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Los K "usan purgas y retos como método de acumular poder"
Al jurar como presidente Néstor Kirchner dejó claro que se ocuparía directamente de la relación con el poder militar. Pasó a retiro a 28 generales del Ejército para colocar un jefe de su confianza. Esta relación es rigurosamente reflexionada por Braslavsky en su libro.

POR CARLOS TORRENGO

Riguroso en el manejo de las fuentes. Colocándolas en lo esencial de sus protagonismos. En sus dudas y sus certidumbres sobre el papel que cumplieron. Desplegando los procesos que conforman la historia en sus manos en términos muy ajenos al prejuicio, al juicio ligero. Con la mirada puesta sin tensión en hacer un aporte a la historia más cercana desde este presente de la siempre tumultuosa historia de la Argentina. Contar sin cerrar, sin pretender clavar única verdad. "Leyendo la historia sin ira", señala el talentoso Carlos Floria.

Así es la investigación que Guido Braslavsky plasma en su libro.

-Uno solo no escribe una historia; en todo caso uno coloca en tiempo y circunstancia los hechos que conoce y va conociendo, que va hilando. Pero ese proceso de construcción es una tarea en común con la fuente, las fuentes. Y yo, desde el periodismo, desde el estar acreditado por "Clarín" en la Casa Rosada, vi. En alguna manera, alentada mi investigación por allí pasa mucho poder. Lo demás, bueno... el creciente interés que tengo por la relación política - poder militar. Y así se fue armando el libro -comenta Braslavsky a "Río Negro".

-¿Es un libro o son varios libros en uno? Porque de su lectura surgen muchos caminos, explotados con intensidad en algunos casos -los términos en que Kirchner construye poder, por ejemplo- pero, a su vez, es muchas historias: la de generales como Brinzoni, la de la resistencia de planos militares a decisiones del kirchnerismo... todas unidas, dependientes entre sí pero como abriendo el camino a nuevas investigaciones.

-La suya es una mirada interesante pero claro, están hiladas muchas historias que hacen en todo caso a una de las propuestas que se extraen del libro: entender que la compleja relación, difícil, entre Kirchner y el poder militar no es nada neutra a la hora de marcar los perfiles, de reflexionar sobre las percepciones y convicciones que Kirchner tiene sobre el ejercicio del poder, su acumulación y su reproducción. Entonces, ese tormentoso vínculo es consecuencia de una determinación terminante de Kirchner no bien asume el poder: ejercerlo sin más, sin titubeos, y desde el primer momento. En ese marco, desde esas primeras horas en la Casa Rosada, se explica la purga de mandos que hace en las cúpulas de las tres fuerzas armadas. Ese descabezamiento, que para el caso del Ejército se lleva más de dos docenas de generales, apunta al...

-"¡Aquí mando yo, carajo!" de Uriburu cuando revólver en mano entró en la Rosada en septiembre del 30?

-Sí, sí... apunta a disciplinar desde el primer instante.

-"Disciplinar" es una palabra que va y viene en su libro a la hora de desmenuzar acciones y discurso de Kirchner en el tema militar. En esta relación pareciera que a él no le interesan los costos que pueda pagar. ¿Es así?

-En este vínculo actúa desde ese desinterés; es más, cuando una semana antes de asumir él como presidente Duhalde indulta a Gorriarán Merlo y a Seineldín, que estaban bajo prisión perpetua uno por el ataque a La Tablada y el otro por alzamiento carapintada de diciembre del 90, ante la aseveración de Duhalde de que él pagaba los costos de ambas determinaciones, Kirchner señala que él no llega a presidente para evitar costos o ver cómo los puede evitar. Ésta no es una definición menor cuando uno sigue su trayecto y analiza cómo funciona su sistema de decisión ya como mandatario. Es más, días después, al asumir, dice claramente que no llega a presidente para "pactar con el pasado" y se identifica claramente con la generación, a la que por otra parte desde lo cronológico pertenece, que fue reprimida por la dictadura militar.

 

Ya no se trata de un cuestionamiento a los alcances y métodos que tuvo la represión, no se trata sólo de un cuestionamiento a las violaciones a los derechos humanos. También Raúl Alfonsín inició su mandato asumiendo ese pasado, pero lo hizo cuestionando el terrorismo de Estado y la guerrilla. Con Kirchner es diferente: se identifica a pleno con la generación que había ido a las armas.

