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ESPACIOS VERDES QUE ENRIQUECEN A UNA COMUNIDAD
el JardÍn BotÁnico de Nueva York es uno de los mÁs grandes del mundo y de los primeros de Estados Unidos. EstÁ en el barrio del Bronx y fue declarado patrimonio histÓrico nacional en 1967. Hoy es exhibido tambiÉn como ejemplo de los beneficios que aporta un bello espacio verde a toda una comunidad.

Con una extensión de un kilómetro y albergando 48 jardines distintos y una colección inmensa de plantas, el Jardín Botánico de Nueva York se muestra por estos días pre-otoñales de un modo magnífico y acogedor. Es que este mega jardín -uno de los primeros fundados en EE.UU y que se encuentra ubicado en el barrio Bronx, entre los cruces de las calles Kazimiroff y la N°200 de la East Street- es la prueba más impecable de que un cuidado y bello espacio verde puede insuflar suficiente energía social como para ayudar a la convivencia vecinal. De hecho, el Bronx, uno de los sectores más violentos de Nueva York, ha disminuido sus altos grados de tensión -en parte- por la oferta de espacios públicos adecuados para el esparcimiento.
El Jardín Botánico cuenta con paseos que permiten admirar sus 48 jardines diferentes, sus colecciones de plantas, cascadas y estanques donde se muestran exposiciones de plantas acuáticas de modo permanente. Es que el lugareño y el visitante pueden encontrar en el trayecto una representación de Naturaleza Virgen, donde se pueden apreciar gran cantidad de árboles como cerezos, robles, fresnos, tuliperos y abedules, que datan de la época en las que los colonos europeos desembarcaron en el siglo XVII.
Una visita imperdible es al invernadero de estilo Palacio de Cristal, forjado en hierro que data de 1890, o recorrer el jardín de grava estilo japonés, la rosaleda Peggy Rockefeller, donado por Beatrix Farrand en 1916 y un herbario con miles de especímenes.
El jardín cuenta también con una biblioteca con más de 50.000 volúmenes y múltiples y bien diferentes viveros.
En este sitio, por estos días, se exhibe también una colección de 20 obras del maestro Henry Moore (1898-1986),
que se ubican a lo largo de mil metros cuadrados de terreno. Este hecho, obviamente, sumó más visitantes al jardín que de costumbre. “Los hechos culturas siempre suman”, dicen desde la comuna neoyorquina.
Además de las esculturas se exponen varias maquetas, herramientas y objetos fundidos del estudio que el artista tenía en Perry Green, cerca de Londres, que ofrecen una idea más completa del proceso creativo de quien se considera uno de los escultores más importantes del siglo XX.
Henry Moore es conocido por sus grandes esculturas de mármol y bronce, generalmente figuras humanas desproporcionadas, con las que ayudó a introducir su particular forma de Modernismo en el Reino Unido, donde realizó su primera exposición en solitario en 1928.
La monumentalidad de sus esculturas responde a la intención del artista de que sus obras se ubicaran en amplios paisajes para que la gente pudiera apreciarlas desde distintos ángulos, con variedad de luces y en diferentes estaciones del año, además de acercarse a ellas y tocarlas.
En el Bronx también se destaca la colina Wave Hill, que no sólo tiene vistas encantadoras del Río Hudson y 28 hectáreas de parques, jardines e invernaderos sino que también tiene una mansión que data del 1843, que fuera la antigua residencia de Mark Twain, Theodore Roosevelt y Arturo Toscanini.
Aquí también hay una Pequeña Italia, llamada Belmont, cuya calle principal es la Avenida Arthur; lugares históricos, entre ellos la Cabaña de Edgar Allan Poe; City Island, con reminiscencias de un pueblo pesquero de Nueva Inglaterra; el Museo de Arte del Bronx; canchas de golf de nivel mundial y el Estadio de los Yankees, que se puede visitar siempre.

 



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