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| La mesa del comedor
es larga y angosta, sirve tanto para centro de reuniones
como de lugar de trabajo. Todo blanco, por supuesto, “ayuda
a transmitir un espíritu de paz y pureza”,
apunta Debbie Frydman, con razón. |
No siempre es sencillo convertir un espacio personal en un
ámbito laboral y que ambos convivan en armonía.
En el caso de este departamento donde vive y trabaja la art
dealer Debbie Frydman, esta conjunción se muestra de
una manera natural. Un edificio Art Decó de la década
del ’30, en las orillas de la Recoleta, contiene este
hogar-galería de arte, de 100 m2 cubiertos. El paisaje
netamente urbano en el que se emplaza atrapó a su dueña
y la impulsó a comprarlo. Y se entiende por qué
lo hizo: la vista es francamente irresistible. Desde el sexto
piso el horizonte contiene dibujos de autopistas, avenidas,
containers y el inmenso río de la Plata.
En la remodelación del departamento -compuesto por
living, comedor, escritorio, dormitorio, baño, toilette,
cocina, comedor diario, lavadero y un pequeño cuarto
que funciona de trastienda- se puso especial énfasis
en unificar ambas funciones, vivienda con galería de
arte permanente, donde la marchand pudiera exhibir su maravillosa
colección de obras de artistas consagrados argentinos.
Para eso, contrató a la arquitecta Adriana Grin, del
estudio Saban Grin, para que se ocupara de la refuncionalización
del espacio amén de la decoración. La consigna
básica fue crear un espacio muy neto, donde la atención
estuviese centrada en los cuadros y objetos de arte. Por eso,
todas las paredes se pintaron de blanco, un color neutro elegido
también por Debbie que necesitaba estar en un entorno
“de paz y pureza”. Durante el día la luz
natural inunda los ambientes lo cual enfatiza y contribuye
a la creación de este clima diáfano. Para aumentar
la sensación de despojo se respetó su gusto
por la decoración minimalista. No se conservó
ninguno de los objetos o muebles traídos de otras vidas
y decidieron empezar de cero.
La iluminación, por supuesto, fue otro capítulo
fundamental del reciclaje. La arquitecta, diseñó
un sistema de colgado en todas las paredes posibles para desplegar
las obras de arte, iluminado por luces especiales que permiten
que la obra se luzca en su mayor esplendor.
La decoración, es muy simple pero medularmente pensada
para que cumpla con las dos funciones requeridas. Que fuera
útil tanto para su trabajo como para su vida privada.
El living, al igual que los demás ambientes de la casa,
está ocupado por muebles blancos. Un gran sillón
de diseño italiano en forma de L garantiza un mejor
aprovechamiento del espacio, secundada por una mesa ratona
de fórmica blanca brillante. La biblioteca debajo de
la ventana fue una de las últimas intervenciones respondiendo
a la necesidad de mayor espacio para libros y catálogos
relacionados con la galería. También funciona
como repisa donde apoyar cuadros y objetos de arte. Las cortinas,
de paneles corredizos de tela, se muestran livianas, dotan
de aire al espacio y tamizan la luz solar.
Contra la voluntad de Debbie, los únicos elementos
que sobrevivieron a las refacciones fueron el espejo que reviste
la pared enfrentada al sillón y una columna en el espacio
contiguo al comedor. Aunque creía que quitaban espacio,
ambos cumplen una función importante. El espejo ayuda
a dar una mayor sensación de amplitud, mientras que
la columna actúa como división virtual entre
ambos ambientes. El toque de color en la sala de estar y el
comedor está dado por los cuadros, objetos de arte
y por las alfombras diseñadas por Vanina Mizrahi.
Para el comedor, la arquitecta pensó en una mesa larga
y angosta que fuese a la vez un centro de reuniones y trabajo.
Diseño de Grin, es de madera oscura recubierta en fórmica
brillante. El techo exhibe un artefacto de luz de forma ondulante
que continúa el movimiento de sendero de la alfombra.
Sobre la pared de espejo, las obras colgadas crean un efecto
muy inquietante.