 

A disciplinar...

 

-Mirada desde el completo de la transición, ¿a qué foja vuelve con Kirchner la relación poder militar - gobierno? Porque admitamos que éstas no son las Fuerzas Armadas del 76. Los generales de hoy estaban, al momento del golpe, en el último año como subtenientes o en el primero de tenientes, 24 años en promedio. Y los subtenientes que egresan desde hace ocho años del Colegio Militar no habían nacido...

-Efectivamente, aunque eso no implica ausencia de tensiones. Pero vuelvo a la cultura del disciplinamiento. Funciona. Cuando mira la lista de oficiales de las tres armas, en muchos casos, quizá los más, de las máximas jerarquías, que han sido pasados a retiro por objeciones a decisiones de sus mandos adoptadas en consonancia con lo resuelto por el gobierno, se da cuenta de que es muy larga. Más allá de la purga inicial, generales, brigadieres, vicealmirantes, por la razón que sea, diferencia con revisión de la historia inmediata la apertura de las causas y los juicios por violación a los derechos humanos de la situación material - presupuestaria. Por lo que sea pero, ante la menor observación, objeción: disciplinamiento. A Kirchner le importa el disciplinamiento como gesto de ejercicio de poder, con independencia de las razones, las naturalezas, los motivos de las actitudes de los sancionados. Mientras fue presidente muchas veces se quedó con el gesto sin que éste derivara en sanciones... pero sí, las purgas y los retiros han sido un modo de acumular poder de cara a los militares.

-En el libro queda claro que los militares no imaginaron un Kirchner que los enfrentase...

-Él mantuvo muy en secreto sus planes.

 

Una sorpresa

 

-¿Por qué? Y ¿qué alcance inicial tenían sus planes para las Fuerzas Armadas?

-En relación con lo primero, porque hacían a su estrategia de acumulación de poder, máxime cuando logró el 22% de los votos para presidente y en los hechos tenía que ir a una segunda vuelta con Carlos Menem. En relación con lo segundo, también es cierto que a ese momento no figuraba quitarle la ESMA a la Armada y nada menos que para hacer un museo de la memoria ni tampoco figuraba violentar a los mandos haciendo que un general descolgase por indigno de estar allí el retrato de Videla o de Bignone de la galería en que en el Colegio Militar de la Nación se recuerda a sus directores. Ésas fueron decisiones adoptadas en la marcha que hizo a la construcción de poder... siempre corriendo riesgos, pero en la marcha. Por supuesto que sorprendió a los militares, que ya podados de poder por la dialéctica misma que había tenido la transición a la democracia en que desembocó la dictadura, se vieron sorprendidos por el estilo de Kirchner. Y sorprendió más porque mientras fue gobernador de Santa Cruz no abundó en gestos a favor de las organizaciones provinciales de derechos humanos e incluso en su gestión jamás se crearon organismos estatales que se ocuparan de los derechos humanos.

 

PERFIL

Guido Braslavsky nació en Buenos Aires en 1970. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Buenos Aires, espacio en el cual ejerce cátedra.

En el año 1997 ingresó a "Clarín". Acreditado en la Casa Rosada, está especializado en temas militares siguiendo además los viajes presidenciales al exterior.

Con estilo directo, abierto, generoso a la hora de las respuestas y evidenciando una sólida formación intelectual, Guido Braslavsky reitera en la conversación que el mayor problema a la hora de dar forma a la investigación consistió en que no pocos de los protagonistas esenciales de la historia que escribe siguen en funciones, ya política, ya en el plano militar.

Y escribe Braslavsky: "Cuando se indaga sobre episodios del pasado, generalmente a mayor distancia en el tiempo con los hechos se acrecienta el interés de los involucrados por brindar su testimonio, sea por la motivación de toda fuente en moldear la memoria de los hechos según su propio punto de vista o también por la conciencia de un compromiso con la historia en la que fueron protagonistas.

"En este relato de episodios del pasado reciente, y aún contemporáneos, los intereses se ven más afectados y condicionados por las necesidades del presente político. Todo esto significa un atractivo adicional en el desafío de contar una historia que aún se sigue escribiendo".



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