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La colectividad suiza de la cordillera

Los Goye se instalaron en Colonia Suiza antes de que se fundara Bariloche. Cuando Bariloche celebró su centenario, hacía 5 años que habían recordado su llegada a lo que entonces se llamaba Región de los Lagos.
La comunidad suiza local se ubica, en número, después de la alemana. Por proximidad se ubican primero los chilenos, luego los españoles e italianos, atrás los alemanes y los suizos, y finalmente los austríacos, algunos franceses y eslovenos, entre las principales. Es una zona que por sus montañas y su paisaje atrajo fuertemente a los inmigrantes centroeuropeos.
También hubo migración suiza hacia otras provincias argentinas como Misiones, regiones frutícolas y vitivinícolas. “En la Suiza francesa hay viñas en lugares de faldeos soleados. Los Suter, de Mendoza, son viñateros de origen suizo“, cuenta Jorge Ardüser quien fue, durante muchos años, presidente de la Colectividad Helvética de Bariloche. “Primero tuvimos un club suizo –recuerda; también hay una escuelita de verano en Colonia Suiza que cuenta con ayuda del gobierno suizo– y después se formó la colectividad, en octubre de 1958. En esa época mi madre participaba activamente. Después me sumé yo, integré la comisión y luego fue presidente. En dos oportunidades estuve a cargo de la Secretaría de Turismo de Bariloche y una vez coincidió con que era, además, presidente de la Colectividad Helvética y de la Asociación de Hoteles de Argentina, según adonde iba me ponía el gorrito respectivo (risas). Cuando mi madre falleció fui 19 años corresponsal de la Embajada Suiza y después me nombraron cónsul honorario, cargo en el que estuve 7 años más. De modo que durante 26 años trabajé para la colectividad. Fue una experiencia muy interesante”.
“Vinieron muchos suizos a la Argentina –cuenta Ardüser–. Hay apellidos suizos que se confunden con italianos. Por ejemplo Carlos Pellegrini era de ascendencia suiza, también la poeta Alfonsina Storni. A esta zona llegamos atraídos por las semejanzas del lugar con la pequeña Suiza. Los suizos, en general, por el simple hecho de hablar tantos idiomas –en Suiza se hablan cuatro diferentes– nos adaptamos a lo diverso con facilidad. Por otra parte los suizos están acostumbrados, como país chico, a tener que luchar y trabajar mucho para poder progresar; son disciplinados de origen. Cuando un país es muy concentrado tiene que tener orden. Aquí tenemos grandiosidad de paisajes, nos sentimos muy libres y nos acostumbramos rápidamente a la generosidad del argentino. Tenemos un gran amor por esta región”, resume.
Los miembros de la colectividad suiza siguen celebrando sus fiestas. “No unimos para preservar costumbres. Siempre estamos presentes en la Fiesta de las Colectividades. También celebramos, como en Suiza, la fiesta de San Nicolás. Viene el viejito de la bolsa con su ayudante, los chicos aprenden un versito y lo recitan. Nos juntamos en nuestra sede del lago Gutiérrez. Los chicos esperan a Papá Noel que sale del bosque con una campana anunciando su llegada. Él trae un libro en el que tiene anotado un mensaje para cada niño. Dice, por ejemplo: ‘Tú te portaste mal en la escuela, le contestaste mal a tus papás’. Los chicos se asustan un poco pero, bueno, después del sermón el hombre saca de su bolsa los regalos, masitas y frutas y se los entrega a los niños previa promesa de que el año próximo se portarán mejor”.

 



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