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| La iluminación
es fundamental en este hogar-galería de arte. Hay
mucha: tanto natural como la que se obtiene de unsistema
implementado en la parte superior de las paredes. |
La mayor complicación, cuentan ambas, fue la decoración
del dormitorio. La cama, que mide 2 x 2 metros (pedido especial
de Debbie), es muy grande para las dimensiones del cuarto.
Por eso se colocaron dos apliques en la pared para economizar
el espacio que ocuparía una mesa de luz. Aunque resulte
curioso, este espacio tan íntimo, además de
respetar el despojo que reina en el departamento, también
exhibe los cuadros en sus tres paredes libres. Aquí,
la vista desde su cama alcanza su esplendor ya que se colocó,
en la esquinas del cuarto, dos puertas ventana (con doble
vidrio para atenuar el ruido que proviene de la avenida),
que se abren a un balcón perimetral que bordea ambas
paredes, en el que una cortina romana, en género blanco,
permite mayor privacidad.
El baño también pasó por cambios de cerámicos
y griferías y sólo se salvó de la elegante
mesada de mármol de Carrara gris, a la que Grin agregó
un amplio sector de guardado, en madera laqueada de blanco.
Los espejos, nuevamente presentes, revisten la pared de la
mesada y la puerta y las alfombras kilims suman una cuota
de calidez y color necesaria.
En la cocina y el comedor diario se mantuvo la estructura.
La comunicación entre ambos es semiabierta ya que están
conectados por una puerta corrediza de vidrio. Además
de ahorrar espacio su transparencia aporta luminosidad y unidad
a los ambientes. Para favorecer la circulación, la
mesa presenta un corte que la hace irregular. El banco es
semicircular y amurado a la pared con delicados detalles en
madera.
Destinadas a romper con el blanco inmaculado de los muros
y a lucirse como los protagonistas de la casa, las obras de
arte hacen de este hogar y galería una combinación
inusual. Los cuadros son colgados a gusto de la dueña
de casa o de acuerdo a los clientes que la visitan. Hay épocas
en las que todo queda quieto por meses y otras en que los
cambios son continuos. Como piezas de un caleidoscopio que
buscan su lugar aunque este sea siempre variable.
Debbie está feliz con su casa doble propósito.
“No le cambiaría casi nada aunque a veces me
gustará que fuese un poco más grande. Mi cuarto
podría ser más amplio o tener una habitación
más. De todas formas ¡la amo!,” exclama.
Y no es para menos, luego de 20 años de profesión
encontró un lugar en el mundo, donde respira arte en
cada momento del día.
EL ESTAR Y EL COMEDOR
• Los cuadros contrarrestan el blanco puro de las sillas
de Natan y la mesa de fórmica brillante. Sobre la pared
blanca se encuentra la obra “Silla Andina” (1997)
de Benedit, mientras que “Dibujo Color 29” y ““Dibujo
Color 30” (1965) de Emilio Renart, de mayor formato,
colores vivos y motivo abstracto, ocupan la pared espejada.
• El living y el comedor se dividen virtualmente a través
de una columna y dos escalones que dan una doble altura a
ambos ambientes. La luminosidad del departamento se acentúa
a través de grandes ventanas con cortinas de paneles
corredizos que filtran y distribuyen la luz. La decoración
minimalista en colores neutros contribuye a este fin.
• La alfombra diseñada por Vanina Mizrahi, perteneciente
al modelo Sendero, fue tejida a mano con lana pura. Sus motivos
son el resultado de un juego entre colores saturados y formas
contemporáneas. El juego entre el movimiento de las
franjas de color se corresponden con el artefacto de luz en
forma serpenteante. En esta inusual galería de arte
la puerta es también utilizada como espacio de exhibición
en donde se encuentra la obra sin título de Ladyslao
Gyori del movimiento argentino Madi.
• La línea recta marcada por la sucesión
de sillas y la mesa de fórmica parece dirigida hacia
la obra “Rojos, Negros y Verdes” (2004) de Inés
Bancalari como si la arista superior de esta fuese su punto
de fuga. Las formas onduladas de la alfombra de Vanina Mizrahi
junto a la columna aplacan la rigidez.
• En el comedor, la sucesión simétrica
de dos obras sin título (1970) de Liliana Corte se
adaptan perfectamente al ambiente debido a sus colores neutros
y el motivo despojado.
