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Y Río Cuarto era una fiesta que un crimen volvió de interés nacional
El tratamiento informativo y la actitud del público ante el crimen de Dalmasso revela cómo la posición social de los implicados, tanto víctimas como posibles victimarios, transformó al hecho policial en casi una noticia de chimentos, consumida con deleite.

Los intachables creyentes también traicionan, tienen sexo “no común” y pueden morir aunque la casa esté en orden.
Mediodía del martes 12 de diciembre de 2006, acceso a internet, buscador Google. A poco más de dos semanas del crimen de río Cuarto se podrán encontrar 101.000 entradas que responden a las palabras entrecomilladas “Nora Dalmasso”. Es decir que en una búsqueda limitada a sitios y medios de Argentina, el nombre de la mujer asesinada en el Country Villa Golf aparece más de 100.000 veces. Si ampliamos la búsqueda a sitios en español en general, las menciones superan las 130.000.
Miércoles 13 de diciembre. Ya las menciones al crimen de “Norita” suman 130.000 y 161.000 respectivamente, incremento de 30.000 nuevas entradas en menos de veinticuatro horas.
Un crimen que es 100.000 veces noticia, se transforma en noticia más allá del crimen mismo y constituye una invitación a reflexionar sobre el porqué de semejante repercusión.
En esta sociedad violenta donde las muertes se suceden a diario, pocas alcanzan a ser tapa y aun las que ocupan una cabeza de página o merecen envío de movileros languidecen como información menor a los pocos días y desaparecen más allá de la semana.
Con la muerte de Nora Dalmasso está sucediendo algo diferente porque aun en medios insospechables de amarillismo y con un supuesto público lector de nivel medio hacia arriba, las notas sobre el crimen son las preferidas.
En “La Voz del Interior”, quince días después, el crimen ocupa los tres primeros puestos y recién la cuarta noticia más leída se refiere a un tema distinto, el caso de un adolescente que tuvo un acto solidario. En “La Nación” hay tres notas sobre cinco que se refieren al mismo crimen y son rankeadas como las más leídas (ver infografía).
Indudablemente hay un menú de condimentos que hacen a esta noticia apetecible como para que sea consumida por tanto público.
Es interesante analizar entonces dos aspectos de la multiplicidad de notas que aparecen en todos los medios tanto escritos como radiales y televisivos: el contenido y el tono en que son escritos y/o relatados.
• “Yo soy intachable”. “Yo creo que sería muy pavo de mi parte haber matado a mi mujer amada”. “...era un ama de casa excepcional”. “...ponía las manos en el fuego por ella”. “Somos muy creyentes y por eso queremos saber quién es el verdadero asesino”. Declaraciones del viudo Marcelo Macarrón.
• “No le quepa la menor duda que es así, es una actitud totalmente desleal” porque, además, existía una “relación” de “vecindad de ambas familias, de los hijos”. Respuesta del abogado Lacase cuando por radio Continental se le preguntó si era verdad que ese hombre (el contador) envió mensajes de texto eróticos a Dalmasso mientras estaba sentado comiendo junto a Macarrón.
• “...la casa estaba en orden, propia de la forma de vida de sus integrantes”. (¿?) Informe forense.
• “Ninguna relación de ninguna naturaleza tuve con la señora Dalmasso”, dijo el abogado Víctor “Chichino” Daniele, quien arribó al edificio judicial policial aproximadamente a las 17:45, con una bolsa de nylon que contenía un racimo de bananas. (infobae.com 13-12-06).
• El funcionario advirtió sobre la “actitud perversa” que a su entender despierta el hecho porque “les llena los ojos a muchos y da un poco de vergüencita ajena, cuando se dice lo que hizo esta señora que está muerta”. Declaraciones a medios radiales del ministro del Interior, Aníbal Fernández.
• “Nora Dalmasso fue estrangulada, sufrió lesiones anales y genitales producto de una práctica sexual no común...” (¿?) “...se deduce que hubo una intención homicida y una relación sexual consentida...”. Informe de autopsia.
Hay palabras que actúan como significantes sociales, se emiten inconscientemente pero están cargadas de contenidos que definen. Algunas expresiones estigmatizan, otras enaltecen socialmente, todas son preciosas síntesis de lo que somos y cómo pensamos.
Cuando un argentino dice “negro” no dice lo mismo que un norteamericano. Es más, si nos referimos a una persona “de color”, puede tener hasta un contenido afectivo positivo no discriminante. Pero qué duda cabe de que si nos referimos a un negro de los nuestros, sea “bolita”, “peruca” o tucumano, estamos despreciando con la sola expresión.
Otras palabras enaltecen: doctor, country, empresario, golf, familia, creyente, madre, mujer excepcional, intachable, casa ordenada.
La realidad aparente transcurre disociando estos términos de otros como podrían ser: violencia, sexo, traición, perversión, vaselina, semen, estrangulamiento, etc.
El primer grupo de fonemas sería propio de una clase y el segundo de otra. El problema se produce cuando se entremezclan códigos aparentemente disociados.
