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El general que bajó la persiana a la guerra
Mario B. Menéndez fue gobernador y el máximo jefe militar en Malvinas. Su decisión de rendir a las fuerzas argentinas evitó un sangriento e inútil combate final por Puerto Argentino. Recuerdo de un breve diálogo con el militar.

Al general se lo suele ver caminando por Florida. Especialmente en las primeras horas de la tarde. El rostro aceitunado de siempre. Pelo duro. Bien plantado. Distribución pareja. Cero calvicie. Emprolijado maniáticamente bajo dictado de exigente liturgia castrense: peine y gomina, gomina y peine.

Militar conservador a la hora de vestirse. Bleizer azul, pantalón gris. De tanto en tanto alguna campera. Y al menos en una oportunidad, tiempo atrás, de vaqueros y náuticos, como lo encontró este diario en la solemne entrada del Círculo Militar, Plaza San Martín, el lugar donde suele cerrar sus caminatas.

Ahí, en las adustas salas de la biblioteca, el general lee temas de historia.

 

Los otros Menéndez

 

Y repasa "La Nación". Diario a que el año anterior advirtió, carta por medio, que no lo confunda -foto mediante- con otro general, primo de él. Pero violador de derechos humanos en el Proceso: Luciano Benjamín Menéndez, todopoderoso jefe del Tercer Cuerpo de Ejército en los años de plomo. Porque para el general que camina por Florida, y para la historia también, una cosa es él -Mario Benjamín Menéndez- y otra su primo Luciano Benjamín Menéndez, el general que había prometido lavarse "las bolas en el Mapocho" en diciembre del ´78, cuando Argentina y Chile desenterraban el hacha de guerra para matarse por tres miserables rocas del Atlántico Sur. Pero no hubo tiros. Y el halcón Luciano Benjamín se frustró. Juntó rencor. Cuentan que quería cortarse solo a través de Los Andes y cumplir la higiénica promesa. El enojo tuvo su expresión: recién avanzado enero del ´79 - con el diminuto cardenal Samoré ya mediando-, el halcón Luciano ordenó con pereza replegar a unos 50.000 hombres desplegados desde Jujuy a Mendoza.

Saga larga la de los Menéndez en la vida militar. Porque Luciano Benjamín y Mario Benjamín son sobrinos de otro general Menéndez que también alborotó la historia argentina. Benjamín Menéndez. Agrio de carácter. Grandote. Morochón. En septiembre del ´51 intentó derrocar a Juan Perón al frente de varias docenas de jóvenes oficiales alumnos de la Escuela de Guerra. La chirinada fracasó en minutos. Costó un muerto. Y cuatro años de cárcel para un grupo de capitanes que a la larga también tallarían fuerte en la vida argentina. Entre otros, Alejandro Agustín Lanusse, Tomás Sánchez de Bustamante, Julio Alsogaray, Gustavo Martínez Zuviría?

Pero volvamos al Menéndez que hoy camina por Florida. El Menéndez de Malvinas?

- Buenas tardes general, soy del diario "Río Negro"- le dice el día que el periodista lo encontró en la entrada del inmenso Círculo Militar.

- Ah, sí? conozco el diario? fui jefe de la Sexta Brigada de Infantería?Neuquén? Siempre me venían con cuentos sobre el diario.

- ¿Qué cuentos?

- Y, usted sabe? era durante el Proceso. "Que el diario esto", "que el diario aquello otro"... ¿Hemos hablado alguna vez?

 

"Nunca lo dije"

 

- Sí, enero del ´83, meses después de Malvinas. Fuimos tres o cuatros periodistas. Recuerdo que usted nos dijo que aquello de "¡Que venga el principito!", por el príncipe Andrés embarcado en la flota británica, usted nunca lo dijo...

- Efectivamente, jamás lo dije. Lo hizo inteligencia... ¡Pero yo no lo podía desmentir!, no tenía ningún valor. Así que bueno, quedó que yo lo dije- comenta el general mientras saluda a otros retirados que pasan y le estrechan la mano diciéndole "Mi general!... ¡Mi general!...

- ¿Lo deja dormir Malvinas, general? ¿Cómo lo trata la calle cuando lo reconocen?

- Yo estoy tranquilo: cumplí con mi deber hasta el final y lo cumplí junto a las fuerzas que comandé en condiciones muy adversas? desde el vamos.

- El Informe Rattenbach (la investigación sobre la conducción política y estratégico-militar de las FFAA en la Guerra de Malvinas) no lo trata muy bien...

- Mire, también hay documentación del general Rattenbach en la cual, a posteriori de ese informe, modificó en mucho su opinión de lo apreciado por la comisión que dirigió. Pero éste es un tema largo...Yo fui y soy un soldado aun estando en retiro. Cumplí con mi deber a pesar de las dudas sobre el resultado final...

