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Soledad global

En su último libro, "Conectados al vacío", Sergio Sinay indaga en la relación que existe entre la tecnología, el vacío y las nuevas formas de relacionarse de las personas.

Conectados al vacío", el último libro de Sergio Sinay, describe el estado de soledad global que impera en estos tiempos en que a través de las nuevas tecnologías es posible entrar en contacto virtual con un número inimaginable de personas aunque esto no signifique establecer un verdadero vínculo con el otro. "Esas tecnologías son lo suficientemente atractivas, seductoras y fáciles para ser fértiles en un vacío que es previo a su existencia, pero ellas vienen a crear la ilusión de que lo llenan: el vacío vincular tiene mucho que ver con el vacío existencial, relacionado con el sentido en la vida de una persona. Ahí nace", sostiene el investigador.

"El sentido en la vida está muy vinculado con el otro: la crianza de un hijo, el dedicarse a curar, crear artísticamente... Y aparece cuando tenemos conciencia de que nuestra existencia depende y está convalidada por la existencia del otro y empezamos a actuar en consecuencia", apunta el autor de "Elogio de la responsabilidad", "La sociedad de los hijos huérfanos" y "La masculinidad tóxica", entre otros libros. En medio del bullicio de la gente que conversa tomando café en una librería de Palermo, Sinay subraya que "las tecnologías traen la promesa de la comunicación pero solamente aportan conexión".

"La realidad virtual implica el no registro del otro, lo justifica. ¿Cómo se puede decir que una persona no está comunicada si tiene 5.000 contactos? ¿Te parece que no está comunicada?", ironiza. "Yo hablo de artesanado vincular y hago especial hincapié en eso porque digo que la comunicación entre las personas es y será siempre artesanal -asegura reforzando la idea principal del libro-. Cada vínculo es único. No puedo aplicar un patrón; sí puedo generar contactos llenando un formulario. Un vínculo se hace de a uno como un artesano hace sus piezas: él sabe cuántas rompió hasta llegar a esa pieza única que no podrá ser reproducida en serie. Esto lo traslado a la relación entre los seres humanos".

Desde la mitad del siglo XX, "las tecnologías pasaron de estar al servicio del ser humano a invertir los términos: ahora el ser humano está al servicio de la tecnología. Uno tiene que tener los últimos aparatos para no ser excluido, para tener identidad o ser aceptado. Y, además, hay que tener la tecnología actualizada", resalta Sinay. Y ejemplifica: "Solamente en la Argentina se tiran anualmente 100.000 toneladas de chatarra electrónica y en su gran mayoría las personas la tiran sin haber conocido todas sus funciones porque salieron nuevos modelos".

El autor previene también sobre los peligros a los que se enfrentan las nuevas generaciones: "Desde la ruptura con los padres, que se rinden ante las tecnologías y pierden la comunicación con sus hijos, al empobrecimiento del lenguaje y, por ende, del universo: la historia puede llegar a condensarse en seis palabras como lo propone una revista por internet".

"A estas nuevas generaciones les cuesta narrar. Y les cuesta narrarse -advierte-. Yo hablo bastante con pibes y les digo: 'Pará, pará, decime toda la frase', porque van reemplazando por onomatopeyas. Contame quién sos, con qué soñás. No hay relato. Lo que entra por la mano con el mouse llega hasta la mente, que trabaja igual, cliqueando. Saltando a la próxima pantalla o abriendo cinco o seis pantallas diferentes".

El tema, plantea Sinay, "es cómo romper ese círculo, y los padres tienen una enorme responsabilidad. Tienen que poner estrictos límites al uso de la computadora, en cuanto a horarios y en cuanto a usos. Aprender a usar la tecnología a favor de sus hijos. Hay que invertir tiempo en ellos".

Los adultos también tienen que ponerse límites, remarca el investigador: "Tengo que tomarme un tiempo para mis amigos, vernos la cara, conversar con mi pareja, apagar los aparatos, caminar, volver a la artesanía. A la larga vas a tener comunicación, vas a establecer vínculos. Hay que hacerse cargo de la propia vida: la tecnología es la herramienta, no nosotros". A su juicio es importante reconstruir la cadena "y saber que cada uno nació en una generación pero nadie nació en el vacío. La inmediatez de las nuevas tecnologías, con esta ilusión de la respuesta inmediata desde la cual todo es posible, nos hace creer que se puede manejar y controlar el destino. Que uno no viene ni va a ninguna parte y todo se va a jugar en el tiempo de una vida".

"Si la historia comenzó conmigo y va a terminar conmigo, no tengo nada que cuidar, nada que dejarles a los que vienen, y no tengo nada que agradecerles a los que me precedieron -esboza-. Que se vayan todos al diablo y yo me voy a dedicar a mí mismo". Para Sinay, "éste es el paradigma en que vivimos y las tecnologías de conexión -al ir cerrando a cada persona en sí misma bajo la ilusión de que está conectada- van reproduciendo este modelo, donde lo que se reproduce es una sensación de infelicidad, de angustia existencial generalizada".

¿Por qué no soy feliz si tengo acceso a tantas cosas? "No estás trabajando en la respuesta esencial. ¿Para qué vivís? ¿Para tener la computadora más nueva....?", interroga. "En el fondo, yo creo que éste es un libro sobre los vínculos humanos, más que sobre las tecnologías. Y sobre el estado actual de los vínculos. Elegí entrar a esa reflexión a través de las nuevas tecnologías porque es una manera de hablar de los vínculos humanos en tiempo presente". (Télam)

 



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