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"No dejen que desaparezca"

Al personal de salud del hospital Castro Rendón:

Por circunstancias de la vida y gracias a Dios, hoy me encuentro internada en su hospital. Soy una ciudadana extranjera. Hace 9 años me diagnosticaron cáncer de mama y fui operada de un tumor en una de ellas, desgraciadamente con mal pronóstico.

Más de cuatro años atrás el cáncer pasó a ser de grado IV, con metástasis en todo mi cuerpo, sobre todo en los huesos, impidiendo que me levante de la cama y postrándome literalmente en ella. Comencé con cuidados domiciliarios, paliativos, esperando el terrible desenlace al que todos, de una manera u otra llegaremos. Tengo marido, tres hijos y un nieto hermoso, que son la fuente de mi energía para vivir día a día, aparte de nuera y otros familiares que hacen un vínculo familiar lindo y me dan fuerzas.

El pasado 21 de febrero, por un acontecimiento especial de un familiar, decidí junto con mi familia venir a estar con mis hermanas que viven en Neuquén, con todo el sacrificio que ello implica. Los días pasaron y los dolores fueron profundizándose más y más, haciéndose insoportable hasta para dormir. El tramadol y paracetamol ya no hacían efecto.

El 27 de febrero, es aquí donde de alguna manera Dios me los presentó. Sin dejar a nadie de lado, desde el camillero, chofer de ambulancia, la doctora Yuri y su equipo de paliativos, los enfermeros a la Guardia y Traumatología, "Tita", los traumatólogos, mucamos, maestranza... a todos gracias, gracias y mil gracias, solamente Dios y algunas personas se dan cuenta de la humanidad, humildad, vocación, esfuerzo, que ustedes realizan sin tener en cuenta razón social o nacionalidad.

Hoy estoy medicada y, por sobre todo, sin dolor. Uno de mis huesos se había fracturado, uno de mis tantos huesos que están llenos de metástasis, quizás por estar sentada mucho tiempo o por algún movimiento mal hecho.

Espero que la gente de Neuquén se dé cuenta de lo que tienen y no dejen que este hermoso hospital desaparezca. En mi país la salud es privada; sólo los que tienen dinero pueden acceder a ese beneficio. El resto, como yo, tenemos que esperar a la guadaña en la casa y muchas veces con dolor.

Al personal del hospital les digo otra vez ¡gracias! Y sigan luchando hasta que el gobierno y la sociedad los reconozcan como se lo merecen.

Ana Aroca

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Neuquén



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