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Sábado 30 de abril de 2005
La trama de la venta del grupo Fortabat
Después de 9 meses de gestación surgió un acuerdo de venta que aún deben aprobar las autoridades competentes. Era algo que se veía venir en ciertos sectores, pero que tuvo una enorme repercusión por la altísima exposición pública en las últimas décadas de la principal protagonista involucrada. Continúa así el proceso de extranjerización de la economía argentina que comenzó en la década pasada con una apertura indiscriminada; las privatizaciones y, hasta si se quiere, la convertibilidad.

BUENOS AIRES.- “Se ha firmado una carta de intención entre los accionistas de Holdtotal SA, controlante de Loma Negra CIASA, y la firma Camargo Correa SA, de Brasil, a fin de negociar y cerrar la compra por parte de Camargo Correa SA del 100% de las acciones de Holdtotal SA y las restantes acciones de Loma Negra CIASA”. Esta notificación fue enviada a la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, el 19 de este mes, por Amalia Lacroze de Fortabat, en su carácter de “presidente” -curiosamente, no “presidenta”- del grupo local.
La operación se pactó en 1.025 millones de dólares -incluidos 200 millones adeudados-, pero debe ser aprobada por la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia. De cualquier manera, ambas partes confían en cerrar trato a fines de mayo. Mientras tanto, determinados sectores arreciaron sus críticas por lo que interpretaron un avance más hacia la extranjerización económica. En ese sentido, recordaron operaciones más o menos recientes, en las que también estuvieron involucrados grupos brasileños: las ventas de Quilmes Industrial (Bemberg) a Companhia de Bebidas das Americas (AmBev, propietario de Brahma, bajo condiciones fijadas por la CNDC); de Pecom Energía (Pérez Companc) a Petrobras, y Acindar a Belgo Minheira.
Parecidas preocupaciones no se notaron cuando Holderbank, de Suiza, fue adquiriendo paulatinamente Corcemar y después Juan Minetti. Y yendo más atrás en el tiempo, cuando por las crisis de fines de los ’80 y comienzos de los ’90, Celulosa Argentina, Terrabusi, Bonafide, Noel y FV-Canteras Cerro Negro fueron absorbidas por transnacionales y conglomerados extranjeros. Holdtotal, comúnmente conocido como grupo Fortabat, está compuesto por Loma Negra (cementeras, hormigoneras y centros de distribución), que aportó el 81,65% a la facturación total anual de 654 millones de pesos; Estancias Unidas del Sur (13 establecimientos que abarcan 155.000 hectáreas), 9,63%, y Ferrosur Roca (concesión de una línea de cargas), 8,72%.
Alfredo Fortabat nació en Azul (Buenos Aires), en 1894. Era hijo de los franceses Helen Pourtal y Lucien Fortabat. Este último dirigió la escuela francesa de la comunidad, integró el directorio del Banco Comercial local y luego incursionó en el agro. Por eso Alfredo tuvo la posibilidad de estudiar en Francia y concurrir a la Sorbona. Cuando volvió, en 1924, lo alentaron a que fabricara cemento quienes lo hacían en la zona desde 1916.
Aceptó esos consejos y pudo hacerlo gracias a la herencia que le dejó su padre (había fallecido en 1921), los campos de la familia y créditos. Ayudas adicionales provinieron de Magdalena Corti Maderna, su primera esposa, e indirectamente del gobierno nacional de turno, que aplicó impuestos a la importación. Al no tener conocimientos técnicos, aprovechó los de inmigrantes alemanes y austríacos. Participó del capital accionario de Calera Avellaneda y retuvo votos decisivos con los que frenó su expansión y posible competencia. Además, procuró que Corcemar no adquiriera Barker, que terminó adquiriendo por más de lo que valía. Fortabat llegó a proveer el 70% de la demanda de cemento del sector público en los ’40 y ’50, a veces sin que mediaran licitaciones, por lo que en el ’55 una comisión investigadora de la llamada “Revolución libertadora” (derrocó a Juan Domingo Perón) lo acusó de enriquecimiento ilícito. Era el dueño de más del 95% de las acciones de sus empresas, cuya conducción unipersonal nunca relegó. Participó, asimismo, de sociedades financieras y comerciales; manejó 160.000 hectáreas de campos, y, obviamente, incalculables bienes personales.
