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Secretos y verdades en la vida de Perilli
¿Desperdició su talento como jugador? ¿Por qué sigue en Cipo?

Su padre Juan, un entrañable hombre de modales duros y códigos bien marcados que supo dirigir durante años a Cipolletti, sólo una vez lo aconsejó en el fútbol. "Si querés ser técnico no tenés que pensar que a tus jugadores les va a resultar sencillo algo que a vos sí". En esa época Domingo Perilli se transformaba en una bola de nervios cuando dirigía la quinta albinegra.

Hoy, algunos años después, es el mejor DT de la zona y uno de los más éxitosos en torneos federales. "Mingo" vive la vida que quiere. Es técnico del equipo de sus amores, sigue en la casa materna, gana buen dinero y es reconocido. Siendo un tipo que cree en los designios del destino, desacredita la hipótesis acerca de que pudo ser una gloria en la cancha. Si queda en el bronce, será como entrenador.

Quienes lo vieron jugar, con trote de rumiante y sagacidad de zorro, no dudan: fue un talento desperdiciado, un clon de Ricardo Bochini que se disipó entre gallos y medianoches.

"No creo en los que dicen que si me hubiese cuidado hubiese jugado en la selección, porque el cuidado personal es parte de esto y si no me cuidé no estaba para el fútbol grande. Alguna vez leí un libro que decía que para ser un futbolista de primer nivel hay que saber, querer y poder; yo sabía, pero no quería; y el poder va relacionado con el querer".

En medio de este juego de palabras deglutido entre medialunas y mate, aclara que su pecado como jugador lo capitalizó como entrenador. "Siempre les digo a mis jugadores que tienen que hacer todo para retirarse sabiendo que llegaron hasta donde pudieron. Yo esa tranquilidad no la tengo. Ese mensaje se lo tengo que dar: que el fútbol es un complemento de muchas cosas".

A Perilli le preocupa saberse un técnico ganador, capacitado, y paradójicamente no recibir propuestas ajenas a Cipolletti. "El problema es que afuera de la región como jugador soy un desconocido, entonces debo demostrar el doble. También es verdad que estamos lejos geográficamente y que el Torneo Argentino A está muy mal vendido", aclara.

-Mucha gente piensa que estás demasiado cómodo en Cipolletti y que por eso no te vas a ir nunca.

-Eso es verdad a medias, no me desespero aunque también me pregunto por qué no nos llegan mejores ofertas. De todas formas pienso igual que Jorge Solari: la profesión del técnico no es de velocidad, si no es resistencia. Me siento un tipo exitoso y reconocido en el Argentino A.

-¿No hay un temor interno relacionado con aquello?

- Algo de eso hay. Yo soy feliz en Cipo, pero también me gustaría un nuevo desafío. ¿Qué me falta para dirigir B Nacional? Que me den la chance de trabajar, no creo en los rótulos de los técnicos. La clave es tener poder de convencimiento con los jugadores.

No sigue cábalas y desmitifica a los motivadores. Para Perilli, el buen entrenador es aquel que le adelanta a su dirigido lo que sucederá. "No creo en los videos para motivar y esas cosas. Al jugador lo único que hay que darle es la mayor cantidad de herramientas para acortar el margen de error. El reconocimiento de los jugadores te lo ganas cuando vos decís ´miren que va a pasar ésto´, y pasa lo que anticipaste".

Daniel Carou era un enganche del montón hasta que escuchó el consejo: debía hacer la habilitación y no quedarse parado, si no meterse en el área para convertir. Así gritó muchos goles en el Argentino A, así se fue de la región en busca de mejores horizontes.

-Pero hay técnicos que dicen basar buena parte de su trabajo en la motivación permanente.

-No coincido. Tampoco creo en las cábalas, las relaciono con la inseguridad de cada uno. Sí en las ondas positivas y sé que la gran campaña que hicimos estuvo basada mucho en los pibes que no jugaron; cuando hay un suplente que está deseando que tu equipo gane, esa onda se traslada.

Dice que se considera mejor en lo suyo desde que en un test anónimo los jugadores le marcaron situaciones de maltratos verbales que para él "eran naturales". También que Lorenzo Frutos, su ayudante de campo, es "el mejor refuerzo que supo traer Cipolletti en años". El plantel y el cuerpo técnico se rigen por un reglamento interno que, por ejemplo, pena al que llega tarde a una práctica con 100 pesos y desde este torneo comenzará a trabajar un psicólogo durante seis horas semanales. Perilli se acostará en el diván por primera vez en su vida.

-¿Cómo analiza Perilli a Perilli?

- Me considero un tipo inteligente y trabajo para que mis jugadores me vean como una buena persona. Me moriría si un jugador dice de mi que soy un hijo de puta o un traidor. Soy transparente, simple, no tengo soberbia. Como técnico, debería ser menos arrebatado, menos impulsivo para hacer los cambios.

-Va a ser difícil arrancar otra vez desde el mismo punto.

-Nosotros buscamos cosas para superarnos constantemente, para mejorar. Acá la palabra aburguesado no existe y ya estamos haciendo cosas para intentar salir campeones. Pero también creo que ser exitoso en tu vida no sólo significa ser el mejor en tu actividad. Por eso les digo a los jugadores que hay gente que sufre de verdad, que el fútbol es para disfrutarlo. Se que es difícil, porque cuando yo jugaba sufría de lunes a sábado y disfrutaba los domingos. Ahora la cosa se revirtió, es al revés.



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