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\"Empecé cortando orejones de duraznos y llegué a administrador\"
Ramón Romera, hijo de españoles, nació en Roca en 1923 y fue administrador del establecimiento Canale por 33 años.

Don Ramón Romero trabajó en el establecimiento Canale desde 1937 hasta 1983. Toda una vida. Durante tres décadas fue administrador y hoy, a los 85 años, recorre su dilatada biografía.

Ramón es hijo de inmigrantes españoles. Su padre, Antonio Romero, nació en Andalucía y en 1910 llegó a la Patagonia como inmigrante. Viajó solo. El primer trabajo que consiguió fue en las obras de riego que se realizaban entonces. Al terminarlas, cuenta su hijo, "lo nombraron inspector de la langosta. Resulta que en ese tiempo la langosta saltona era plaga, arrasaba los alfalfares. Para combatirla, habían ideado un sistema de pasos batea sobre lo que es la Ruta 22, que era toda de tierra. Los pasos batea atravesaban la calle y tenían un ancho mayor a la distancia del salto de la langosta. Con ese trabajo mi padre llegó hasta Plottier, donde conoció a mi mamá, Andrea Berdún, que vivía en Colonia Valentina. Su familia venía de Aragón, España".

En 1921, Antonio y Andrea se casaron y se instalaron en Stefenelli con un comercio de ramos generales, hospedaje y pensión para el personal ferroviario. En ese momento esa estación (Los Perales) era la más importante. Unos años más tarde -en 1929- se inauguró la estación en General Roca y la familia Romero decidió mudarse al pueblo.

En Stefenelli habían nacido los cuatro hijos varones: Antonio, Ramón, Alberto y Luis; en Roca nació Elisa.

"Mi padre compró una manzana en calle San Martín entre Santa Cruz y Misiones y cambió de empleo: se puso de consignatario. Atendía pedidos de gente de Buenos Aires que buscaba productos de la zona. Mi papá compraba y los llevaba al ferrocarril. Un día cargó un vagón completo de miel y lo estafaron. Perdimos todo. Hubo noches en que cenábamos todos con 30 centavos de mortadela. Pero gracias a los buenos amigos de mi papá salimos adelante; me acuerdo especialmente de Máximo García, de don José María Sánchez, de Agustín Fernández y de Ismael Navarro. En ese momento este último arrendaba una tierra justo enfrente de Canale y nos permitió levantar allí un salón para poner un comercio y hacer una vivienda para nuestra familia. Trabajamos todos en la construcción. Por fortuna todos fuimos a la escuela, pese a que debíamos colaborar; terminamos la primaria en la escuela Romagnoli".

En 1935 ya estaban instalados en el nuevo almacén. Ramón tenía 12 años e inmediatamente percibió el gran movimiento que había en el establecimiento Canale. Un día, Ramón y su hermano Tito se atrevieron y pidieron trabajo allí.

"Nos tomaron: a mi hermano como ayudante de mecánico y yo empecé cortando orejones y como ayudante de huerta en Canale. Tenían una quinta de una hectárea y media. Trabajábamos la temporada. También fui ayudante de cocina: llevaba el carrito del mate cocido... hacía un poco de todo. El 1 de diciembre del ´37 entré como empleado efectivo, hasta el ´83. Me jubilé en la empresa. Lo primero que hice como empleado de escritorio fue controlar las chatas que venían con las canecas de uva, hacía vales y clasificaba la uva por chacra y número de lote".

Y a fuerza de trabajo y más trabajo fue conquistando posiciones. Cuando ingresó a la firma José Stadler era el administrador, Molinari era el gerente y quien convirtió a Ramón en su mano derecha. Al morir Molinari, en 1951, quedó él frente a la administración.

"Conocí a don Humberto Canale, él venía al establecimiento durante la temporada, venía en tren con una hermana, Herminia. Recorría el establecimiento de punta a punta en auto. Cuando se iba yo lo llevaba a la estación y le preguntaba: ´Ingeniero, ¿cómo vio todo?´. Y me respondía: ´Muy bien, regular y mal´, y yo me quedaba con eso. Después tenía que elaborar el informe de campo y mandárselo. Con él trabajé casi tres años. Recorría el establecimiento con el capataz general y yo lo acompañaba e iba anotando qué cosas había que arrancar, replantar. Luego hablaba con cada encargado de sector. A don Humberto le encantaba andar entre los viñedos y los frutales, le tiraba la chacra.

"Cuando entré había 750 hectáreas de frutales y viñedos; entregaban la fruta a la AFD. La bodega estaba ya en los 3 millones de litros, tenía secaderos de frutas y con algunas variedades especiales hacían la fruta confitada para el pan dulce Canale.

En 1944 Ramón tuvo que hacer el servicio militar en Zapala, de modo que hizo una pausa en el trabajo. Por esa fecha conoció a Vicenta Sánchez, quien se convertiría en su esposa en 1947.

"Entre el ´45 y el ´47 se hizo una tanda de casitas para el personal; luego se hicieron más, en el ´52. Había como 60 habitaciones para el personal soltero y unas 24 casas para familias. Las personas que estábamos estables vivíamos allí. Mis cuatro hijos nacieron durante los años en que vivimos en el establecimiento: Susana, Carlos, Raúl y Elsa.

"Cuando murió don Humberto Canale vino don Manuel Luis (Manolo), su sobrino. Él venía cada dos o tres meses. Contrató a un ingeniero agrónomo, el señor Rolando Fraternali. Con don Manuel se eliminó el aserradero, la confitura de frutas, el secadero y la fábrica de sidra. Se instalaron el galpón y el frigorífico. Fue un tiempo de cambios. Recuerdo que con don Manuel nació el vino Íntimo, las primeras botellas salieron numeradas; hasta ese momento los dos vinos que más vendíamos eran el Borgoña y el Riesling. Cuando asumí la administración, la planta de fraccionamiento estaba en Buenos Aires. Se mandaba el vino de acá en bordelesas, allá se fraccionaba en botellas para la venta y para el comedor del ferrocarril bajo la marca Uvalegre.

"Tuvimos mucha suerte con la gente de arriba, fueron unos patrones bárbaros. El ingeniero Guillermo Barzi llegó después, para dar el gran salto de la empresa. Él ya se vino a vivir al Valle, siempre al pie del cañón, trabajaba a la par nuestra. Si hay algo que debo destacar del establecimiento es su fantástica organización. Estaba todo tan perfectamente organizado que en tres días hacíamos los inventarios. Cada área tenía su responsable y no le escatimábamos al trabajo".

Don Ramón Romero se jubiló en esta empresa y hoy pasa sus días entre sus hermanos, sus 4 hijos, 13 nietos y 6 bisnietos, a quienes mima con sus tortillas y conservas. En 1998 perdió a su esposa y desde entonces escribe sus recuerdos, que recorren prácticamente la historia del Valle.

 

Susana Yappert

sy@fruticulturasur.com



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