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En el sur bonaerense avanza implacable el desierto


El INTA observó que los procesos de intensificación agrícola provocaron parte de esta degradación.

Curiosa forma de actuar la del hombre.

Encarnó el mal y lo está pagando.

El partido de Patagones parece un desierto, y al mal tiempo, malas cifras.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Hilario Ascasubi observó que los procesos de intensificación agrícola provocaron sobre esta región bonaerense una gravísima degradación.

El avance de esa frontera productiva sobre el monte nativo, en 34 años de actividad extractiva (1975-2009), disminuyó en un 32%. Sumándole un posterior mal manejo de la producción agrícola-ganadera, se determinó la pérdida de estructura y fertilidad en suelos jóvenes. Con esta disminución de las condiciones, acelerada por un largo período de sequía (2005-2009), se inició inmediatamente un proceso de erosión eólica que, según el INTA, se encamina hacia la desertificación.

Esta alteración climática del último lustro provocó pérdidas en cultivos y verdeos, en el área mixta y de pastizales naturales asociados al monte nativo. Paralelamente, se logró verificar que los años buenos provocaron un aumento de la cantidad de hacienda que se fue quedando sin forraje.

Causó asimismo un sobrepastoreo de rastrojos y pastizales naturales con el consiguiente deterioro.

Otro hallazgo fueron suelos con poca cobertura que quedaron expuestos a la erosión eólica.

En términos productivos, los rindes de grano y la producción de forrajes se asocian al proceso pluvial. En el 2004 fue la última cosecha normal de trigo para la zona, según el INTA. Entre 2005-2009, las precipitaciones disminuyeron al 50% del promedio anual y se registraron muy bajos rindes. Casi nulos. 

El desierto ya avanzó sobre 127.000 hectáreas  

Al utilizar tecnologías de simple manejo para encaminar la cobertura de los lotes hasta su implantación con cultivos, se reduce el riesgo de nuevos procesos erosivos.

En el conteo, los técnicos determinaron numerosos quebrantos económicos.

El panorama en ganadería fue tachado de "desolador". Lo asocian al éxodo y la mortandad de animales con una merma en los rodeos del 40%. La costumbre era comprar terneros en zonas de cría como Choele Choel y Río Colorado y radicarlos en el partido con el propósito de "terminarlos", persiguiendo un doble peso antes de mandarlos al mercado.

Los indicadores dan cuenta de que el mayor grado de severidad de los suelos por acción erosiva de los vientos se puntualiza sobre 126.970 hectáreas.

 

Cinco años no es nada

Hace mucho tiempo que se dio la alarma. Alejandro Pezzola y Cristina Winschel (INTA-Ascasubi) habían emitido el informe técnico Nº 12 durante el verano del 2004.

Mencionaron que "en estos ambientes se acostumbra a reducir la biomasa arbustiva por acción mecánica".

Aprovecharon para exhibir fotos de palas mecánicas destruyendo el monte nativo y denunciaron una "alta tasa de pérdida del paisaje".

Consideraron que "esto causó gran deterioro del sistema de suelo produciendo cambios edáficos (factores relativos al suelo que influyen en la distribución de los seres vivos) ya sea de textura o en nutrientes por la desaparición del horizonte fértil".

Hacían referencia a aquellas superficies expuestas al raspado por ráfagas. La tasa media anual de pérdida de biomasa se ubicó en ese momento en 3,7%.

La amenaza más inmediata e insidiosa que colma los sufrimientos tiene su epicentro en Stroeder (ver aparte).

Hacia fines del año pasado, los técnicos del INTA advirtieron que algunas lluvias dieron lugar a la cobertura de suelos desnudos con la aparición de una maleza cuyo nombre científico es Salsola kali. "Acá nosotros lo llamamos ´cardo ruso´ y, si a esto le agregamos la flor amarilla y algunas chauchas de arbustivas silvestres, los animales zafan", se conforma Alcídes Haure, presidente de la delegación local de la Federación Agraria Argentina (FAA).

Algunos cuadros de su propiedad están cubiertos con esa maleza y, si los vientos siguen predominando del mar, retrasará la maduración. La extensión de la agonía provocará que sus animales puedan tener más días de comida, antes de que se sequen y comiencen a rodar entre los campos y que con poco viento a favor atraviesen la Ruta Nacional Nº 3 en medio de las tormentas de tierra en que está sumido todo el partido.

Su experiencia es menos aciaga que la de sus vecinos, los hermanos Simchuck. De las 1.225 hectáreas que posee esta familia al noroeste de Stroeder, 750 se encuentran voladas. Haure se paró sobre una línea de médanos de dos metros de altura en el campo de los Simchuck. En realidad, abajo hay un alambrado que divide la propiedad. De un lado el páramo y del otro el monte

"Las culpas están repartidas porque hace tiempo que la gente desmontó a mansalva para que le cerrara el negocio agrícola y a veces por angurrienta. Paralelamente, el Estado no controló y tampoco apareció con el suficiente asesoramiento como para hacer un proyecto sustentable", reconoció.

Mientras su sector espera apoyo económico -previsto en la ley del Sudoeste Bonaerense con 20 millones de pesos y una tajada de los 500 millones de la emergencia nacional-, ya piensa en un manejo distinto del recurso cuando Dios se acuerde de mandar lluvia.

Hace mucho tiempo que se dio la alarma. Alejandro Pezzola y Cristina Winschel (INTA-Ascasubi) habían emitido el informe técnico mencionando qué era lo que iba a pasar



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