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Clemente Onelli

Clemente Onelli nació en la ciudad de Roma ( Italia ) el 22 de agosto de 1864. Era nieto del conde Guido Onelli y fue educado en un instituto destinado a la formación de la nobleza.

Arribó a la Argentina en 1888. Contaba sólo 24 años, luego de haber finalizado en Roma sus estudios en Ciencias Naturales. Al poco tiempo se contactó con el perito Francisco Moreno, por entonces director del Museo de La Plata, donde ingresó como ayudante.

Fue destinado a explorar la Patagonia para buscar fósiles. Durante un año recorrió la región y estudió lenguas aborígenes, que dominó antes del castellano. De regreso al Museo se dedicó al estudio de las piezas paleontológicas, arqueológicas y etnográficas que había recogido y publicó algunos tratados sobre sus viajes al lejano sur.

Como corresponsal viajero, encabezó una expedición a Santa Cruz y al lago Argentino, donde coleccionó cráneos indígenas y muestras de oro en polvo. Posteriormente siguió los trabajos de la línea ferroviaria Bahía Blanca - Neuquén y tuvo oportunidad de recorrer la vasta zona y coleccionar maderas de la cordillera de los Andes.

El perito Moreno lo nombró asesor en la Comisión de Límites entre Argentina y Chile y de ese modo lo acompañó varios años en los estudios geográficos.

Radicado en Buenos Aires, donde formó su hogar, prestó servicios en la Oficina de Tierras. A fines de 1904, el presidente Roca lo nombró director del Jardín Zoológico de Buenos Aires y durante varios años se dedicó a esa función, logrando transformar el establecimiento, mejorar las instalaciones y embellecer el Gran Parque. Fue tan exitosa su gestión que empezó a forjarse como un personaje reconocido por toda la ciudad. Muchas anécdotas y sucesos protagonizados por Onelli dieron origen a un popular latiguillo de la época, ante un hecho asombroso de cualquier índole se decía: "Son cosas de Onelli".

Pero sin ninguna duda el hecho más notable y más conocido fue la supuesta aparición en el lago Nahuel Huapi de un "monstruo" de grandes dimensiones. En 1922, Onelli decidió organizar una expedición que tuvo ribetes de espectacularidad y, como objetivo, constatar la veracidad de la insólita aparición del plesiosaurio. Fueron muchos los derivados en el ingenio popular, ya que originó el tango "El Plesiosaurio", unos cigarrillos marca Plesiosaurio, lapiceras de dudosa calidad realizada por los presos con la figura del presunto monstruo y un sinfín de otros elementos. En Bariloche pudo constatar que no había nada para descubrir. Como se sabe, nadie hasta el presente ha podido determinar la existencia de este animal, al que se le ha dado el nombre popular de Nahuelito. De cualquier manera quedaron satisfechos los deseos de don Clemente de sacar del anonimato a la Patagonia. Su viaje ayudó a promocionar la región por su notable repercusión pública. Podemos recordarlo como un pionero de la Patagonia y como un gran promotor de las bellezas naturales, la cultura y las riquezas que encierra el sur argentino.

El 20 de octubre de 1924, después de comprar carne para los animales del Zoológico, se detuvo en una farmacia, se sentó y extrajo de su bolsillo la boleta de lo que había gastado y, antes de morir, le pidió al chofer que se la entregara al contador del Zoológico para que las cuentas cerraran bien. De esta manera nos dejó para siempre. El entonces presidente de la República, don Marcelo T. de Alvear, dijo al enterarse de su fallecimiento: "Ha muerto el más criollo de los gringos y el más italiano de los argentinos".

Hoy recuerdan su nombre un ventisquero del lago Argentino, un cerro de la cordillera, una sala del Museo de Luján, un camino del Jardín Zoológico, en donde un busto de bronce y mármol perpetúa su imagen, y una importante calle de Bariloche.

Una estación del ferrocarril de la Línea Sur lleva su nombre. El pueblo cuenta hoy con 100 habitantes aproximadamente. Clemente Onelli es conocido por su clima riguroso, se encuentra 1.082 metros sobre el nivel del mar. Pero fue una publicidad televisiva de una empresa telefónica la que lo hizo conocer a nivel nacional. Un paisano se comunicaba por primera vez con su madre desde la Patagonia: "¿Hola vieja? ¡A que no sabés de dónde te estoy hablando!". Seguramente quien eligió el pueblo donde hablaría el poblador pensó en un lugar apartado, solitario, con un nombre desconocido. Hizo una buena elección cuando optó por Clemente Onelli.

ABEL SANDRO MANCA



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