El crimen de Río Cuarto “desnudó” –nunca más preciso el término– que en nuestra realidad lo aparente es sólo eso, una construcción que oculta lo real.
Si Nora Dalmasso hubiera sido una mujer humilde, probablemente las noticias hablarían de “la dalmasso”, en vez de “Norita”, en algún lugar hubiese aparecido como motivación el “ajuste de cuentas” y expresiones como “sórdido drama”, “las miserias humanas” u “horrendo final” formarían parte de las crónicas.
No se habla en esta muerte de la consabida inseguridad. ¿Será porque no se pudo colocar a un distinto en la escena del crimen? Hasta ahora es toda “gente bien” al decir de los propios protagonistas, a los sumo un poquito desleales pero ninguno un albañil, personal de servicio o miembro de la seguridad privada; no hay pandilla ni villeros. En Río Cuarto Blumberg se quedó sin discurso.
Con respecto al tono en que la noticia es comentada tanto en los medios como en la calle, es interesante ver que más que una noticia policial parecería estarse ante una nota social. Más que un hecho que invita a ver los carteles rojos de “Crónica” para esperar la última terrible revelación, actúa como una situación que convoca a ver “Intrusos” o a Lucho Avilés para que nos “chimente” quién es el amante número dieciocho.
Ni que decir del trato que recibe la noticia por parte de programas irónico/humorísticos como “Caiga quien Caiga”, Pettinato o los anónimos creadores de los blogs que abundan en internet, una de cuyas muestras se puede ver en cuadro aparte.
 Otro rasgo distintivo de este hecho es el protagonismo femenino. Aunque finalmente se descubra que el asesino fue un hombre, al sexo masculino le está cabiendo sólo el rol de partenaire. Los hombres, “los machos argentinos” son múltiples y en algunos casos patéticas sombras que giran alrededor del hecho; hasta ahora ni siquiera sus espermatozoides han podido ser identificados.
Siguiendo una de las hipótesis que plantea la existencia del amante despechado o la otra del crimen por encargo, estaríamos siempre en presencia de hombres que se descubrieron “objeto” del sujeto femenino que podría haber pagado, con la muerte, pretender escapar del lugar socialmente asignado.
“Es noticia porque al fin se muestra que las mujeres también hacemos lo que parece que estaba reservado sólo a los hombres”, resumió brillantemente una señora común entrevistada por un medio. Es cierto, la iniquidad que parece campear a lo largo de la geografía nacional ya no se da en mujeres de por lo menos cierta clase social media alta profesional. Estas mujeres se permiten fiestas privadas, la reunión semanal nocturna o las despedidas con objeto sexual incluido sea o no masculino.
La transgresión y el escape a la tediosa rutina, sólo imaginada en otras épocas para una protagonista de una película de Buñuel, hoy se multiplica en probables múltiples “Belle de Jour” que, sin abandonar la compostura y sacralidad de los roles diurnos de madre, esposa, ejecutiva, docente, conductora de taxis u otros tantos etcéteras que se puedan imaginar, se animan a incursionar en la satisfacción del propio deseo. Entonces se puede empezar a vislumbrar por qué este crimen no produce, no transmite ni convoca la angustia, conmoción o indignación de los sucesos violentos habituales.
La muerte final de Nora Dalmasso es por ahora un suceso secundario porque lo que se está viviendo entre los miles de lectores, oyentes y televidentes es la degustación de esa imaginada fiesta que racional y moralmente se impugna pero secretamente se quisiera compartir.
Porque en definitiva, y para terminar, me parece importante dejar sentado que la perversión no está en la vivencia libre de la sexualidad sino en el goce de la traición, que significa estar con un amante mientras se le envían mensajes a otro, que a su vez está jugando al golf con el marido, que es su amigo del alma.
Traición consumada por Norita pero consumida con deleite, aunque a alguien le parezca ofensivo, por gran parte de la sociedad argentina.

Sin censura en la red

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–Udyat dice: el marido siempre es el último en enterarse... pobre tipo... quedarse viudo y enterarse que era cornudo...
–Edit: De los cuernos y de la muerte no se salva nadie, a mi solo me falta morir. 2006-12-05 16:57:04
–Debe tener las manos bien quemadas ese tipo. Yo conosco el countri ese, son todos unas mangas de caretas, uno le debe $50 a mi viejo y hace como 2 año que les insiste y no le pagan. No me puede comprar el livro de lengua 3. 2006-12-05 17:08:49
–Qué hdp! con lo que necesitás ese libro de lengua! 2006-12-05 17:18:24
–Pablodarkore dice: epa taba buena para se veterana... 2006-12-05 17:29:40
–franzhamay dice: 1° Muchas cosas que se dicen no son ciertas. 2° hay comentarios que son muy tristes muchachos... ponganse aunque sea a mirar la cara del hijo cuando sale en televisión, a mi me parte el alma. Soy de río cuarto, y me parece q hay q dejar de hablar tantas cosas, (...) tristes existencias las suyas estan hablando de gente que esta sufriendo.



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