mismas sábanas”.
El autor del libro, Roberto Raimundo Villa, es doctor en Geología de la Universidad del Sur e ingeniero en Petróleo de la Universidad de Buenos Aires y tiene el record de haber recorrido todas las cuencas petrolíferas activas de la Argentina. Hace unos días, presentó su libro en la sede Comahue del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG).
“Muchos amigos me decían: ‘Che, tenés que escribir un libro’, cada vez que me pedían que cuente tal o cual anécdota y, bueno, acá están casi todas”, afirmó Villa, que ocupa un cargo gerencial en Repsol YPF. La presentación estuvo a cargo de Sebastián Cortez, uno de los amigos y compañeros que le pedían historias de la vieja YPF.
En la obra describe cómo en Salta lo recibieron con una cabeza de vaca asada y cómo al cabo de la velada –entre vinos y guitarras– se animó a tomar un té de hojas de coca. Esa noche, cuenta Villa, abrió los ojos como el dos de oros y sólo accedió porque un amigo le dijo que eso no era drogarse. Contra lo que pensaba se levantó fresco como una lechuguita y, por las dudas, no le contó nada a su esposa.
–¿Qué tomaste que estabas como despabilado? –le dijo.
–Ha de haber sido el estrés del primer encuentro con los muchachos –recuerda Villa que le respondió a su mujer.
Villa –cuyo apellido se pronuncia con sólo una ele pues su origen es italiano– cuenta su infancia y su recorrida por los diversos escenarios pero no sólo hay anécdotas, también críticas y opiniones. Así, para el lector, “Los caminos del petróleo” por momentos es un viaje con un amigo que conduce mientras te cuenta su vida. En ese recorrido, dedica –por ejemplo– un capítulo a los militares que gobernaron al país: a quienes “conocimos cuando eran presidentes de YPF. Teníamos que mostrarles los proyectos para que tomaran decisiones y pedirles la aprobación de presupuestos. Recuerdo que en una visita donde teníamos que presentarles el plan de perforación y los números de pozos (...) ni bien comencé el general gritó ‘¡Preséntese!’. Yo miré a mi gerente y él me dijo: ‘Decile tu currículum vitae’. Se lo dije y el escuchó y luego agregó: ‘Prosiga’”.
Describe cómo había que contestar a los gritos cada pedido de los hombres de uniforme. Cuenta que un coronel muy dedicado y prolijo, preocupado por la explotación hidrocarburífera, estudiaba “paneles de control, lucecitas de esas que se prenden y se apagan, agujas que marcan cosas. Las observaba y no decía nada hasta que llegó a un aparato: ‘No me digan nada, éste es un equipo de comunicación’, dijo para demostrar su conocimiento. Era un cromatógrafo, que analiza los componentes del gas. ‘Sí, mi coronel’, le dijo uno de mis compañeros, salvándonos de dar explicaciones que podían generar mala onda”.
A Villa, que es padre, lo cargan pues está a cargo del plan de forestación de la empresa en la que trabaja. Le dicen que ya cumplió con las premisas, pero el hombre, a quien llaman “Cachi”, lejos está de quedarse quieto.

 



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