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Un monumento para Byron
Johnson llegó al "Rojo" con pocos antecedentes. Fue clave en el ascenso y hoy es el goleador de la A.
Jim Ratiff fue el "negro simpático" que se paseó por un Neuquén pueblerino. Melvin Johnson,el que llenó los ojos de básquet. Y Willie Ladson, un laburante carismático que siempre tenía un "toquito" de autógrafos para repartir después de los partidos. Todos dejaron su huella en Independiente y parecía que la historia se terminaba. Pero no, llegó Byron Johnson, un mix perfecto de sus antecesores.

Sin registros en el básquet nacional, Independiente lo eligió y asumió todos los riesgos. Desde la risueña reducción de centímetros en el viaje Estados Unidos-Argentina, hasta los números "dibujados" por algunos representantes. Byron arribó al sur del país con el mínimo objetivo de cumplir y al final le sobró paño.

Tuvo un período de adaptación lógico, con algunas producciones flojas que, incluso, le dieron paso a rumores de recambio. Pero al mismo tiempo, BJ se encargó de guardar todas las dudas en los archivos. Se acomodó y empezó a ser un dolor de cabeza para los técnicos y jugadores rivales.

Su mejor versión se vio en los play offs, la etapa más caliente del torneo. Cuando las papas quemaron, apareció Byron y con él todas las soluciones. Sin que Independiente tenga el pasaporte a la A en el bolsillo, el extranjero de Pennsylvania sacó chapa de ídolo.

Fue el 10 de mayo, cuando el "Rojo" se puso 2-1 ante Pedro Echagüe. Una corrida fenomenal, de "costa a costa" definió la historia a favor del quinteto neuquino, en un partido para el infarto, que llegó al suplementario. Empataron en 57, pero gracias al coraje de Byron fue victoria por 67-65 y el team sureño quedó al borde del ascenso. Esa noche, aunque faltaba un juego, Independiente se sintió en la elite.

Y 48 horas más tarde, la confirmación. Se cumplió con un trámite (81-60) y hubo locura, después de 14 años de espera. Para no perder la costumbre, el "todoterreno" fue el goleador de la noche y estuvo a tono con esa "locura" porque terminó con...22 puntos.

Sin ser escalofriantes, los números de Johnson fueron más que suficientes para ser finalista del TNA y subir a la A. Promedió 18.8 puntos, 7.7 rebotes, 1.9 tapas y 1.4 recuperos, en una media de 31.9 minutos durante 38 partidos.

Pero lo mejor de Byron estaba por venir. Los mismos interrogantes de la 2006/2007 aparecieron en la actual temporada. Y otra vez se encargó de enterrarlos. Es más, se le fue la mano, porque es el goleador de la elite, con 22.8 de promedio (en 22 encuentros), por encima de Leonardo Gutiérrez (21.3), para la mayoría el jugador más determinante de la Liga.

Con Johnson como abanderado, más el retornado Esteban De la Fuente, Nico Romano, Claudio Chiappero, Juan Pablo Sánchez y los que sobrevivientes del ascenso (Leandro Lauro, Leo La Bella y Esteban López), el equipo trata de hacer pie y por ahora se mantiene en una zona expectante.

Todos saben que con Byron tienen un plus extra y habrá que aprovecharlo sin hacer mucho ruido -seguramente recibirá varias ofertas-. Por lo pronto, no queda otra que disfrutarlo y, por qué no, prepararle un monumento.

 



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