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La educación pública neuquina continúa en aprietos
La fuerte expansión del secundario generó desvíos importantes en el sistema.

La crisis del sistema educativo neuquino tiene relación directa con la expansión de la educación secundaria, los profundos cambios que sufrió la estructura social de la provincia y la falta de gestión política para encuadrar el sistema.

En el país, la masificación progresiva de la cobertura del sistema de educación se manifiesta con fuerza hasta 1960 en el sector primario y da inicios -con una fuerte decisión política- en 1983 para la secundaria.

Las estadísticas muestran los efectos de estos cambios sobre Neuquén: mientras el Nivel Primario en la provincia rescata un crecimiento en su tasa de escolarización (son los alumnos que por edad correspondiente están dentro del sistema) del 12% en el período 1980-2008, la educación secundaria lo hace a una tasa del 180% en el mismo tiempo de análisis (ver infograma en página siguiente).

Estos cambios de dimensión sobre la demanda educativa implicaron profundas transformaciones del orden escolar en la provincia y, en especial, en toda zona de influencia de la capital neuquina. Para la política educativa estos cambios reflejaron una disminución sensible de la "profundidad" en favor de la "extensión" (Rivas, 2010).

 

A medida que creció el sistema educativo en Neuquén aumentaron las limitaciones. Inspeccionar cada aula, conocer cómo enseña cada docente e identificar el desempeño de las escuelas para hacer un seguimiento proyectivo pasaron -y pasan hasta el día de hoy- a ser tareas muy complejas para las autoridades provinciales.

El desafío ahora está en encontrar mecanismos internos que permitan hacer un seguimiento de inspección para corroborar, y corregir en los casos que sea necesario, el funcionamiento de todo el sistema. Ésta es una de las observaciones a la gestión de la administración del gobernador Jorge Sapag, que en muchas oportunidades se vio reflejada en estas páginas del diario.

 

Crisis económica y educación

La distinta bibliografía consultada observa que la masificación de la enseñanza primaria no fue un desafío tan importante como sí lo fue para la secundaria.

En este último nivel, la tradición expulsiva y selectiva reaparece en forma permanente de la mano de las recurrentes y cíclicas crisis económicas (y sociales) desatadas en las últimas tres décadas en todo el territorio argentino.

Estos escenario, sin dudas, presionan sobre la desigualdad en el sistema.

El progresivo pasaje de los sectores de mayores ingresos de la escuela estatal a la privada tiene una relación directa con las crisis mencionadas párrafos arriba.

La estadística oficial muestra que la polarización social entre la escuela estatal y privada aumenta sensiblemente en los momentos de turbulencia económica y social: cuanto más alto es el nivel socioeconómico, mayor la migración al sector privado.

En Neuquén esta tendencia no está tan marcada, escenario que sí se observa en los grandes centros urbanos del país (la capital federal, Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario, etcétera).

Estudios oficiales señalan que a nivel nacional el 20,5% del total de la matrícula escolar corresponde en la actualidad a escuelas privadas (contemplándose en este segmento aquellos establecimiento con y sin subsidio estatal). En Neuquén, estadísticas públicas muestran que sólo el 13% de la matrícula del sistema educativo acude a este tipo de establecimientos (Diniece, 2009).

Si bien en los últimos años se observa una migración creciente hacia la educación privada en la provincia, lo paradójico es que ésta ocurre en un escenario de alta disponibilidad de fondos para contener al sistema provincial.

Las distorsiones han llegado a límites tales que existen ejemplos donde chicos que van a colegios estatales terminan "pagando" más por la educación que reciben que otros que asisten a establecimientos privados.

Tomando en cuenta los últimos incrementos de salarios otorgados por la administración Sapag, el presupuesto destinado al funcionamiento del sistema educativo de la provincia terminará en torno a los 1.950 millones de pesos al cierre del 2010.

Si se computan los fondos que se orientan pura y exclusivamente hacia la educación pública (sin tomar los subsidios a los privados) y se los relaciona con la matrícula estatal, obtendremos como respuesta que el gobierno provincial invierte por alumno unos 11.400 pesos por año, un valor que casi duplica el consignado por la media nacional.

