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EN EL CHOCÓN, PARA EL MOMENTO DE ORAR
Se dice que es únicaen el país, lo que no cabe duda. Su construcción fue simultánea con la “obra del siglo”, especial y sencilla figura arquitectónica que se integra a las demás construcciones como complemento turístico con el museo municipal y lago Ramos Mexía.

Los latinos tomaron la palabra ecclesia “que por su etimología significa congregación, asamblea, para significar con ella, ya la república cristiana de todos aquellos fieles regidos por Cristo y en la tierra por el Papa, su vicario”, y también para nombrar “los lugares donde los cristianos se congregaban para practicar su culto”. Pese a lo precedente, esta nota no tiene carácter religioso -templo, “otros destinos” según cuenta la historia mundial- y sí describir sintéticos pormenores del bello edificio municipal -aunque parezca poco creíble así es- que sobresale en la arena, piedra y cemento de la neuquina Villa El Chocón, a orillas del lago Ezequiel Ramos Mexía. En los casuales encuentros con turistas recomendamos la visita “aunque no sean católicos”, les aclaramos.
El templo, hoy Iglesia Católica de Villa El Chocón, se inauguró el 1 de octubre de 1971 con visita presidencial, aunque originalmente mostraba sobre el altar, suspendido a cierta altura, solamente una imagen: Cristo crucificado (las fotografías lo prueban). La incorporación de una imagen de la Virgen, banderas de veintidós países -nacionalidades del personal que intervino en las obras del dique y viviendas- más los cascos se agregaron posteriormente. Aquella situación fue explicada por el diario capitalino “La Nación” en edición de 20 octubre de 1971, más de una página, titulado: “Villa El Chocón. Una iglesia para dos comunidades religiosas”. Agregaba como comentario: “El templo fue la última de las obras realizadas y en su ámbito se desarrollarán las celebraciones del culto de las comunidades religiosas que habitan en la Villa, que en este caso responden a la confesión católica y  evangélica”.
Aquellos pormenores no son motivo de esta nota; solamente acotamos sintética introducción sobre  el fin que originalmente tenía la construcción.
El proyecto y dirección de la obra estuvo a cargo de los arquitectos Juan Manuel Llauró y José Antonio Urgell, y asociados Antonini, Schon, Zemborain y Firpo, juntamente con los ingenieros Arturo J. Bignoli, Fernández Long y Regini y Federico B. Camba y Asociados. La zona de ubicación es la conocida como “Bajada del Chocón Chico”, en una de las mesetas que conforman el valle, entonces del río Limay, hoy ensanchado como lago Ezequiel Ramos Mexía, a 80 metros sobre el nivel del río, margen norte del embalse que “le brinda una amplia visual sobre el curso de agua y las zonas aledañas”, hoy ese lago y en la orilla opuesta, territorio de la provincia del Río Negro y poco más allá, sobre la costa, paraje “El Gigante” citado documentalmente hace más de doscientos años.
Los proyectistas aprovecharon una depresión natural del terreno (encajonado) y el techo nace prácticamente a nivel del principal acceso pavimentado al centro cívico y comercial y en el inicio de ellos, lindando con la plaza abierta y pública por un lado y bosque plantado (no nativo), pero con más de treinta años. Técnica y arquitectónicamente vale decir que “su ubicación en forma sesgada respecto del eje del centro cívico obedeció a la intención de no quebrar la continuidad del recorrido; ello permite relacionar en forma fluida la plaza seca superior con el atrio, a través de una escalinata –33 escalones– y una rampa; hasta él llega la red peatonal que sirve a las viviendas. De esta manera el templo, si bien claramente identificable, no constituye una masa estática dominante del total, sino, más bien, un foco de referencia para la población y visitantes y, por lo tanto, para el diseño del conjunto. Su planta, que es rectangular, se halla cubierta por un plano curvo y ascendente que termina rebasando la pared reglada de mayor altura, una línea de iluminación rasante cierra el espacio existente entre ambos”.
El techo, formado por una curva ascendente -posiblemente lo más llamativo, semejando el Arca de Noé- está constituido por vigas de hormigón premoldeadas con luz de 16 metros sobre las que se apoyan losetas  también premoldeadas, “con aislación térmica adecuada sobre la que se colocó cubierta de hipalón, aplicada en franjas horizontales de un mismo color, pero cuya intensidad va disminuyendo, desde el más oscuro y saturado en el arranque, hasta el más claro en la zona superior. Las paredes exteriores se construyeron en parte en hormigón armado, pues actúan como muros de contención”. El campanario (torre-tragaluz) –en el extremo izquierdo del altar– sobresale con forma de 1, con su simbolismo religioso, que se repite en menor tamaño en el extremo contrario. Tiene campana de bronce que se acciona desde el interior por medio de soga, al estilo tradicional. “La iluminación se logró con distintas entradas de luz, que se tamiza debido al color que suministran las chapas de poliester reforzado y ladrillos de vidrio. De esta manera, por medio de elementos arquitectónicos y una iluminación natural adecuada, se logró impregnar al ámbito del templo del carácter de austeridad y sosiego adecuado para las celebraciones religiosas”.
La sobria nave principal culmina en altar escalonado donde cuelga del techo el citado Cristo, tallado en madera por artistas suizos radicados en el país. El altar está constituido por placa de mármol blanco enteriza y detrás, sobre la pared vidriada fue agregado posteriormente el llamativo tronco petrificado que contiene imagen de la Virgen  llamada “Nuestra Señora de El Chocón, Patrona de los Embalses Argentinos”, obsequiada por una congregación religiosa femenina, contorneada por las banderas y cascos citados. Dos filas de bancos y apoya rodillas, de madera cordillerana, lo mismo que las puertas, denotan una especial fabricación carpinteril,  elaborados por industriales de la zona. Pisos de cerámicos rojos. Como en aquellos años la energía eléctrica se suministraba en forma gratuita a toda la villa, varias especiales estufas eléctricas completan el panorama interior para cuando las bajas temperaturas lo exigen. El conjunto cuenta con sacristía, bautisterio, habitación y baño. Cerca de la entrada principal o atrio de acceso se encuentra un piletón de arranque de acequias abiertas usadas para el riego de plantaciones.
El ripio y la piedra bocha son los principales elementos locales usados en los alrededores, principalmente en veredas, escaleras, muros de contención, etc. donde cada uno de ellos parece haber sido colocado con precisión milimétrica y “cumplir cada uno una función”, complementados con arena, cemento y cal. La armonía arquitectónica -qué otra definición podemos expresar como neófitos en la materia- se expresa en esa particular y única edificación y su entorno. Para visitarla.

 



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