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El intenso dolor de un titán

El desconsuelo de Martín Palermo, enjugándose las lágrimas con la camiseta que al final del primer tiempo había intercambiado con Paolo Maldini, fue la síntesis de la amargura que sufrió todo Boca al perder la final del Mundial de Clubes con Milan.

El gran delantero del fútbol argentino fue, al menos a simple vista, el que más sufrió. Dicen que soñaba con poder dedicarle el título, quizá el último de su exitosa carrera, a su fallecido hijo Stéfano. Por eso no lograron consolarlo ni siquiera las palabras de aliento que salieron de la boca del propio Maldini, que a los casi 40 años quería, al igual que Palermo, ganar este título para poder retirarse deportivamente tranquilo a mediados del año próximo. "Forza, forza...", le dijo un capitán al otro. La torre rubia agradeció el gesto, pero nada podía calmar su dolor.



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