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La Argentina tiene una nueva oportunidad en el Mercosur
En los últimos años las exportaciones nacionales hacia Brasil perdieron participación en este significativo mercado. El gobierno de Cristina Kirchner intentará revertir este escenario, tomando como base la favorable paridad cambiaria.

¿Qué se puede esperar de la última reunión entre CFK y Lula da Silva?

En principio, sólo promesas y buenas intenciones.

En términos comerciales, la relación bilateral no pasa por su mejor momento: las economías de ambos países crecen a tasas importantes pero el intercambio no sigue la misma tendencia.

El déficit que exhibe la balanza comercial argentina con de su principal socio del Mercosur es record; estimaciones privadas destacan que superará los 4.000 millones de dólares al cierre del corriente año.

Tal vez este dato, que no es menor, pase inadvertido en relación con el superávit comercial total de la Argentina, que este año se ubicará en torno de los 12.000 millones de dólares, y estos 4.000 millones negativos no afecten "la buena performance del programa económico", tal como lo comentó esta semana una fuente del Ministerio de Economía de la Nación.

Dejando de lado la historia de frustraciones que presenta el Mercosur desde su creación, esta nueva iniciativa de CFK no deja de ser positiva. La disposición del nuevo gobierno argentino de marcar una relación de prioridad con Brasil es una señal alentadora por varios motivos.

Un reciente informe elaborado por Fundación Medite

rránea resume los puntos positivos que pueden asociarse a la profundización de las relaciones comerciales con el vecino país.

" En primer lugar, mediante la asociación con Brasil se pueden lograr objetivos en materia de política económica externa, desde convenios comerciales con otras regiones hasta la revisión de cuestiones financieras y crediticias que afectan los intereses locales.

" En segundo término, el dinamismo del mercado brasileño con 190 millones de habitantes y un PBI per cápita de 6.500 dólares representa permanentes oportunidades para las empresas locales, en una etapa en la que el intercambio comercial de 23.400 millones de dólares entre los países explica menos del 2% de la suma de los PBI.

" En tercer lugar, el funcionamiento de los mercados en Brasil, filtrado a la Argentina a través de un Mercosur con relativamente pocas barreras, tiende a inducir a la política económica argentina a buscar formas genuinas de competitividad.

" En cuarto término, a nivel sectorial es factible que muchas empresas locales se integren plenamente a la cadena de valor de Brasil, apoyándose en ventajas competitivas que observan diversos clusters, desde autopartes y biotecnología hasta tecnología de la información.

" Finalmente, se necesita una diplomacia activa para que las empresas argentinas puedan aprovechar sus ventajas en el mercado brasileño, poniendo el foco en revocar

diversas trabas burocráticas o regulatorias que muchas veces impiden una participación plena en esa plaza.

Estos conceptos fueron los vertidos a mediados de la década de los '80 cuando se dio comienzo al flujo comercial en el bloque. Las idas y vueltas políticas entre ambos países no permitieron el despegue definitivo de un proyecto que continúa "en pañales".

 

TENDENCIAS

 

El déficit que registra la Argentina es un desafío, aunque no necesariamente tenga que plantearse una nivelación inmediata del balance comercial.

Lo que se debe imponer como meta el nuevo gobierno de CFK es incrementar el comercio bilateral, ubicándolo por encima del 5% del PBI de ambos países. Esto significa casi triplicar los actuales niveles de intercambio. Llegar a estos valores permitiría al Mercosur, y en especial a la Argentina y Brasil, fortalecer el poder de negociación frente a futuros acuerdos con otros bloques comerciales del globo.

El estudio refleja que las dos economías son bastante complementarias y no sólo por el lado del trigo, la lana y el vino, casi exclusivos del lado argentino, y el alcohol, los celulares y el mineral de hierro con fuertes ventajas para Brasil, sino por una amplia gama de productos manufacturados.

Así, de plantearse políticamente una reducción del déficit, ésta debería venir de la mano de un aumento en el volumen del comercio y no de un mayor proteccionismo por parte de la Argentina. De este modo, la meta de nivelar gradualmente el comercio con

Brasil, en un contexto de intercambio creciente, sería una buena manera de fijar una agenda a favor del crecimiento, de las inversiones y de la productividad industrial.

TIPO DE CAMBIO

El trabajo de Fundación Mediterránea destaca asimismo que la tendencia al deterioro de la balanza comercial de la Argentina con Brasil pese a la subvaluación del peso se explica, principalmente, por dos razones:

1) El aparato productivo de nuestro país en las actividades transables (agropecuaria, extractivas) perdió dimensión en términos relativos a esos mismos sectores de Brasil, fenómeno que comenzó en 1998 y que se refleja en una menor inserción de productos locales en el mercado interno brasileño. Tal es el ejemplo de las carnes, las frutas y la energía.

2) El encarecimiento de los bienes de capital, asociado al elevado tipo de cambio real, generó un fuerte desplazamiento de proveedores, sustituyendo Brasil equipos que antes la Argentina compraba en Alemania, Japón y Estados Unidos.

Para nivelar estos desequilibrios la Argentina requerirá como mínimo:

a) que la industria se vuelva competitiva para insertarse en las cadenas de valor brasileñas y

b) que las actividades más integradas no enfrenten trabas para ingresar en ese mercado.

El desafío de CFK será, entones, quebrar la inercia que hoy impera en el bloque del Mercosur. Un tema, por ahora, de difícil resolución.

 

JAVIER LOJO



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