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Nuevos actores en la fruta
En 1925 el Alto Valle de Río Negro tenía apenas 640 hectáreas de plantas frutales, árboles dispersos en una tierra que se poblaba lentamente entre alfalfares, viña, hortalizas y médanos que se alzaban a cada lado del río. Los pueblos iban apareciendo con igual constancia entre el agua y los rieles.

Poco después, en 1928, la empresa inglesa Ferrocarril Sud creó la Argentine Fruit Distributors SA (AFD), que construyó en 1929 los cinco primeros galpones de empaque en las playas ferroviarias de Cinco Saltos, Cipolletti, Allen, kilómetro 1.156 y Villa Regina, transformando por completo el empaque y la comercialización de la fruta, manejado monopólicamente.

En 1965 los frutales ya superaban en superficie a cualquier otro cultivo, cubriendo 22.360 hectáreas. El mercado interno de peras y manzanas ya estaba abastecido y se exportaban 240.618 toneladas de manzanas y 42.714 toneladas de peras. De modo que entre esos años la economía de esta región patagónica se definió. Allí estaban los cimientos de la fruticultura. Aparecían los aspectos básicos de su organización: el tipo de cultivos, fundamentalmente peras y manzanas y sus variedades; el transporte, del ferrocarril se pasó al transporte de fruta en camiones; aparecieron los primeros galpones y frigoríficos; el comercio se reorganizó tras la salida de capitales ingleses del negocio, luego de la venta de los ferrocarriles al Estado. El panorama que se abría a partir de este hecho era otro e incluía nuevos actores.

Allí se inscribieron nuevos personajes, que transitaron por los grandes mercados de abasto, que recorrieron miles y miles de kilómetros ofreciendo y comprando frutos del país. Ellos eran los que conocían el negocio de la fruta. A esos nuevos personajes se los llamó "intermediarios", "fruteros", "exportadores", "agentes", "socios comerciales", según quién y cuándo.

Algunos de estos nuevos actores que se sumaron a la sociedad valletana se enteraron de la emergencia de este oasis en los grandes mercados; otros, entre los contingentes de inmigrantes y cosechadores que se movían por las distintas regiones del país o en el gran nodo que representaba la estación de trenes de la Capital .

Así llegó José Bizzotto a Río Negro, en momentos en que el Valle nacía. Empezó cosechando fruta una temporada, comprando y vendiendo fruta en distintas regiones argentinas y en países limítrofes. Luego fue encargado de una firma frutícola del Valle, en la que afianzó sus conocimientos sobre el mercado de la fruticultura regional. Era el tiempo en el que en el galpón de empaque y en el frigorífico se tejían vínculos estrechos entre el personal y los dueños, casi familiares. Gran cantidad de familias de la localidad encontraron en el galpón de Mariani y Bizzotto su primer trabajo y con él su primer escalón en aquella realidad que quedó lejos en la Argentina, la del ascenso social.



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