>
A cada cosa su justa valoración

La desocupación en un dígito es un gran avance, pero parcial.
Desde lo social, tan importante como la cantidad es la calidad.

En el marco de una fuerte recuperación de la actividad económica, el desempleo finalmente cruzó la barrera de los dos dígitos. Se trata de un avance muy importante, pero parcial. Prueba de ello es que la mayoría de los países latinoamericanos tiene tasas de desempleo de un dígito y, sin embargo, sufre graves problemas sociales, sostiene en un trabajo reciente el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).
Para construir una sociedad integrada es necesario mejorar la calidad de los empleos y para ello es clave no seguir demorando la transformación de las instituciones laborales.
El objetivo de un dígito de desempleo fue alcanzado en el último trimestre del año pasado. El crecimiento elevado del empleo asociado a cuatro años de fuerte recuperación en la actividad económica es el principal factor que explica este logro. Se trata de un avance de fundamental importancia, especialmente si se toman como referencia las tensiones sociales extremas que se alcanzaron durante la crisis del 2002.
¿Es recomendable asignarle una valoración mítica y definitiva al dígito de desempleo o, más modestamente, hay que considerarlo como una escala intermedia en un proceso en el que son más las cuestiones pendientes que las resueltas?
Un vistazo sobre Latinoamérica aporta algunas evidencias al respecto.
Datos publicados por la CEPAL indican que:
• 12 de los 18 países de los que se cuenta con datos laborales tienen tasas de desempleo de un dígito;
• Bolivia, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Perú tienen tasas de desempleo inferiores al 10% pero más de la mitad de su población, bajo la línea de la pobreza;
• Chile y Costa Rica, con desempleo de un dígito, y Uruguay, con desocupación de dos dígitos, son países en los que la pobreza afecta a alrededor del 20% de la población.
Los datos de la CEPAL son contundentes. La mayoría de los países más pobres de Latinoamérica tiene desempleo bajo, incluso inferior al 8%; sin embargo, sufre graves problemas sociales. Esto confirma que la tasa de desempleo abierto es un indicador que permite monitorear con bastante confiabilidad el funcionamiento del mercado de trabajo de los países desarrollados. En economías más atrasadas, como las latinoamericanas, el desempleo dice poco sobre la situación laboral.
La explicación es que una gran parte de los trabajadores que declaran estar ocupados desarrolla actividades de muy baja productividad en el sector informal y, asociado a ello, percibe remuneraciones muy bajas y carece de protección desde la seguridad social.
Estas evidencias no cuestionan la alta relevancia de la reducción del desempleo sino que alertan sobre la necesidad de asignarle una prudente valoración. Desde el punto de vista social, tan importante como la cantidad de empleos es su calidad y, en este sentido, los temas pendientes en la Argentina siguen siendo muchos y complejos. Chile también tiene una tasa de desempleo en el entorno del 8%, pero la pobreza es poco más de la mitad que la que registra la Argentina. La gran diferencia radica en la calidad de los empleos. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, la informalidad en Chile –incluyendo asalariados y autónomos– es casi la mitad de la de Argentina (57 versus 33%).
El factor clave que explica las diferencias tan acentuadas en la informalidad son las instituciones sociales. Similares tasas de crecimiento en la actividad económica producen diferentes resultados laborales según los criterios bajo los que se organiza el mercado de trabajo. Las recientes reformas en los sistemas previsionales de ambos países son ilustrativas. Frente a similares problemas, la reforma chilena apunta a perfeccionar el sistema de capitalización aumentando la competencia entre las administradoras y creando un régimen público a favor de las personas de más bajos ingresos. Por el contrario, la reforma argentina mantiene un mercado poco competitivo entre las AFJP y usa fondos públicos para subsidiar a familias de ingresos medios y altos.
El desempleo de un dígito no debería ser asumido como una meta final sino como una plataforma para avanzar hacia una sociedad con menos pobreza y más integrada. Para ello, resulta cada vez más urgente cambiar de estrategia en materia de diseño de las instituciones sociales. En lugar de profundizar las distorsiones, como ocurrió con la reforma previsional y las leyes educativas sancionadas el año pasado, resulta central asumir una agenda de reformas que tome como prioridad la formalización de los empleos sobre la base de crear un ambiente más amigable para los pequeños emprendimientos.

 



Use la opción de su browser para imprimir o haga clic aquí