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La falacia de la \"mano dura\"

En el trabajo publicado bajo el título "¿Cómo enfrentar la inseguridad en América Latina? La falacia de la mano dura", Bernardo Kliksberg reflexiona sobre este recurso en términos de no ver en él un movimiento espontáneo, un dictado emocional ante la dialéctica que asume la inseguridad en la región.

Muy por el contrario: para él, el reclamo de aplicación de "mando dura" expresa una ideología "apoyada en teorías muy cuestionadas, incluso en sus lugares de origen".

Veamos algunas de las precisiones formuladas por el estudioso argentino en el trabajo publicado por Nueva Sociedad.

" Según su criterio, un ejemplo de esto es la "tesis de la tolerancia cero", basada a su vez en la "teoría de la ventana rota", que sostiene que hay que aplicar la máxima punición contra las infracciones más pequeñas, ya que pueden ser el antecedente de acciones criminales más graves.

" Engarzando su pensamiento con el sostenido por el sociólogo francés Loic Wacquant en su libro "Las cárceles de la miseria", Kliksberg afirma que la teoría de la ventana rota deriva inexorablemente en "guerras contra los sin techo y los mendigos y el combate a infracciones menores como la ebriedad y el ruido, en muchos casos desde enfoques claramente sesgados hacia las poblaciones de color, etnias o inmigrantes. Pero, además de las deficiencias de la teoría, la realidad latinoamericana es completamente diferente de la que en su momento dio origen a enfoques como el de la tolerancia cero. En la región, a diferencia del mundo desarrollado, muchos de quienes se encuentran en la calle no tienen adónde ir. Por otra parte, los mendigos, los vendedores ambulantes y las personas que cometen faltas menores son millones. Perseguirlos a todos implicaría un colapso del sistema policial y de justicia".

 

SIN EVIDENCIA

 

" Para Kliksberg, además, "es imposible demostrar seriamente que las políticas de mano dura han generado una reducción de la tasa de criminalidad".

" Apelando entre otros documentos a un informe de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), Kliksberg ejemplifica con lo sucedido en El Salvador, Honduras y Guatemala, "tres de los países latinoamericanos con mayores indicadores de inseguridad".

" En El Salvador se trató de "en

frentar el crecimiento de los maras (pandilleros) con las leyes de 'mano dura' sancionadas en el 2003 y luego, con las leyes de 'súper mando dura' votadas en agosto del 2004, que permiten, entre otras cuestiones, encarcelar a una persona por el simple hecho de tener un tatuaje. Aunque creció el número de detenidos, los homicidios continuaron incrementándose: 2.172 en el 2003, 2.762 en el 2004 y 3.825 en el 2005. En los ocho primeros meses del 2006 en promedio seguían ascendiendo y sumaban ya 3.032".

" En Honduras -señala Kliksberg- se adoptaron enfoques similares a los instrumentados en El Salvador. "Allí también es posible detener a un joven por tener tatuajes, por tener 'apariencia' de pertenecer a una mara (pandilla) o por reunirse con otros en su vecindario. Se agravaron además las penas y se extendieron los límites a los plazos de encarcelamiento de los niños y adolescentes de entre 12 y 18 años. Pese a ello, la tasa de homicidios hoy es casi seis veces el límite epidémico: 46 homicidios por cada 100.000 habitantes".

" En Guatemala, "además del enfoque de mano dura, se ha producido un veloz crecimiento de la seguridad privada, que en el 2002 ya implicaba un presupuesto un 20% superior al de la seguridad pública, con unos 80.000 guardias contra menos de 20.000 policías. Sin embargo, el número de homicidios creció el 40% entre el 2001 y el 2004 y hoy alcanza los 35 homicidios por cada 100.000 habitantes".

" "La mano dura ha fracasado -manifiesta Kliksberg- porque, entre otros problemas, tiende a responder indistintamente a las diversas formas de criminalidad. Esto impide diseñar políticas diferenciadas para problemas que son distintos. Esquemáticamente, podríamos decir que existen dos tipos de delincuentes: por un lado, el crimen organizado -bandas de narcotraficantes, mafias, grupos de secuestros, organizaciones de tráfico de personas y de robo de automóviles, entre otras-, que debe combatirse aplicando todo el peso de la ley; es necesario desarticularlo e impedir su desarrollo. Por otro lado, encontramos el incremento de la criminalidad joven, que se inicia con actos delictivos menores".

" En relación con lo anterior, Kliksberg recuerda que en "América Latina existe un 25% de jóvenes que ha quedado fuera del sistema educativo y del mercado de trabajo y por lo tanto se encuentra en una situación de altísima vulnerabilidad".

" Plantea entonces Kliksberg que, "si en lugar de abrirles -a esos jóvenes- oportunidades se les aplica el mismo enfoque que al crimen organizado, sólo se empeorarán las cosas. La homogeneización de la respuesta a los diversos tipos de criminalidad resulta, además de ajena a la ética, marcadamente ineficiente. En una encuesta realizada a integrantes de maras en Centroamérica una de las preguntas básicas fue '¿Por qué usted está en una mara? Probablemente lo mate una mara rival, la policía, la parapolicía o sus propios compañeros'. La respuesta, en la mayoría de los casos, fue: '¿Y dónde quiere que esté?'. El sentimiento de que se pertenece a algo, aunque sea a un infierno, puede más frente a la falta de respuesta de un Estado y una sociedad que muchas veces no ofrecen prácticamente nada. Un sector muy importante de jóvenes, en diversos países de América Latina, tiene un solo vínculo con el Estado: la policía; no tiene contacto con la escuela ni con el sistema de salud, ni siquiera con el correo, sólo con la policía en su faz más represiva".

" Para Kliksberg, el "efecto de la mano dura es generar 'carne de cañón' para el crimen organizado, que ofrece incentivos materiales y simbólicos, y ampliar su posibilidad de reclutar a jóvenes en situación de riesgo. El Estado, con ayuda de la sociedad, debería 'competir' con las bandas organizadas para reclutar a los jóvenes vulnerables hacia el sistema educativo y el mercado laboral. Si en lugar de eso se limita a reprimirlos, sólo conseguirá empujar a muchos al delito".

El trabajo de Kliksberg analiza la creciente preocupación por la inseguridad y las políticas de "tolerancia cero" aplicadas en distintos países. Concluye que no reducen el delito y sólo sirven para perseguir a los sectores ya excluidos.



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