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Acumula poder con Lula al timón
Brasil llega al final de la primera década del siglo XXI ratificando una vocación de mayor gravitación en el concierto internacional, un proceso que responde a razones muy afincadas en la historia en los factores de poder que definen el destino del país.

Por CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

 

Brasil y Brasil. Por esto o por aquello, pero Brasil.

Un Brasil que ha renovado vertiginosamente su largo proyecto de gravitar en el mundo con perfil propio, de la mano de una economía y una singularidad en el ejercicio del poder que lo van poniendo a distancia del resto de Latinoamérica.

"Durante mucho tiempo -dice la influyente revista inglesa "The Economist"-, Brasil fue el gigante de América Latina con un bajo desempeño crónico. Actualmente aparece en todas las listas entre los seis primeros nuevos lugares importantes del siglo XXI". Ese Brasil del 47% de la superficie de Sudamérica, 191 millones de habitantes y un PBI de más de 900.000 millones de dólares, lo cual de hecho es tres veces largas el PBI de la Argentina.

Y en el timón de este Brasil está Lula, ese fresador del ABC industrial de São Paulo que con una gorra clavada hasta las orejas y hablando de justicia social, hace 30 años, comenzó a juntar voluntades hablando de justicia social.

- Lula es confiable. Pero no confiable en el mal sentido de la palabra. Es un presidente con el que se puede contar, que es representativo de una estabilidad y una política que funcionan. Es un liderazgo que emerge del propio mundo de los trabajadores. Esto es importante en la medida en que ya hay un capital de identificación que no es condición necesaria ni suficiente, pero que ayuda muchísimo- reflexiona el argentino Vicente Palermo, sociólogo, doctor en Ciencia Política y profesor en seminarios que dicta en la Universidad de São Paulo.

En los primeros días de agosto un colaborador le alcanzó a Lula la traducción al portugués de un reflexivo artículo del "The Economist". Título: "Es el momento de que Lula se defina". La nota advertía al mandatario sobre la necesidad que, ya rumbo al final de su segundo tiempo, deje en claro cuál es su legado, ideología y posición hacia el resto del mundo.

¿A qué apunta esta advertencia? A que Lula traspase el poder sin dejar espacio para la ambivalencia sobre lo que se debe seguir haciendo en Brasil desde el poder. Pero luego, "The Economist" se deshace en elogios para con el presidente brasileño: "Al asumir su cargo, en el 2003, mostró coraje político cuando se adhirió a las políticas económicas responsables, ignorando las convocatorias de su Partido de los Trabajadores para incumplir con las deudas del país.

Su instinto relacionado con la economía racional lo transformó de proteccionista en campeón del libre comercio. Sus políticas sociales ambiciosas lo han ayudado a sacar a 19 millones de brasileños de la pobreza (ver más material en estas páginas); las abrasadoras desigualdades en los ingresos disminuyen en forma constante. A pesar de las calificaciones de popularidad casi sobrenaturales, ha sido inteligente al rechazar las conversaciones vinculadas con la reforma de la Constitución para postularse a un tercer mandato".

Cuentan que cuando Lula terminó de leer el artículo de "The Economist", sentenció:

- A los periodistas de esta revista los vamos a afiliar al PT?

El argentino Roberto Russell, doctor en Relaciones Internacionales por la John Hopkins University y máster en Ciencias Sociales por Flacso, recuerda que en los años 90 "muchos tenían temor de que Lula ganara las elecciones y produjera un cambio radical en las políticas de su país".

- Sin embargo -acota Russell- esto no ocurrió, y no deja por ello el gobierno de Lula de ser un gobierno progresista y de izquierda. En la Argentina tenemos una visión equivocada de lo que es el progresismo, que está muy amarrada a las ideas del mundo de los años 70. Ese mundo ya no existe. Hoy, más que una "nueva derecha", tenemos una "vieja izquierda". No hay ningún milagro ni misterio en el desarrollo económico de los países.

¿De la mano de Lula, de agenda presidencial muy activa (más material en estas páginas), ve a Brasil rumbo a una política imperial?

¿O un de imperialismo benévolo?, como se suele afirmar en algunos planos de la Argentina?

