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HACIA EL ÚLTIMO CONFÍN Y MÁS ALLÁ
Lennox Hotel Boutique, una puerta hacia un sinfÍn de posibilidades en el centro de la ciudad mÁs austral del mundo.

xplorar hasta el fin del mundo. Trasladarse en tiempo y espacio. Conocer hasta el último rincón del mapa. El ser humano siempre ha querido ir más allá, desafiar a la naturaleza y bucear cada uno de sus cantones. Pues no se puede llegar más lejos que esto… el fin del mundo. Y aquella sensación de estar lejos de todo pero cerca de lo que verdaderamente se suspira ya no es un desafío tanto más que una realidad. Recostada sobre el canal de Beagle, envuelto por el monte Martial, Olivia y Cinco Hermanos, se erige la ciudad conocida como la más austral del mundo, Ushuaia.
Y entre azules, verdes y los aires más puros, el Lennox Hotel nos abre sus puertas. “Ushuaia fue una fuente de inspiración en el momento de diseñar el hotel. Su paisaje, el lugar y su gente fueron determinantes… siempre me genera ganas de volver, cada vez que voy me gusta más. Me parece un lugar místico, tiene una esencia, es un lugar único”, Diego Agnelli, creador del hotel. “Porque sólo hay un fin del mundo y es Ushuaia”.

UN ENCANTO EN CADA RINCÓN
En aquella ciudad curiosamente el viajero desea ubicarse en su centro. A tan sólo seis kilómetros del aeropuerto, el Lennox Hotel Boutique está a pasos de las actividades más atractivas.
En un inglés perfeccionado, castellano u otro idioma en el que valiera la pena hondar, le abren la puerta las 24 horas y lo invitan a disfrutar.
Un espacio de superficies planas y modernas que esbozan suelos iluminados, paredes espejadas y revestimientos de madera.
Ubicado sobre la avenida principal –San Martín– de una de las ciudades más transitadas, pero así también hogareñas que la Argentina tiene para ofrecer, el Lennox Hotel es aquel nido joven cercado de la cultura más ancestral. Con vista a la avenida principal, al jardín zen o bien al Canal Beagle, aquella foto no será menos que una postal a su medida. Las paredes parecieran oír y así cumplir cada deseo; y así cada una de las 30 habitaciones pareciera ser la única existente, con nombre y apellido, gustos y preferencias. “Ofrecemos un servicio a la medida de las necesidades de cada huésped, donde cada uno de ellos es un desafío distinto”, señala Diego Agnelli. “La creación del hotel fue un desafío y un sueño. Fue imaginar algo desde cero. Crear algo nuevo a imagen y semejanza de lo que uno quiere; esto lo convierte en un proyecto muy personal.”

CALIDAD Y COMPROMISO
Salón de tevé con pantalla plasma, ambiente de lectura con Salamandra, desayuno buffet con vista inmejorable al Canal Beagle. Pero no sólo se trata de una buena experiencia, un saludo cordial o internet inalámbrico en cada uno de sus espacios. Pues el Lennox Hotel se diferencia tanto por lo que evoca como por sus reconocimientos. Así, y en manifiesto a la importancia que se le concede al cuidado por cada detalle y al servicio personalizado, el establecimiento fue el primer hotel boutique receptor de la certificación de Gestión y Calidad ISO 9.001. Una metodología exitosa que impulsa a la organización a la mejora continua, basada en manuales, normas, políticas y procedimientos dentro de la excelencia en servicio y calidad. No es de extrañarse entonces que cada sector se destaque por sí solo, respetando siempre, claro, la identidad del hotel. “Teniendo una estructura y una columna vertebral armada nos permite pensar en el futuro, con la posibilidad de abrir otro hotel en Buenos Aires y en distintos lugares del país, con la misma filosofía”.

CERCA DE CADA PIEDRA
En el corazón de Ushuaia. En la zona más importante e incluso sobre la avenida principal. La ubicación del Lennox Hotel es algo inmejorable. Tan lejos como cerca; un viaje hacia lo mejor del diseño, pero a sólo pasos de los mayores atractivos de la ciudad.
Una caminata hacia la excursión, unos minutos hacia el puerto, algunos otros hacia el casino, el campo del golf y los museos. En el camino una degustación de la mejor variedad gastronómica con bolsa en mano de algunas de las tantas tiendas que decoran las calles.
Así, el confort, la distinción y la naturaleza se combinan y abren paso a un abanico de posibilidades. Para aquellos que no han ido, hay tanto más de lo que imaginan, y para aquellos que ya han estado, hay tanto más por descubrir. En verano podría explorarse a pie, a caballo, en tren e incluso navegando.
En invierno, uno puede desplazarse esquiando, en moto o trineos de nieve tirado por perros. Pero siempre habrá algún destino desde el Lennox Hotel que cuenta con el mejor asesoramiento turístico y traslado a cada una de las excursiones. Pesca, trekking, cabalgatas, parques nacionales, centro de esquí, avistaje de aves y navegaciones son sólo algunas de las actividades que más tentarán a la diversión.
Pero sí de encantar se trata, será el aroma de la cocina fueguina y los sabores más intensos que cautivarán a todos los sentidos más que sólo al paladar.
Y después de un rico cordero patagónico a la próxima excursión. Un día algo mas nublado podría ser propicio para el Museo Marítimo Naval, antes Presidio del Fin del Mundo, que, construido entre 1902 y 1920, es una cárcel que guarda retazos de la historia de Ushuaia, de sus primeros colonizadores y de las expediciones a la Antártida.
Sale el sol, y el día se presta para tomar aire y ver los mejores paisajes, desde un barco. Así, desde el puerto turístico de la ciudad aguarda ansioso el “Barracuda”, primer barco turístico de Ushuaia. Siempre listo, el Barracuda sale de la bahía y delinea el Canal de Beagle, danza alrededor de las islas de Los Lobos y Los Pájaros hacia el faro Les Eclaires. La postal más recordada de todas.

VAGONES CON HISTORIA
El Tren del Fin del Mundo arranca. Recorre algunas de las 60.000 hectáreas del Parque Nacional Tierra del Fuego. Y entre los bosques patagónicos que acogen historias y anécdotas por sí solas, la guía relata las suyas. “A su derecha”, “a su izquierda”, “bajo suyo…” Pues, son vías que alguna vez fueron construidas por presos para un tren que alguna vez cargó madera hasta el centro de la ciudad.
Un cóndor vuela sobre un bosque milenario y el cielo se prende de sus verdes, más verdes y tantos matices.

EL MUNDO SOBRE TABLAS
Blanco e inmaculado. A 26 kilómetros de la ciudad aguarda tranquilo el cerro Castor. De pronto, velocidad, altura, nieve en polvo, y algo más de cerca ya no es mucho más quieto que la propia acción. Amantes de la nieve y fieles de las tablas arriban de diferentes lugares del mundo para ser testigos de la magia que acarrea el descenso en su confín más austral. Las tablas danzan sobre las nieves más frescas en cada una de sus pendientes. 23 pistas y un sin fin de ángulos por deslizar.
Baja el sol y saluda la luna. Así como la propia ciudad, el fin de un camino, pero sólo el preludio de uno y tantos más.
El fin del mundo y la entrada hacia otro pleno de colores y posibilidades. Siempre habrá otro destino, siempre habrá por qué volver.


Colaboró: Florencia Tapia Gómez, de relaciones institucionales de IGGY
Más fotos inolvidables, en rionegro.com.ar/blog/eh

 



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