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Domingo 2 de enero de 2005
Bueno, con algunos nubarrones
Perspectivas Neuquén

Sobisch llega al segundo año de su tercera gestión sin mayores apremios aunque en el horizonte asoman algunos nubarrones. Cuenta con un presupuesto de 2.250 millones de pesos -el mayor de la historia de la provincia- y superpoderes para reestructurarlo a su antojo; tiene una alianza con los transperonistas y el quiroguismo que le permite disponer de mayoría automática en la Legislatura; y ha logrado colocar a cuatro de los cinco miembros del Tribunal Superior haciendo su estricta voluntad. Este esquema, que se parece peligrosamente a la suma del poder público, le permite al gobernador tener las manos libres para dedicarse a su principal objetivo actual: la campaña presidencial. Con una abundancia inédita de recursos derivada del elevado precio del petróleo, la oposición y la Justicia a buen recaudo, la provincia parece un negocio que funciona solo. De ahí la decisión de Sobisch de dejarla en manos de sus hombres de confianza, aquellos que aun desde su propia óptica gobiernan peor que él.
Desde luego este esquema no es el ideal y provoca desfasajes en la conducción política. Así, por ejemplo, el gobernador tiene un frente gremial complicado, entre otras cosas porque casi nunca está y no hay ‘sintonía fina’ sobre el particular.
Además, en medio de la abundancia que proporcionan las regalías, el gobierno ha acentuado su tendencia a resolver los problemas con dinero. Un ejemplo es lo ocurrido con el aumento salarial otorgado a los estatales, a modo de piadosa cortina de humo sobre el escándalo de los campos atribuidos a Manganaro.
En este cuadro de situación, con un gasto que se ha multiplicado, es posible avizorar un horizonte complicado.
Neuquén se ha beneficiado de una coyuntura excepcional producto de la devaluación y el precio récord del petróleo. Baste decir que ha duplicado sus ingresos. Por desgracia, esta circunstancia única no está siendo utilizada para catapultar a la provincia al desarrollo. Pero perder esa oportunidad histórica podría ser el mal menor comparado con la hecatombe que implicaría una brusca caída de los ingresos. Bastaría que el barril de petróleo volviera a sus valores normales para que el gasto, fuertemente sobredimensionado, terminara por ahogar las finanzas provinciales desencadenando un ajuste de consecuencias sociales explosivas. Si este frente presenta perspectivas delicadas, nada muy diferente ocurre con la aventura presidencial.
La campaña nacional del gobernador es en sí misma otro ejemplo palpable de la liviandad en el manejo de los recursos públicos. Sobisch se ha negado una y otra vez a informar sobre el origen de los cuantiosos fondos que destina a su sueño presidencial, pero en buena parte de los casos las acciones y la propaganda de campaña se confunden con la actividad y la publicidad de los actos oficiales.
Eso es lo que ocurre por ejemplo con el logo “Neuquén es confianza”, que aparece indistintamente en la publicidad del candidato y en la actividad del gobierno.
Todo indica que se está gastando mucho dinero de las arcas del Estado provincial en cuestiones que no guardan ninguna relación con el interés público. En estos días la política se hace con plata y eso es lo que parece sobrarle a Sobisch. Pero además de plata, hacen falta otros requisitos que el aspirante neuquino no parece tener en abundancia.
Ni pertenece al único gran partido nacional en pie, ni tiene estructuras en las provincias clave, como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
La puesta en escena del pastor persuasivo que se desplaza entre la gente micrófono en mano, no alcanza. Quitando los golpes bajos sobre la seguridad y las promesas de mano firme con los piqueteros, que no se condicen con el desmadre que tiene a cada rato en la provincia, Sobisch no ha logrado hilvanar ideas atractivas.
Tiene sí, a su favor, que en buena parte del país todavía no lo conocen. Pero con confundir a los distraídos no alcanza, además hay que convencer a los que forman opinión.
Si las perspectivas de concretar el sueño rosado no son alentadoras, menos aún lo son las estrictamente políticas en el frente provincial.
En su afán de doblar siempre la apuesta, Sobisch se ha embarcado en una reforma de la Constitución que puede llevarlo a su primera derrota política.
En la cúspide de sus posibilidades, se ha propuesto satisfacer una necesidad de campaña, consistente en agitar aquí y allá que lleva adelante una supuesta reforma política en su provincia; y también planea cumplir con sus “aliadas estratégicas”, las petroleras, brindándoles la seguridad jurídica que la Constitución actual no les da. Pero no está escrito que Sobisch vaya a reiterar en la elección de convencionales el excepcional 56% que obtuvo para la gobernación en 2003. Las legislativas nacionales y más aún las constituyentes son generalmente esquivas para el MPN. Y las del año próximo no serán mejores, porque con la elección de diputados se plebiscita la gestión de Kirchner, a quien no le va nada mal. Cualquier porcentaje que Sobisch obtenga por debajo de la performance excepcional del 2003, será inmediatamente considerada una derrota, no sólo en la provincia sino también en la puja nacional.
Si nada parece indicar que la estrella de Sobisch vaya a seguir elevándose, tampoco está claro que Quiroga, el hombre que atesora la mayor cuota de poder en la provincia fuera del MPN, vaya a mejorar sus chances de cara al 2007. El intendente quiere ser gobernador y está bien posicionado en las encuestas, pero por desgracia para él no hay viaje sin escalas a la felicidad: antes tendrá que pasar por el 2005, que no se le presenta demasiado alentador. La alianza de hecho que mantiene con Sobisch tiende a diluirse a medida que se acerca la fecha de los comicios y el año que se inicia el intendente tiene por delante un calendario electoral complicado.
En las elecciones para renovar parcialmente el Concejo Deliberante, carece de alianzas de peso para enfrentar a un aparato arrollador como el del MPN, que además lo está esperando para cobrarse el revés del 2003. Lo único que tiene decididamente a su favor es la sorpresa: es él quien fija la fecha de los comicios.
En la segunda prueba, de diputados nacionales y convencionales constituyentes, tiene poco para ganar y mucho para perder. Aislado como está de la oposición por su proximidad a Sobisch, acaso no le quede más remedio que desandar lo andado y apoyar a los candidatos de Kirchner. Después de todo, para ganarle al MPN en el 2007 va a necesitar alguien que le dé una mano.
Entre los expectables de la política neuquina está también Jorge Sapag. El ex vicegobernador ha dicho que quiere la gobernación, pero hasta ahora se ha cuidado de desafiar al gobierno.
Cerca de Sapag dicen que muchos funcionarios están prestos a dar el salto, y que apresurar el enfrentamiento sería dejarlos inermes ante las represalias sobischistas. Pero la verdad es que pocas veces se ha visto en política tantos retadores con tan pocas ganas de dar pelea.
Por lo pronto, una cosa es conquistar el poder y otra muy diferente heredarlo. Está claro que Sobisch no querría dejar su reino de oro negro a un Sapag, pero él también ha jugado buena parte de sus cartas y quitando a Salvatori, que es socio pero no del “palo”, ninguno de su entorno tiene la estatura requerida. Como diría Perón, ni su esposa, ni Brollo, ni Brillo parecen tener uña de guitarrero. Acaso, al final, al gobernador no le quede más remedio que tragar saliva y abrazar a su viejo compañero de fórmula.

Héctor Mauriño
vasco@rionegro.com.ar

 

 
 

 

 

 

 

 

Diario Río Negro. Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina.
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