Volvemos a Vicente Palermo, quien advierte que lo de "imperialismo benévolo" , en tanto categorización, "fue un invento" surgido en un seminario concretado en la Universidad Di Tella.

- Supongo -acota Palermo en una interesante investigación formulada por la revista "Veintitrés"- que esa categorización se refiere a la importancia creciente de las inversiones brasileñas en la región, que es real.

 

Los intereses

 

Brasil tiene muchas inversiones, pero tiene una escasísima posibilidad y muy baja voluntad de tener una intervención política hegemónica en la región. Aspira a un liderazgo, pero liderazgo por gravitación. Políticamente no tiene nada que se pueda calificar de un comportamiento imperialista.

Brasil tiene intereses en la integración física, en la integración energética, en aumentar todo lo que se pueda su presencia económica en la región. Es una proyección natural para una economía grande. Y esa economía necesita de elevados grados de integración con el mundo y esta región le da oportunidades.

Desde la Argentina, este punto de vista es compartido, por caso, por el politólogo Natalio Botana.

Opina -por ejemplo- que el intenso rearme del Brasil -en el 2008 gastó 27.540 millones de dólares en materia de defensa y acaba de firmar contratos con Francia por otros 12.000- no implica aspiraciones imperiales.

Sí implican -explica Botana- el predominio de la "idea de apuntalar con recursos militares su condición de potencia emergente guiada por el criterio de la responsabilidad internacional".

Eduardo Viola es un argentino que en los 70 se tuvo que ir del país porque sus ideas no eran del gusto de la dictadura. Recaló en Brasil, donde hoy es profesor titular en el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Brasilia, a lo que suma los títulos en Ciencia Política por la Universidad de São Paulo y en Economía Política por la Universidad de Colorado. Hace tres años, junto con Ricardo Leis, publicó "Sistema Internacional con hegemonía de las democracias de mercado. Desafíos de Brasil y Argentina". En sus periódicas visitas a su país, Eduardo Viola siempre se ve compelido a responder una pregunta de larga historia: ¿por qué Brasil está en condiciones de liderar un proyecto de poder como el que despliega hoy en esta parte del mundo?

Su respuesta se estructura desde una gama amplia de argumentos. Pero pivotean en un convencimiento:

* Brasil es un país muy federal, con más centros económicos -por caso- que la Argentina, lo cual implica la existencia de una elite más diversa y un espíritu capitalista más profundo, en disputa en sí mismo.

* En Brasil, los sectores económicos se vuelven cada vez más competitivos internacionalmente, con mucho microproteccionismo. Hay una creciente opinión favorable a seguir completando las reformas de mercado, aun admitiendo que el sistema político tiene problemas de transparencia, corrupción y muestra un único factor positivo: no hay peligro de autoritarismo y centralización excluyente en el manejo del sistema de decisión política, cosa que su sucedió en la Argentina durante la administración Menem y la del kirchnerismo.

Fernando Porta es investigador del Centro de Estudios Redes. Lleva una larga existencia estudiando la economía latinoamericana, saberes que vuelca como profesor en las universidades nacionales de Buenos Aires, Quilmes, General Sarmiento y en la Di Tella (privada). Sostiene que el mundo empresario brasileño está, desde sus imaginarios y acciones concretas, imbuido de una inmensa vocación para internacionalizarse. De ahí en más, es esencial en la construcción de la proyección del poder que acumula y hace gravitar a Brasil en el mundo.

Entonces, sostiene:

* "Brasil ha desarrollado un aparato productivo de magnitud, en algunos casos con estándares competitivos fuertes, con una tesorería propia y un acceso a capital de préstamo en los mercados internacionales y en el propio mercado de capitales brasileño, y a su vez con fuerte apoyo de incentivos y estímulos de parte de la banca pública".

