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Para la industria editorial argentina la crisis también dijo presente
Hay caídas de pequeños comercios y ventas de libros como si fueran sachets de mayonesa en supermercados. El avance de las nuevas tecnologías puede tener repercusiones y hasta modificar los hábitos de lectura.

 

Objeto completamente ingenioso y perfecto”, definió al libro la escritora Angélica Gorodischer, en la inauguración de la 35ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el 23 de abril pasado. “Además de perdurable, porque podemos destruir alguno o tendremos que quemar muchos o enterrarlos pero siempre los vamos a resucitar, siempre van a volver a estar ahí”, señaló. Antes, José Nun, secretario de Cultura, anunció un convenio con el Banco Nación, en el marco del “Programa para el desarrollo regional y sectorial” (Proder), por el que libreros y distribuidores accederán a créditos “blandos” con facilidades de pago y una tasa de interés anual del 7%. También destacó el convenio con el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social para capacitar a libreros, distribuidores y editores.Además, esa secretaría continúa con el “Programa libros y casas” que en 800 localidades del país entrega 50.000 bibliotecas, con 18 volúmenes especialmente seleccionados y producidos, en las unidades del “Programa federal de construcción de viviendas” del Ministerio de Planificación Federal, Inversión y Servicios Públicos, decisión luego imitada por Cuba, Chile y México.Es el mismo Nun quien en la 31ª feria, en el 2005, se comprometió –en presencia de la entonces senadora nacional Cristina Fernández de Kirchner– a crear un ente análogo al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), que recaudaría fondos sectoriales para dar créditos y subsidios a las editoriales y favorecer la exportación. La actividad “alcanzó su mayor auge entre los años ’40 del siglo pasado y comienzos de los ’70 –evocó– y repuntó durante los ’90, pero con costos muy altos: la concentración de la industria, su transnacionalización y el endeudamiento derivado del reequipamiento”.Jorge Coscia, ex director del INCAA y actual diputado por el Frente para la Victoria, presentó un proyecto en el 2006 para crear el Instituto Nacional del Libro (Inal). Propuso la formación de un “Fondo de fomento del libro argentino”, cuya administración estaría a cargo del Inla, conformado por el 1% de las ventas de las editoriales; el 0,5% de las distribuidoras y el 0,5% de las librerías. Esto permitiría recaudar anualmente de 5 a 6 millones de pesos para difundir escritores nacionales y traducciones de obras de aquellos extranjeros que difícilmente llegarían al país. En realidad, era una idea del 2004 de Elvio Vitali, quien fue librero, director de Acción Federal e Industrias Culturales y legislador por el FpV por la ciudad de Buenos Aires, y falleció sin que esa posibilidad se concretara. Grandes editoriales, nucleadas en la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), no estuvieron de acuerdo con la constitución del fondo, porque surgiría de “un impuesto distorsivo en cascada”, que afectaría a todo el sector y establecería “un mecanismo indirecto de recuperación que es de dudosa efectividad y genera un sinnúmero de cuestionamientos e incertidumbres”, aparte de “discriminar al libro importado, vulnerando la igualdad de tratamiento fiscal para productos similares”. Coscia, a su vez, opinó que “las editoriales extranjeras son el fruto de políticas de Estado activas, como las que propongo. Se han hecho fuertes porque han tenido un activo apoyo de sus Estados: a veces resulta paradójico que quienes son hijos de políticas de Estado extranjeras se opongan a políticas de Estado argentinas”.Últimamente, “la actividad atraviesa una situación crítica, en la que es innegable la caída de las pequeñas librerías y creciente la comercialización de libros como sachets de mayonesa en los supermercados”, diagnóstico Ezequiel Leder Kremer, vicepresidente de la Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines (CAPLA), en el Tercer Congreso Iberoamericano de Libreros, efectuado en el marco de la 35ª feria.Por su parte, Horacio García, presidente de la Fundación “El Libro”, puntualizó el mes pasado que la Argentina posee la red librera más importante de América Latina, a la que hay que conservar. Por eso dejó planteado, como un problema de difícil solución, “los precios de los alquileres que están desalojando a las librerías de los centros comerciales y de las calles principales”. También reclamó “un tratamiento similar en todo el país para el comercio, ya que en algunas provincias hay gravámenes que no existen, por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires” y hasta reconoció lo que hace el Ministerio de Cultura porteño con el “Programa Buenos Aires ciudad de libreros” y que, asimismo, la Secretaría de Cultura de la Nación becó a 50 del interior. A través de las librerías, se canaliza el 68% de las ventas de las editoriales (algunas les pertenecen); el 17%, mediante distribuidores; el 7% lo adquiere el Estado (incluyendo la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares), y el resto por vías “no tradicionales”, como quioscos de revistas, vendedores directos (a domicilio) e internet.El Centro de Estudios para la Producción (CEP) destacó que las ventas al público, en el 2007, sumaron 2.000 millones de pesos. Como las editoriales efectuaban un descuento promedio a las librerías del 50%, estableció un valor de mercado para la actividad editorial de alrededor de 1.000 millones.En el país existen 300 editoriales, que ocupan a 7.800 trabajadores en forma directa. Durante el 2007, el 74% de los títulos se hizo en la ciudad de Buenos Aires, el 10% en la provincia homónima, el 5% en Córdoba, el 4% en Santa Fe y el 7% en las demás provincias.Por la Agencia Argentina de la International Standard Book Number (ISBN), que administra la Cámara Argentina del Libro (CAL), se supo en junio del 2008 que la industria editorial tuvo en el 2007, por quinto año consecutivo, un crecimiento en la producción del 16,4% sobre el período precedente y alcanzó un record histórico (aún no se conocieron datos más actualizados). Entonces se publicaron 26.320 títulos y 92,8 millones de ejemplares, entre novedades (22.245 y 71 millones) y reimpresiones (4.075 y 21,9). La cantidad por título o “tirada” promedio fue de 3.524 ejemplares, cifra inferior a la del 2006, cuando llegó a 3.761 (ver cuadro). El 96,3% de los títulos se imprimió en la Argentina, proporción de la cual el 78,8% correspondió a la ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires. El resto se hizo principalmente en China (libros infantiles), Colombia y Uruguay. Para más del 96% de los libros se utilizó papel, luego el CD-Rom fue el más empleado de los soportes alternativos (ver cuadro).Las principales temáticas fueron: ficción, educación, literatura infantil y juvenil, derecho y poesía, en ese orden. Simultáneamente, las ediciones de autores siguieron en alza y representaron el 10% de los títulos publicados.Coinciden ciertos especialistas en que las perspectivas para los próximos años son favorables y el crecimiento de la actividad dependerá en gran medida de los costos de los insumos (sobre todo el papel) y del crecimiento de la economía y del poder adquisitivo de la población. Pablo Avelluto, director para la Argentina, Chile y Uruguay de Random House Mondadori, subrayó que el sector “la única cosa que tiene a favor es que los lectores asiduos son de algún modo como adictos. Por eso, si tienen que leer, buscarán la manera de hacerlo por menos plata. Pero es muy duro para alguien que está acostumbrado a tener un libro en la mesa de luz deje de tenerlo”. Sin embargo, Leder Kremer anticipó “una crisis en el sector, una crisis de cambio traumático porque evaluamos que a los libreros nos va a ser difícil adaptarnos al cambio y seguir participando de la comercialización ante el avance de las nuevas tecnologías. También sabemos que esto puede tener repercusiones desde lo cultural, porque el ‘e-book’ (libro electrónico) puede modificar los hábitos la lectura”,