Influyó sobre varias generaciones de habitantes de Olavarría al costear barrios de viviendas, escuelas, dispensarios, iglesia y el club que intervino en torneos de la Asociación del Fútbol Argentino. María Sara Amalia Lacroze de los Reyes Oribe de Fortabat fue la segunda esposa de Don Alfredo y, cuando murió en 1976, su heredera universal, pese a publicitadas desavenencias conyugales. Asumió el manejo del grupo y aprobó inversiones para ampliar la producción y hacer una planta en Catamarca.
Sin dejar de recurrir al lobby, aprovechó requerimientos de obras públicas financiadas con préstamos del exterior y las subas de los precios internos del cemento en dólares. Incurrió en un innegable sobredimensionamiento, que preocupó en los ’80, cuando cayó toda la actividad y la inflación obligó a paralizar producciones y suspender trabajadores. Las fuertes ganancias volvieron desde 1991 y permitieron al grupo consolidar su posición. Amalita aceptó la invitación del presidente Carlos Saúl Menem para participar en las privatizaciones y Loma Negra comandó con un 65% el consorcio Ferrosur Roca, pero por diferentes circunstancias desistió de otros intentos. “Esa empresa tenía que ser mía”, confesó la señora al comprar, en 1992, Cementos San Martín (pertenecía en partes iguales a Pérez Companc y Lone Star), por algo así como 100 millones de dólares. En el ’93 conformó el multimedio Difusora Baires, al adquirir el 51% del diario “La Prensa”. Ya tenía las radios “El Mundo” y “Horizonte” (en la Capital Federal) y un canal de televisión por cable y LU32 (en Olavarría). No resultaron los negocios esperados y se malvendieron o alquilaron. Asociada con el Chase Manhattan Bank y Philip Environmental, de los Estados Unidos, en el ’97 presentó la compañía de servicios ambientales Recycomb, instalada en Uribelarrea (Buenos Aires) para procesar residuos de distinta procedencia y transformarlos en un combustible alternativo para los hornos de cemento.
En el ’98 acordó con la uruguaya Ancap para colocar su producto en la Argentina y evaluó invertir allí. Anunció 250 millones de dólares para una nueva fábrica en Olavarría y las compras de 4 empresas de hormigón elaborado.
Aunque desde el grupo insistieron en que no estaba en venta, cuando concluía el ’98 arreciaron los rumores acerca del interés manifestado por Cemex (México), Lafarge (Francia) y Blue Circle (Gran Bretaña). Entre las ciudades bonaerenses de Ramallo y San Nicolás, en sociedad con Siderar (Techint), en el ’99 inauguró Ecocemento para producir cemento con adición de escoria de alto horno. Amalita designó al frente del holding, en el 2000, a Alejandro Bengolea, su único nieto varón, pero lo desplazó dos años después disconforme con la gestión y por la acumulación de una deuda de 430 millones de dólares. Trató de explicar que se habían efectuado fuertes inversiones en equipamiento importado, financiadas mayormente en divisas extranjeras.
A esto agregó “un mercado interno muy deprimido (aunque estable) y un producto poco transable y difícil de exportar”. No obstante, completó la planta “L’Amalí”, en Olavarría, considerada la más grande y moderna de Sudamérica. Aunque Víctor Luis Savanti (ex titular de IBM Argentina) logró un principio de acuerdo con el 65% de los acreedores, el cartel “en venta” se colocó el año pasado, JP Morgan se encargó de la operación. En esto habrían influido Inés Bárbara Bengolea de Ferrari, una de las nietas de Amalita, y su esposo. Si la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia aprueba la venta de Holdtotal, desembarcar en la Argentina Camargo Correa, cuya dirección ejercen 3 mujeres, descendientes del fundador. El cemento, el agro y la gestión ambiental no son sus únicas actividades; aparte, se dedica a la ingeniería y construcción, concesiones viales, energía, minería, industria textil y aviación. Aún no se descartó que Amalita conserve ciertos bienes, como el museo que desde hace tiempo construye en Puerto Madero.

