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Le robaron el último show
La imagen del presidente de EE. UU. -afecto a los golpes de efecto mediáticos- esquivando el calzado fue el cierre de un período cargado de episodios irritantes y vergüenzas públicas para él.

El periodista televisivo iraquí Mountazer al Zaidi le robó el último show a George W. Bush. El zapatazo de Bagdad persistirá como una imagen sobresaliente del último viaje oficial del presidente estadounidense por Irak y Afganistán.

"Se desbarató la esperanza de Bush de vivir una visita de despedida triunfal", señaló el diario conservador "Washington Times", lamentando los hechos. En lugar de ello habrá "muchas bromas con el zapato", presagió con acierto el mismo Bush poco después del hecho.

Casi de forma simbólica para los desafortunados ocho años de su presidencia, una afrenta pública estampó el sello final a su último viaje oficial al extranjero. No en vano su mandato está cargado de imágenes irritantes y vergüenzas públicas.

El impopular presidente quiso celebrar los éxitos de las "jóvenes democracias" con visitas relámpago en las zonas conflictivas seis semanas antes de su despedida de la Casa Blanca. Bush está orgulloso de los últimos progresos en Irak: cree que la nueva estrategia y el aumento de las tropas son la llave para lograr más estabilidad.

El político republicano sigue creyendo que Irak y Afganistán serán "fanales" y "bastiones de la libertad y la paz" en el mundo islámico. Incluso en el zapatazo pretende Bush reconocer el progreso: "Eso es lo que sucede en sociedades libres", dice.

El "New York Times" se refirió al mismo como un "acto de profundo simbolismo que refleja las distintas percepciones sobre el hombre que derrocó a Saddam Hussein, que ordenó ocupar el país y que llevó libertades de costos inmensos al país, impensables bajo Saddam". Bush cree que la campaña militar en Irak será finalmente la historia que corrobore el éxito de su política.

Pudo, en efecto, firmar el acuerdo para la retirada de las tropas estadounidenses en el 2011 con el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, en un marco pomposo y festivo, pero ¿qué puede significar eso comparado con el espectacular ataque contra el hombre más poderoso del planeta, contra las iracundas maldiciones de un iraquí de 28 años que calificó a Bush de "perro" en nombre de "los asesinados, las viudas y los huérfanos"?

LAS MÁS RECORDADAS

Ya son muchas las imágenes perturbadoras, indignantes y vergonzosas que han quedado impregnadas en la memoria colectiva de todo el mundo como recuerdo de la era Bush y que marcarán su figura por mucho tiempo.

Escenas incomprensibles como aquella con la clase de alumnos de Florida cuando un asesor le informa de los atentados del 11 de setiembre y Bush continúa leyendo del libro infantil. Poco después, su imagen triunfal en un portaaviones anunciando el "fin de las operaciones bélicas importantes" en el invadido Irak, que aún sigue en guerra. O tomas dramáticas como las de los humillados y castigados presos iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib. O imágenes alienantes como cuando Bush mira la destruida e inundada Nueva Orleans desde la ventana del Air Force One tras el paso del huracán Katrina.

Y muchas, muchísimas imágenes cómicas. Por ejemplo, cuando el político texano sale bailando, ya sea con niños durante las fiestas de Navidad, con miembros de tribus africanas o incluso solo, dando pasitos sobre las escaleras de la Casa Blanca. O la cara de susto de la canciller alemana Angela Merkel cuando Bush le empezó a masajear los hombros durante la cumbre del G8 en San Petersburgo. Ahora, en Bagdad, se han unido a esas imágenes nuevas escenas de una presidencia accidentada, desde muchos puntos de vista.



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