* Y cuando en tren de comparaciones Porta reflexiona sobre las diferencias entre las empresas brasileñas y las argentinas en cuanto a su trascendencia en el mercado mundial, dice: "En primer lugar hay un tema de tamaño. Si se analiza por sectores, las primeras son más grandes. Hay un tema de escala de negocios y financiera que es importante, y eso tiene que ver porque han crecido en el marco de un mercado interno que es muchísimo más grande que el argentino. Ahí ya hay una masa crítica de recursos propios financieros, gerenciales, tecnológicos y capacidades de gestión diferentes. Además de tener capacidad financiera propia también acceden en mucha mejor medida que las empresas argentinas al fondeo internacional por su tamaño, porque están mejores insertas en esos circuitos. Además, el mercado de capitales en Brasil es notablemente más dinámico y más grande que aquí. El otro punto es la notable capacidad de apoyo que tiene en Brasil el sistema financiero público".

A modo de dato de significación, de ese desequilibrio de poder entre una y otra estructura empresaria, vale una realidad que ha seguido con precisión Jorge Vasconcellos, de la Fundación Mediterránea: a partir de la crisis del 2001 en la Argentina, el debilitamiento de empresas argentinas que cotizan en la Bolsa implicó la transferencia de las mismas a manos brasileñas. Por caso, parte del Grupo Perez Companc, Acindar, Loma Negra, Cervecerías Quilmes.

- Brasil es marketing? marketing permanente, pero marketing sostenido en realidades objetivas construidas a lo largo de décadas -suele sentenciar Oscar Camillión, quizá el argentino que mejor conoce los dictados que desde pliegues y repliegues de la historia define el poder presente del Brasil.

Y recuerda Camillión en "Memorias Políticas", el Brasil al que llegó en 1959 a cumplir su primer destino diplomático en ese país: "Son datos que ahora resultan casi increíbles. Cuando Llegamos a Brasil, los volúmenes de las economías brasileña y argentina eran prácticamente iguales. La relación de Producto Bruto era 1,2 a 1, por lo tanto el producto per cápita argentino era casi cuatro veces mayor que el brasileño porque la relación de población ya estaba al borde de 1 a 4. Brasil era un país rural, subdesarrollado, el 70% de la población vivía del campo, los niveles de analfabetismo eran altísimos. Casi el 100% de las exportaciones eran materias primas".

 

La vocación industrial

 

Pero a renglón seguido, el ex canciller advierte: para aquel final de la década del 50, Brasil ya tenía en pleno crecimiento su vocación industrialista "y llevaba considerable ventaja en siderurgia debido a la visionaria decisión de Getulio Vargas de requerir la cooperación de Estados Unidos".

Una sociedad cimentada en confianza a partir de la decisión del Brasil de sumarse militarmente a los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Sociedad no ausente de discrepancias. Tampoco marcada por respaldo automático de Brasil a toda decisión de los Estados Unidos. Vínculo no carnal. Relación forjada en los alcances que el lunes por la noche definió el ministro de Defensa de Brasil en Buenos Aires:

- Estados Unidos no debe meterse en nuestros asuntos? ni en los de mi país ni en los de nuestros países -sentenció Nelson Jobin, abogado, 62 años.

Fue en el Palacio Balcarce, a partir de las 20. Horas antes Jobin había llegado con un objetivo claro: explicar la política de defensa de su país. Y llegó convencido de que las cuantiosas inversiones que canaliza a ese rango de sus políticas de Estado generan cosquilleos entre las naciones vecinas.

A la hora de reflexionar sobre todo este tema, el sociólogo Natalio Botana coincide con Oscar Camillión. Cree que el poder que tiene y reproduce hoy Brasil es la continuidad de varios lustros de "acumulación virtuosa de políticas" destinadas a incidir con eficacia en el rumbo de las relaciones internacionales, un curso que "contrasta con la manía destructiva de nuestro país, lo cual ha permitido el ascenso del Brasil hacia la relevancia y el descenso de la Argentina hacia la irrelevancia".

- En fin, acá estamos? Estos tipos sí que saben lo que hacen y dicen -comenta a este diario un general de división (RE) en la noche del lunes.

Momentos antes había terminado, en una Buenos Aires muy calurosa, la disertación de Nelson Jobin, ministro de Defensa del Brasil.

Jobin, claro, es uno de "estos tipos"...

 

Más información:

Informe Pobreza Fundación Getulio Vargas
Informe pobreza encuesta gobierno brasileño



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