Una “Biblioteca digital mundial” (BDM) fue puesta en línea por la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura y la Educación (Unesco), el 21 de abril pasado. Es de acceso gratuito y permite mostrar y explicar en siete idiomas –como el español– las joyas y reliquias culturales de todas las bibliotecas del planeta, aunque no documentos corrientes.

Cómo evolucionan las exportaciones

La Argentina celebrará su bicentenario en Europa, con la participación como país invitado de honor, en la edición 2010 de la Feria de Frankfurt, de Alemania, que es el mayor evento mundial de venta de derechos de libros y, como siempre, una oportunidad única para establecer contactos comerciales. Hasta entonces, numerosos editores asistirán al encuentro de este año. Mientras tanto, en la “Primera ronda internacional de negocios”, efectuada en el marco de la 35ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, con la organización de la Fundación Export.Ar hubo 63 editoriales pequeñas y medianas del país que se reunieron con una veintena de libreros y distribuidores de América Latina interesados en sus productos. Además, concurrieron 9 potenciales compradores, de los cuales 4 son los responsables de las adquisiciones de bibliotecas públicas de los Estados Unidos, que son las principales compradoras de libros en castellano de ese país.“El gobierno estadounidense destina anualmente más de 600 millones de dólares a las bibliotecas para la provisión de libros y en el caso de los representantes de cada una cuentan con un presupuesto de más de 200.000 para abastecerse de textos en español provenientes de América Latina y España”, manifestó Marcelo Elizondo, director de la Fundación Export.Ar. En la actualidad, los productos editoriales exportados a ese destino representan el 3,3% de las operaciones totales. Las exportaciones evolucionaron favorablemente: durante el período 2003-2008 crecieron el 93%, aportando en el primero de esos años 49,4 millones de dólares y en el último 94,3 millones.

En el 2007, el déficit comercial del sector fue de 50,9 millones, ya que las ventas al exterior llegaron a 41,8 millones, siendo y los principales destinos México, con el 17%; Chile, 14%; Perú, 9%; Brasil, 8% y Venezuela y España, con el 6% en cada caso. El mismo año, las importaciones sumaron 92,7 millones y de España provino el 48% de las mismas.

 

 

  

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