>
"Todavía hay causas para defender en este mundo"

Reconocido como uno de los intelectuales de mayor formación en la Argentina de la transición, Feinmann acaba de publicar "La filosofía y el barro de la historia", una sustanciosa exploración sobre pensadores que nos ayudan a comprender esta cuestión tan apasionante que es la vida.

-No venimos para hablar de Argentina, el sistema político, el peronismo, el radicalismo, los Kirchner, retenciones sí retenciones no, Carrió, 2009... en fin, de política mire desde donde se la mire. No queremos hablar de hojarasca.

-¿Y entonces?

-Y entonces venimos a hablar de filosofía, pero si usted nos saca este gato de encima, mejor.

-Andate -sentencia Feinmann y "Kochka", uno de sus gatos, parte con andar cansino y gesto maula. Su propietario acota: "Ahora no hay excusas".

-En el cierre de su libro usted apuesta fuertemente a la esperanza en un mundo mejor a pesar de que reconoce que vivimos acorralados por peligros cuya naturaleza y proyección de cara al futuro sitúa incluso en términos de poner en jaque el planeta. En alguna medida orilla lo poético. ¿Está tan seguro de que en el marco de semejante entrevero la filosofía está ante una inmensa oportunidad para ayudar a buscar un mundo mejor?

-Permítanme un "no" de entrada. Yo no le acredito a la filosofía esa responsabilidad. De lo que sí estoy convencido es de que hoy hacer filosofía es luchar a favor de la libertad de nuestra conciencia. Defenderla del poder, que acelera su capacidad de agresión, agresión que es un signo que marca a fuego este tiempo y se proyecta sobre el futuro en términos cada vez más graves. Es decir, la filosofía defendiendo la libertad por los estrechos senderos que van quedando para defenderla y poder, entonces, ensancharlos, ampliarlos. Es apostar a un mundo distinto; pensar, como lo digo en el libro, en un mundo que no esté pendiente de los extremos: terrorismo y contraterrorismo, por ejemplo. Hablo de buscar lo que defino como un "nuevo concepto de razón" que nos ayude a encontrar, a establecer un espacio de cordura ante tanta demencia suelta. Cuando se lucha a favor de la libertad se lucha a favor de la vida. Y ya que se atrevió a llegar al final de mi libro, sabrá que estoy convencido de que en este mundo aún existen muchas causas por defender.

-Su reflexión me recuerda a ese capitán francés al que, en una de las novelas de la polémica trilogía del derechista Laterguy, después de la derrota de Francia en Indochina su antiguo coronel va a buscar para ir Argelia y él le dice que en los momentos de grandes tumultos siempre hay alguien que hace collares de cuentas y eso es lo que quiere hacer él. ¿En el futuro el filósofo no podrá hacer collares de cuentas?

-Reflexiono en términos del título de mi libro: "La filosofía y el barro de la historia". Un ejemplo: a Voltaire, un pensador formidable, no le toca un tiempo fácil, neutro; todo lo contrario, son tiempos que reclaman cambios, hablan de revolución. Y él no es ajeno a su tiempo. En procura de apurar la historia se mete en el barro de la historia, como lo hizo Sartre; juega entero en dirección a que se entienda la historia, el presente que le tocó vivir, y plantear que ese presente no es materia indócil: es modificable en más, en línea de ponerlo patas para arriba y hacerlo más justo de cara al futuro.

-¿Ése es el Voltaire de "Cándido o el optimismo"?

-Todo Voltaire es así.

-En sus clases sobre pensamiento político, Silvio Frondizi situaba ese libro como el resultado de una observación tan asombrosamente minuciosa de ciertas conductas humanas que deslumbraba por su vigencia.

-Sí, es una novela muy significativa sobre, entre otras cosas, el esfuerzo del poder para que nada cambie, para resignar. Voltaire la escribe desde la política, porque en el fondo, y así lo tengo yo definido, él es fundamentalmente un pensador de la política concreta. La política, el poder, son sus materiales. En él no hay abstracciones: siempre está instalado en la política. Lucha por un mundo mejor desde donde hay que luchar: la política.

-En su Diccionario Filosófico, Savater sostiene que Voltaire es la invención del intelectual moderno, un pensador siempre propenso a ejercer su vocación de intervenir en la cosa pública. ¿Coincide?

-Sí, es incluso un agitador. Él escupe sobre lo que yo defino como el "Cielo consagrado por el poder", una definición que me viene del año ´81, cuando en plena dictadura militar y asesina, unos pibes sacaron la revista "Medios y comunicación", a la que me sumaron como colaborador...

-...escribir en la tormenta...

-¡Y qué tormenta! Lo cierto es que en una tapa pusieron una leyenda: "Prohibido escupir en el cielo". En "La filosofía y el barro de la historia" digo que lo sacralizado, lo tiránico, siempre se elige como Uno y lo Único, se elige a sí mismo en tanto Cielo, en tanto divinidad, y prohíbe escupir sobre él?

-O sea, el poder necesita cielos?

-Cielos como mundos consagrados. No tocables.

(Sigue en la página 4)



Use la opción de su browser para imprimir o haga clic aquí