Esta cifra refleja una inversión de 950 pesos mensuales por alumno, valor 23% superior al promedio de la inversión (cuota más subsidio) que se realiza por chico en los colegios privados con aporte estatal (ver recuadro con los números adicionales) y 22% por debajo del promedio de cuota que cobran por alumno los establecimientos privados (sin subsidio estatal).

En Río Negro, para tener otro marco de referencia, la inversión pública por alumno llega, en promedio, a los 660 pesos por mes.

 

¿Por dónde pasan los cambios?

Cuando se habla del sector privado, una de las variables claves que tiene en cuenta un grupo familiar para tomar la decisión de enviar a su hijo a un establecimiento educativo de este tipo es la cuota que terminará pagando todos los meses.

En el caso de la educación pública se toma el concepto de inversión; en definitiva son los fondos que llegan de la mano de los impuestos que pagan todos los ciudadanos.

Llevados ambos casos a un mismo plano, podemos inferir que la sociedad neuquina paga por cada chico que envía al colegio una "cuota" de 950 pesos por mes. Volviendo a párrafos anteriores, este valor resulta ser más caro de lo que pagan muchos chicos que van a establecimientos privados (ver recuadro y gráfico).

Los 950 pesos mencionados en este trabajo para Neuquén son también comparables con el costo que tienen algunas de las universidades privadas más prestigiosas del país.

En educación los números generalmente son evitados. El analista Axel Rivas asegura en uno de sus escritos que en esto pesa una tradición espiritualista, vocacional, que ve en las cifras una proyección de un saber profano, enemigo del contacto humano de las aulas. Pero la realidad muestra que las estadísticas ayudan a marcar tendencias y corregir posibles desvíos del sistema.

Neuquén debería comenzar a trabajar con ellas.

 

Ejemplo de escuela privada

Los datos que se muestran en este trabajo sobre la escuela privada reflejan   el promedio de la cuota (más aportes del Estado, en los casos que corresponda) de los establecimientos más importantes radicados en Neuquén capital.
Tomemos un ejemplo de un colegio ubicado en la zona de Alta Barda que tiene una matrícula de 300 alumnos promedio:
• Para esta matrícula el establecimiento cuenta con unos 54 empleados (entre los que se incluyen docentes, preceptores, directivos, asesoría y auxiliares).
• Percibe del Estado provincial 99.000 pesos mensuales para sostener el gasto curricular. Todo lo que es extracurricular se cubre con la cuota que pagan los padres.
• La cuota del establecimiento es de 380 pesos por mes. Si se toman las transferencias del Estado y se lo lleva a la relación aporte por alumno, esto da otros 330 pesos. La suma de ambas cifras es el costo (inversión) final por alumno: 710 pesos por mes. Un valor, este último, 25% inferior al promedio de 950 pesos que se invierte en el Estado. 

 

Historia con penas y sin glorias

La masificación de la educación secundaria es una cuestión social.
Un reciente informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) ilustra este punto: en el año 2006 el 40% de los jóvenes que asistían a la escuela secundaria era primera generación de acceso a este nivel. Sus padres, pertenecientes  a los estratos sociales bajos, no habían logrado superar la barrera de la educación primaria.
Este dato resume un inmenso proceso social de acceso al derecho a la educación, que todavía cuenta con deudas pendientes.
Es significativo que este acceso al sistema educativo haya acontecido en un contexto de degradación de los indicadores sociales de largo plazo de la Argentina.
La referencia central para el análisis parte del año 1975. Los datos expresan un proceso progresivo de "latinoamericanización" de los in- dicadores sociales de la Argentina, que históricamente había logrado consolidar una extensa clase media y niveles de vida largamente superiores a la media de la región.
En 1980, destaca el trabajo del Cippec, nuestro país tenía un 4,7% de pobres mientras que en América Latina la proporción era del 29,5%.
En los últimos treinta años esa brecha se acortó sensiblemente: para el 2007 había en la Argentina un 21% de personas viviendo en la pobreza mientras que en América Latina se mantenía un nivel similar al de 1980, con un 28,9%.
Las grandes crisis de 1982, 1989 y 2001 produjeron un impacto social profundo. Tal es así que, luego de los períodos posteriores de recuperación económica, los indicadores de pobreza no se redujeron más allá del año previo de cada crisis.
En este contexto se observa también la consolidación en los últimos 35 años de una capa de pobreza estructural que pasa del 5% al 25% de la población.


 



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