• Los cuadros ubicados en secuencia es un recurso utilizado
al agrupar obras de una misma serie, formato y pintor. Tal
es como sucede en el comedor con “Esfera”, “Semicírculo”
y “Cuadrado” (2005) de Eduardo Costa. A la hora
de dar toques de color en el living primó el rojo que
domina la fotografía sin título (2001) de Mónica
Van Asperen ubicada arriba del sillón de modelo italiano
comprado en Natan. Lo mismo sucede con las esculturas de Emilio
Renart (1988) que descansan sobre la mesa ratona de fórmica
brillante y la alfombra modelo Floral diseñada por
Vanina Mizrahi.
• Sobre la biblioteca del living, refugio de libros,
catálogos y material relacionado con la galería
de arte, descansan objetos de diseño y un candelabro
rojo de Okko. La misma está ubicada en una ventana
al exterior con una amplia vista al entorno urbano que rodea
al edificio.
• El centro del living la alfombra diseñada por
Vanina Mizrahi es el eje de las miradas. La mesa ratona blanca
aplaca los colores vivos pero el remate dado por los objetos
de Emilio Renart intercalan los focos vivos.
LA COCINA
•
La cocina alargada desemboca en un comedor diario donde el
aprovechamiento del espacio fue la clave. Las mesadas son
amplias y las alacenas, con múltiples compartimentos,
se ubicaron en la parte superior. La transparencia es el sello:
una puerta corrediza de vidrio esmerilado, atravesada por
la luz de la ventana, divide el ambiente. Las ollas en colores
y la vajilla de cerámica blanca son de Okko.
• La pared del comedor diario está distribuida
en dos mitades: una ventana exterior y un banco amurado. La
vista crea una sensación de amplitud necesaria dado
el reducido espacio. El extremo superior del asiento sobresale
creando una repisa. Las copas de Okko participan dando un
toque de calidez.
EL BAÑO
•
El juego de simetría entre los dos cuadros sin título
(1952) del uruguayo José Gurvich ubicados a ambos lados
de la puerta del baño, se repite en las alfombras kilim.
Estas aportan dinamismo con sus variadas formas, además
de unificar ambos espacios aplacando la diferencia entre el
piso de parquet y los cerámicos grises.
• El baño, cómodo y básico fue
lo único que se hizo a nuevo. Un solo elemento fue
conservado y devino en protagonista: una espaciosa mesada
de mármol de Carrara. Las cortinas traslúcidas
permiten el paso de luz que se refracta en el gran espejo
que reviste la pared. De noche, las luces dicroicas hacen
su parte. El amplio espacio de guardado fue diseñado
por la arquitecta Adriana Grin.
• Los frascos de farmacia antiguos hacen una dupla perfecta
con la mesada de mármol. De acuerdo con el ambiente
despojado reinante en todos los ambientes, son unos de los
pocos elementos decorativos elegidos para el baño.
EL DORMITORIO
•
El blanco está presente en cada elemento del dormitorio
como las paredes y la ropa de cama comprada en Urban Outfitters
de Nueva York. Los apliques de formas orgánicas y los
almohadones introducen la gama de los grises y plata siguiendo
la línea de los colores neutros. La obra “Siete
Fuegos” (2003) del artista argentino Juan Doffo se ubica
en la cabecera como una síntesis de los tonos presentes
en la habitación.
• Un sillón BKF adaptable a todos los espacios
ocupa la esquina del dormitorio donde confluyen las dos puertas
ventana de acceso al balcón perimetral. Es el sector
con mejor vista al exterior y mayor luminosidad del departamento.
• “For Mui Muimilion” (1962), una colorida
obra del artista argentino Xul Solar cuelga de una de las
paredes laterales a la cama y que continúan al balcón.
Un foco de color frente al neutro de la ropa de cama blanca
de Ikea y Urban Outfitters.
• La biblioteca del dormitorio contiene en su mayor
parte discos. Pero lo primordial se encuentra en su parte
superior donde se reservó un lugar para la obra favorita
de Debbie Frydman: una caja del artista Julio Le Parc. En
la pared cuelga “Ramona en la ventana” (1964),
un grabado de uno de los clásicos personajes de Antonio
Berni.
Mariana Rapoport
Fotos: Daniela Mac Adden/Sur Press.
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