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Pequeños productores de frutillas y algo más

La familia Muñoz vive en una chacra de dos hectáreas, en Plottier. La tierra les dio una oportunidad cuando perdieron su trabajo tras la crisis del 2001. Hoy producen fruta fina y pollos y Muñoz es presidente de la Filial Confluencia de la FFA.

En la Patagonia hay propietarios que tienen millones de hectáreas y aun así en este triángulo austral hay tierra disponible para albergar ganado o para emprender gran diversidad de cultivos.

Y en esta región del planeta generosa en ríos y lagos hay grandes estancias pero también pequeños productores que comparten el sueño de vivir de lo que cultivan.

Los valles irrigados fueron el motor de la Norpatagonia y aquí el verde se extendió sobre el paisaje agreste a gran velocidad a lo largo del siglo XX.

Como a principios de ese siglo, cuando los grandes latifundios se fueron subdividiendo para convertirse en pequeñas y medianas parecelas destinadas al cultivo, los valles irrigados de hoy muestran una transformación inversa: grandes propiedades que van sumando propiedades menores y cientos de medianos y pequeños productores que intentan mantenerse en la actividad, aun con condiciones adversas.

El "Rural" entrevistó a un pequeño, pequeñísimo productor, que demuestra que con una hectárea y media logró generar un proyecto sustentable con el que su familia pudo superar la crisis del 2001, de la que también fueron víctimas.

Erik Sergio Muñoz y Alicia Forestier vivían en Neuquén capital. Tenían 4 hijos. Él era mecánico y la última gran crisis del país les planteó un dilema. Ante la merma de trabajo en la ciudad -él era prestador de servicios- se abría la posibilidad de mudarse a una pequeña propiedad que tenían en Plottier y convertirse en productores.

Ambos tenían en sus genes un vínculo fuerte con la tierra y la producción: Alicia es descendiente de franceses que se establecieron en Jacinto Aráoz, La Pampa, en 1897. Allí trabajaron 50 hectáreas de trigo y maíz y llegaron a tener un molino harinero. Su padre, Jorge Ariel Forestier, fue el primero en salir del campo. Migró a Neuquén. Llegó para cumplir con el servicio militar en Covunco y nunca regresó. Como dicen acá, "bebió de las aguas del Limay y ya no se pudo ir".

Dejó en La Pampa una vida sufrida. Le contaba a su hija que allí trabajaban muchísimo y con enormes privaciones. Siempre recordaba que en su infancia él y sus hermanos compartían el trabajo y la ropa y se turnaban para ir al cine, una vez por mes cada uno. "El que iba al cine luego volvía al campo y les contaba la película a los que no habían podido asistir".

Cuando Jorge Forestier conoció Neuquén intuyó su potencial y decidió probar suerte aquí. Consiguió un empleo en el ferrocarril y logró traer a dos de sus hermanos. En Neuquén conoció a su mujer, Leticia Escobar, cuyo padre había venido como policía territorial y se se había radicado aquí. "En Neuquén conoció a mi abuela Elcira y tuvieron a mi mamá, única hija. Mi abuela era de una familia que también se dedicó a la producción de peras y manzanas en la zona donde ahora están los hipermercados de Neuquén; cuando les dijeron que la Ruta 22 pasaría por la chacra, la vendieron".

Erik es descendiente de campesinos chilenos. Sus padres, Ruth López y Sergio Muñoz, trabajaron la tierra y tuvieron hacienda. En la década del '50 migraron a la Argentina y Erik fue el primer neuquino de la familia.

Su infancia transcurrió en un barrio neuquino, entre la escuela y los trabajos que hacía para ayudar a su madre. Con los años aprendió el oficio de mecánico y con él pudo progresar.

Erik y Alicia se conocieron en Neuquén y desde la capital soñaron muchas veces con tener tierras para poder producir. Aun así, él adquirió una parcela en Plottier, en Colonia San Francisco, y durante un tiempo no le dijo nada a su esposa.

"Compré unas dos hectáreas que estaban al final de la civilización, sin ningún servicio... apenas una huella llegaba hasta allí. Estaba tan desastroso el lugar que no le dije nada a Alicia (risas). Pero bueno, pasó un tiempo y cuando se empezó a complicar todo por la crisis del 2000 le conté y tomamos la decisión de mudarnos acá y hacer algún emprendimiento. Ambos teníamos la convicción de que la tierra nos iba a salvar. Nos mudamos con los chicos, vivimos en una cabañita hasta que pudimos construir la casa. Cambié trabajos de mecánica por ladrillos y arrancamos. Nuestra idea era lograr una autosuficiencia económica".

Recuerda el matrimonio, como si hubiese pasado muchísimo tiempo, la primera Navidad que pasaron en la chacra, a fines del 2001:"Económicamente estábamos muy mal; de hecho lo único que teníamos para comer eran nuestros conejos y algunas verduras. Los chicos no querían comer conejo pero bueno, lo preparé al disco -que queda exquisito- y se lo comieron todo. Nunca nos vamos a olvidar de esa Navidad".

La tierra de la familia Muñoz está rodeada de pequeñas parcelas productivas, a unos kilómetros de allí hay productores de cerdos y se ensayan cultivos de vid en dimensiones más importantes. Las propiedades cultivadas se extienden prácticamente hasta la Colonia San Francisco Oeste, jurisdicción de Senillosa. (Ver "Historia de Acá").

Al poco tiempo de llegar a Plottier, la familia Muñoz conoció el Programa Social Agropecuario (PSA), en cuyo marco junto a un grupo de seis pequeños productores comenzaron a producir pollos de chacra, "pollos parrilleros". Pero antes de empezar a producir pollos hicieron una prueba con conejos: adquirieron 60 madres y 200 conejos, pero comprendieron que era difícil venderlos en vista de que la población no tiene el hábito de comer este tipo de carne, entonces decidieron dedicarse a los pollos mientras elaboraban otro proyecto que les gustaba: cultivar frutillas.

