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LACÁMERA: FORMAS DESPROVISTAS

Austeridad e intimismo; pensamiento puro y forma pura; colores que se deslizan sobre los ambientes humildes, inadvertidos y sin estridencias, como la vida de los habitantes de esos lugares, como los inmigrantes internos y externos de La Boca: obreros, fabriqueras, marinos, prostitutas, artistas, punguistas. Fortunato Lacámera trabaja desde los once años como ferroviario, nunca abandona el barrio. Dice de su obra:

"Mi tarea ha consistido, principalmente, en una búsqueda tenaz de las formas desprovistas de toda añadidura innecesaria. Pero no ha tratado de dar con el esqueleto sino con el espíritu. En esta tarea fue siempre mi predilección la luz proyectándose en un ambiente de vivienda humilde. He pintado varias veces esta escena y ahora creo haberlo logrado"...

"No pinto nunca lo que veo por primera vez, dejo venir viejas las cosas para interpretarlas. Siendo mi temperamento intimista, son los tonos bajos, los ocres mis preferidos".

Tres respuestas del artista: "Pienso en lograr una síntesis extrema, en resolver problemas de tonos con un mínimo de recursos". Sobre los tonos ocres, oscuros que utilizaba: "Con colores vivos es fácil lograr efectos, yo quiero expresarme con los ocres, que es más difícil". Y, acerca de qué piensa cuando pinta, dijo: "Nada siento cuando pinto; pienso, únicamente".

Su taller estaba en la calle Pedro de Mendoza. En el edificio, al término de la escalera, hacia el fondo, el taller de Miguel Victorica; hacia el frente, el suyo, con sus balcones abiertos a la luz y a la Vuelta de Rocha.

En "Serenidad", Lacámera plantea uno de sus tópicos: las telas, que tienen un protagonismo importante en su obra. La cortina, dispuesta sobre la pera, sirve para otorgar relieve de escultura al cuadro, porque así adquiere solidez, contundencia. Sin embargo, pese a esa condición de sólido, el conjunto parece estar en el aire, suspendido. (G.B.)



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