- ¿Cuándo sintió que las cosas iban mal?

- Una de las expresiones fue cuando percibí que no teníamos el dominio del mar ni del aire... pero le reitero: es un tema para hablar largo. Aquí vale aquello de que, con el diario del domingo, todos sabían todo. Acá se llegó a decir que la única manera de salvar mi honor tras la rendición era que me pegara un tiro...

- Entre otros lo dijo Manfred Soffell en "La Prensa"?

- Muchos. Yo fui comandante de una fuerza que combatió con honor, con entrega total en un marco de condiciones muy desfavorables- dice el general con buen estilo, suavemente, sin gestos y mientras a su alrededor persisten los "Mi general", "Mi general"...

- Sabe general Menéndez, cuando veo hoy en la película "La Caída" los días finales del Tercer Reich, donde Hitler, gritando, exige contraataques con fuerzas que ya no tiene, me acuerdo de Galtieri cuando le ordenó a usted que resistiese cuando?

- Cuando estábamos derrotados... Me ordenó que sacara a la gente de los pozos para ir adelante cuando ya estábamos solos, con decisivos problemas de logística, con fuerzas agotadas... Galtieri no entendía nada de lo que estaba pasando. Si quiere un día hablamos... llevo una vida recoleta ¿Cómo está Neuquén?

- Creció, creció? y crece? ¿Y dónde lo encuentro?

- Figuro en guía, yo soy un general que figuro en guía? Gracias?

- Bueno, bueno- le digo y siguen los "Mi general", "Mi general", para el general que bajó la cortina a esa guerra que Raymond Aron definiera de "estúpida" que fue la de Malvinas? (CAT)

 

"Quedé shockeado"



"Le contaré algo: el general Galtieri, al ocupar la presidencia (noviembre del '81, o sea a cinco meses de que la Argentina entrara en guerra por las Malvinas con Gran Bretaña)  señaló la difícil situación de las finanzas del Estado y decidió recortar los gastos del mismo. Incluso las Fuerzas Armadas debían restringir sus gastos y esto significó que se dispusiera que el presupuesto militar debía ser recortado como mínimo en un diez por ciento en valores reales.


"Recuerdo que en una oportunidad me llamaron desde la Jefatura IV, Logística (se trata del entonces Comando General del Ejército que, con democracia, su designación fue cambiada por la de Estado Mayor General del Ejército). Estaba todo el mundo: el general Espósito, jefe de ese comando; los comandantes logísticos de arsenales, intendencia, etc. Me dijeron que el Ejército no podía seguir instruyéndose como lo hacía normalmente porque debían disminuir gastos. Entre otras cosas, debía acortarse el período de instrucción (N de R: existía el servicio militar obligatorio). Contesté que como jefe de Operaciones no podía aceptar eso, que me ponían entre la espada y la pared. Por un lado estaba mi convicción de que era correcto recortar los gastos del Estado y, por el otro, mi responsabilidad como jefe de Operaciones. Si se disminuía el tiempo de instrucción iría en detrimento de la capacidad operacional del Ejército. Teníamos entonces que hablar con el comandante en jefe del Ejército (Leopoldo Fortunato Galtieri, que también era presidente) y aun con el ministro de Relaciones Exteriores (Nicanor Costa Méndez) para decirles que nos cuidáramos bien durante los próximos años de meternos en ningún problema porque no estaríamos suficientemente capacitados. Porque al soldado se lo puede preparar en poco tiempo pero no a los conjuntos: las secciones, las compañías… la gente se debe acostumbrar a trabajar junta, cada uno en su rol de combate y los tenientes coroneles con sus regimientos, poniendo toda esa maquinaria a punto.


"Esto que cuento, sumado a lo que le he dicho respecto de una guarnición de 500 hombres y un par de barcos y aviones (N. de R: Esto era lo decidido para mantener las islas bajo control), marcaría que la Junta Militar (Galtieri por Ejército, Elbio Anaya por la Armada y Basilio Lami Dozzo por la Fuerza Aérea) no esperaba, aparentemente, una respuesta militar importante por parte de Gran Bretaña.


"Yo estaba, creo que es comprensible, emocionalmente "shockeado" así que no pregunté mucho, guardé mis cosas y me retiré de la reunión. Por supuesto, todo debía ser mantenido en el más absoluto secreto. Traté de ahí en más de seguir con mi vida normal, pero me quedé pensando -era diariamente motivo de pensamiento- en este tema".

(Declaraciones del general Mario Benjamín Menéndez en el libro de Carlos Túrolo "Malvinas, testimonio de su gobernador"; Edt. Sudamericana, Bs. As, 1983, págs. 12, 13 y 149)



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