Desde que comenzó hasta el presente, Muñoz compra los pollitos en una cabaña en Buenos Aires; "desde hace años parte de nuestros ingresos provienen de aquí", relata.

Paralelamente a este programa de autoconsumo del PSA al que se sumaron, asumió la intendenta Pilar Gómez. "Ella fue la que nos empezó a entusiasmar con hacer fruta fina. La intendenta, que trabajaba en esto con el Ente de Desarrollo de Plottier, nos pidió que elaborásemos un proyecto viable y pusimos manos a la obra. Nos asesoramos y nos decidimos por hacer frutillas. Hicimos una suerte de plan de negocios. El capacitador fue el ingeniero Julio Grondona, un hombre muy criterioso y que hizo toda la contención al grupo de productores que nacían a esta nueva actividad en medio de enormes dificultades. Emparejamos la tierra, hicimos los bordos o camellones y por gestión de Grondona y debido a unas demoras que sufrimos por parte del municipio y de la provincia, llegaron a la Cámara del Limay las primeras 12.500 plantas de frutillas y luego el mulching y el goteo para plantar un cuarto de hectárea".

"Así -cuenta Alicia- comenzamos nuestro sistema productivo y de ventas". Cuando tuvieron la primera producción, Erik hizo con restos de madera de un aserradero los cajoncitos para comercializar las primeras frutillas suyas y las de otros productores vecinos.

"Para nosotros todo fue cuesta arriba, pero todo sumó, todo se convirtió en experiencia. Continuamos con las frutillas hasta el día de hoy", comenta Erik, que es quien tomó la decisión de qué camino productivo encarar.

"Hacer frutillas es un proyecto interesante para pequeñas propiedades como la nuestra, con suelo un tanto arenoso como el que tenemos en esta zona. Fuimos cambiando de variedades, probando y probando. Con algunas variedades (Aroma, Selva) llegamos a sacar 60 kilos de frutillas por día. Tenemos producción de octubre a mayo".

Ahora producen Albión 1, una variedad muy dulce y resistente que cultivan de modo prácticamente ecológico. "Luchamos contra hormigas, arañuelas y pulgones con control biológico, imaginate que nuestra fruta debe consumirse tal cual la sacás de la planta, sin que medie otro proceso. De esta variedad estamos sacando unos 40 kilos por semana en verano. En cuanto a las plantas, si las cuidás muy bien tienen unas cuatro temporadas de vida".

Pusieron en producción su parcela y luego les facilitaron un poco más de suelo para que crecieran. La capacitación incluyó el aprendizaje de buenas prácticas para la manipulación de la fruta.

Actualmente la familia le vende gran parte de su producción a Dulce Malvinas, de Neuquén.

Erik considera que su emprendimiento anduvo bien y que le permitió dar sustento a toda su familia. "Para una familia como la nuestra el proyecto fue sustentable. Mi mujer tenía razón en el 2000: la tierra nos iba a salvar... y nos salvó. Está bien que invertimos y debemos reinvertir, pero con esto vivimos dignamente".

Al igual que los Muñoz, varias familias tienen emprendimientos similares, de frutillas en combinación con otra producción. Veintiséis de ellas producen también pollos y ya están organizados en una cooperativa.

Los hijos varones del matrimonio, Elías y Franco, ayudan a trabajar la parcela, al igual que el resto de la familia, cada cual con sus responsabilidades. "Aun así cada uno tiene sus sueños; la hija mayor, Stefani, quiere ser periodista y la menor es demasiado chica para saberlo", cuenta su madre.

"El PSA desapareció a fines del 2008 y quedamos en la órbita de la subsecretaría, bajo un proyecto que estimuló la Federación Agraria Argentina. Por estar vinculado con el PSA, en el 2005 me eligieron representante de una Mesa de Unidad Provincial; es la mesa donde caen todos los proyectos como los de mi familia. Debemos evaluarlos y aprobarlos o no".

Con esta actividad Muñoz profundizó su voluntad de ayudar a pequeños productores. "Para mí el PSA fue fundamental; en el período de pico de la crisis ayudó a paliar la pobreza, pero después se quedó. Urge ahora pensar en políticas", reflexiona.

Tambaleando el PSA, Muñoz busca una estructura que respalde a pequeños productores y encuentra que la Federación Agraria Argentina cuenta con un proyecto para agricultores familiares.

En la Patagonia la Federación Agraria Argentina tenía una referente, Irene Mujica, una apicultora de Aluminé. "Yo traje acá la federación de la mano de Irene y creamos acá en Plottier la Filial Confluencia de la Federación Agraria Argentina. Esto fue en la primavera pasada. En realidad nuestra preocupación por una asociación que nuclee a pequeños productores venía de antes, del mes de abril, cuando me enteré de que el Programa Social Agropecuario no iba a continuar".

Atento a esa inquietud, Muñoz se acercó a la Federación y puso en conocimiento de las autoridades la situación de los pequeños productores de Neuquén. Le dieron su aval para formar aquí la filial. A la primera convocatoria fueron 42 pequeños productores de la zona. Aclara que no es político ni abraza una bandera política: lo único que pretende es fortalecer la voz de los más chicos, los que buscan un desarrollo rural genuino. Y su caso puede ser un ejemplo.

En la Filial Confluencia hubo elecciones, se eligió a Muñoz presidente y -cuenta su esposa- hay una gran cantidad de mujeres en el grupo.

 

SUSANA YAPPERT

sy@fruticulturasur.com



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