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José Fava soñó con fundar una colonia agrícola en Neuquén
Inmigrante y pionero de Neuquén capital, fue músico, empresario, político y fundador de Colonia Valentina.

José Fava llegó a Neuquén capital poco después de su fundación y persuadido por la familia Edelman. Fue un pionero. También un personaje excéntrico, que practicaba esgrima, componía melodías y tangos, buscaba oro, participaba en política local y tuvo, de hecho, la primera inmobiliaria del lugar.

Nació en Italia el 10 de setiembre de 1874, en la zona de la Emilia Romagna. Estudió música y, como pertenecía a una familia de agricultores, tuvo que esforzarse para costear sus estudios trabajando en distintos oficios. Contaba que pasó por el Instituto Geográfico de la Toscana, donde aprendió a confeccionar mapas y se instruyó en suelos, actividades que le fueron útiles el resto de su vida.

Cuando cumplió 20 años migró hacia la Argentina. Aquí fue contratado por el Ejército para dirigir su banda de música y trabajar en un oficio que dominaba, el de armero. Con el Ejército conoció gran parte del país. Con él llegó a Salta, donde conoció a María Rosa Marocco, maestra también italiana, nacida en Caserta, antiguo reino de Nápoles. La familia Marocco había fundado el diario "El Norte" en la capital salteña. Cuando se casaron, María Rosa tenía 16 años y José, 25. Juntos tuvieron una extensa prole, 16 en total, de los cuales vivieron 12: Juana, Pascual, Miguel, Héctor, Ángel, Ernesta, Rolando, Armanda, Yolanda, Delia, Zulema y José María.

Después de casarse comenzaron un periplo por distintas regiones. Primero, Mendoza; entre 1901 y 1903, Santa Cruz, y luego Buenos Aires. En esos años nacieron los primeros hijos. María recordaba siempre que al llegar a Santa Cruz su vivienda fue rodeada por indios del lugar que iban a ver sus ojos azules, que cautivaban de modo especial a los nativos.

Cuenta Ángel Edelman, en su libro "Primera historia de Neuquén. Recuerdos Territorianos" (Ed. Plus Ultra), que la familia Fava vivió en Río Gallegos pero el rigor del clima la llevó a Buenos Aires: "...vuelto a la metrópoli trabó relación con nuestra familia (nos daba lecciones de música), siendo la estrecha amistad mantenida a través de los años lo que le indujo a venir a establecerse en ésta, viajando juntos".

En Neuquén nació el resto de sus hijos y de sus sueños. La familia echó raíces aquí. Fava dejó su trabajo en el Ejército y emprendió varias actividades, entre ellas la primera fábrica del Neuquén. En 1906 fundó una fábrica de mosaicos. Ese mismo año, junto a un grupo de vecinos, acompañó la fundación del primer club de la capital, Gimnasia y Esgrima. Allí Fava practicaba su deporte favorito, la esgrima. Y en ese club se realizó la primera velada literaria-musical del lugar.

En 1909, junto a otros inmigrantes de su origen, fundó la Asociación Italiana de Socorros Mutuos, de la que fue presidente en varias oportunidades.

Cuentan que era masón, pero no quedaron registros de su posible participación en la Logia. Sí se involucró activamente en la política local: fue concejal durante años en los que procuró adelantos y progreso para el pueblo que había adoptado. Instaló la primera usina de Neuquén. Tuvo la primera hojalatería, la primera casa de fotografía y el primer aserradero mecánico y fue corresponsal de diarios metropolitanos.

Contaba el semanario "Río Negro" en 1918 otra de sus actividades: "Con los señores doctor Julio Pelagatti y Luis D. Mailhet forma el señor Fava una meritoria y emprendedora sociedad cuyos esfuerzos no tardarán en ser apreciados y premiados. A ocho leguas del sudeste de Zapala tienen una concesión carbonífera donde fue hallada hulla de excelente calidad?". En realidad, estos pioneros buscaban oro y en su afán descubrieron cantidad de minerales.

En agosto de 1919 Fava inauguró el teatro San Martín, entonces la sala de espectáculos más importante de Neuquén.

La mitad de su naturaleza era bohemia y la otra, de un pragmatismo que asombraba. Nunca abandonó su conservatorio musical Clementi, que continuó su hijo Ángel, y formó la banda de música con la que alegró los domingos del pueblo. Su arte convivió en perfecta armonía con su talento para los negocios. Otra actividad en la que fue pionero fue la inmobiliaria. Cuenta Edelman que realizó los primeros loteos de solares: "Subdividió su quinta Las dos Águilas, formando 4 manzanas con 77 lotes, que subastó en 1910".

Por esos primeros años adquirió 100 hectáreas que con el tiempo loteó y bautizó con el nombre de su esposa: "Villa María". Con ella también adquirió más de 300 hectáreas al señor Sartori en la década del ´20. Allí había proyectado fundar un pueblo. Su amigo Edelman relata en su libro la siguiente anécdota: "En cierta oportunidad (José) soñó que era él llamado a crear allí una colonia agrícola... y llevaba la proposición a la propietaria de las tierras, doña Valentina B. de Duclout". Don José la visitó en Buenos Aires y "todo ocurrió tal cual se los presentara por anticipado en su sueño...". El ingeniero Mailhet le ayudó en la realización de planos, parcelamientos urbanos y rurales, nivelaciones y trazados de Colonia Valentina que Fava adquirió.

La familia vivió en una casa espléndida. Allí, recuerda una de sus nietas, había un comedor diario lleno de plantas cultivadas por María, quien además impartió clases a sus hijos hasta su muerte, en 1935.

Ya viudo, José decidió mudarse a su quinta, que llegaba hasta el río Limay, donde hoy está el Tenis Club de Neuquén (foto). Durante un tiempo vivieron con él sus hijas menores, pero a medida que fueron haciendo sus propias familias la propiedad se pobló únicamente de las notas de su piano.

Cuentan también que en sus últimos años de vida le llegaban cartas con poemas de todo el país para que él musicalizara.

Dos de sus hijos se dedicaron a la música, Ángel y Ernesta Fava de Guarnieri, quien prácticamente fue autodidacta. José la visitaba en su quinta de Allen y allí pasaban tardes de música, especialmente ejecutando a Juan Sebastián Bach; Ernesta tocaba el piano y José, la mandolina. En esa mandolina José también guardaba sus ahorros, las cuotas que cobraba por los terrenos que vendía. Además de componer, pasaba algunas horas escribiendo una novela, cuyos personajes eran miembros de su familia a los que había bautizado en la ficción con nombres de animales, algunos tiernos como conejos y otros ponzoñosos como víboras. La mandolina en la que guardaba sus ahorros y su novela desaparecieron al morir José, el 25 de noviembre de 1952.

 

Susana Yappert

sy@fruticulturasur.com

 



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