 

Amalita, en otros tiempos

BUENOS AIRES.- “No se creía misteriosa y, sin embargo, indudablemente lo era. La querían, la consideraban una buena mujer, esposa amable y hasta tierna, madre perfecta, hija cariñosa y generosa con su tiempo ante sus padres. Y también con todos los que sufrían a causa de un mal o de una pena. Además, era bonita. No bella pero si bonita, no espléndida, pero si atractiva. Su marido se lo había dicho muchas veces, cosa rara, pues, en general, los maridos olvidan decirlo”.
El párrafo pertenece al cuento “La sonrisa”, firmado en 1987 por Amalia Fortabat (apellido de su segundo esposo). Tataranieta de quienes estuvieron vinculados a los primeros ferrocarriles en el país, María Sara Amalia Lacroze de los Reyes Oribe nació el 15 de agosto de 1921. Su padre fue Alberto Juan Lacroze, médico, poeta, astrónomo y uno de los impulsores del partido Demócrata Progresista, con quien mantuvo una relación muy fuerte y le inculcó muchas ideas, pero al parecer se opuso a que estudiara medicina (sí hizo cursos de enfermería). Su madre, Amalia de los Reyes Oribe, era ama de casa y nieta del general José María de los Reyes.
Aunque mucho después aseveró que se enamoró de Alfredo Fortabat siendo soltera, en 1941, durante una reunión familiar, contrajo su primer matrimonio con Hernán de Lafuente. Duró tres años y del mismo nació Inés, su única hija (el susodicho luego se casó con la vedette Nélida Roca).
Después llegó su segundo enlace, con el dueño de Loma Negra -“un señor de gran personalidad, de gran inteligencia y gran fuerza”, que le llevaba 30 años-, con quien fue “muy feliz”. Eso sucedió después de que él consiguió, en 1951, incorporar a la ley 14.394 el artículo que estableció que “podrán casarse las personas que estuvieron determinado tiempo separadas o con sentencia de divorcio”.
Amalita se acostumbró a acompañar a su esposo en los viajes de negocios. Oficiaba de traductora -él no hablaba inglés- en las tratativas para comprar equipamiento o gestionar créditos, pero siempre proclamó sentirse “muy orgullosa de mi familia, dedicada a mi hogar”. “No tuve tiempo para lo que se llama ‘luto y llanto’. Alfredo murió un sábado y el miércoles yo tenía mi primera reunión de directorio”, recordó sobre lo que sucedió en 1976. El dejó una carta indicando que ella era “la única persona que podía hacer las cosas mejor que él”. “Este país me dio más alegrías que sinsabores -reconoció-. Siempre me fue bien, sólo sufrí cuando me quedé sin Alfredo, yo sola, con mis empresas, pero me rodeé de gente fantástica”.
“Creo mucho en mi percepción de las personas; es casi como un olfato y tengo la suerte de poder ver a través de ellas -reveló-. Esto me ayudó mucho en mi tarea y también que había en mí algo del don de mando”.
Se preocupó por publicitar que estaba “mucho más adentro de las empresas de lo que la gente cree: visito las fábricas unas 6 veces al año, como promedio, y también recorro los campos, y no sólo para comer asado”.
Llegó a vanagloriarse de que un amigo dijera que ella tenía el “Midas touch” (el “toque de Midas”, por aquel legendario rey de Frigia -antigua región de Asia menor que obtuvo de Baco la facultad de convertir en oro cuanto tocaba). “Sé elegir cualquier cosa: un biombo, un toro de exposición o un cuadro en un remate”, comentó.
Acumuló obras de Turner, Monet, Brueghel, Utrillo, Gauguin, Petorutti, Berni y Alonso, por citar algunos maestros, y un retrato que le hizo Andy Warhol (“es mi rostro -comentó-, pero lo pintó como una mezcla de Marlene Dietrich y Marilyn Monroe”). Llegó a tener viviendas en San Isidro y Mar del Plata (Argentina), Punta del Este (Uruguay), Grecia y Estados Unidos (una suite en el hotel “Pierre”, de Nueva York); avión; helicóptero...
Inés, su única hija, prefirió dedicarse a la Fundación Fortabat, que se ocupa de necesidades de los niños -mantiene comedores-, la salud y la cultura. Inés, a su vez, tuvo tres hijos. De su primer matrimonio, Inés Bárbara y Alejandro Bengolea, quienes desde jóvenes trabajaron cerca de su abuela. Ella en Loma Negra y él como director de los establecimientos agropecuarios -en los de Río Negro incursionó en la producción de manzanas y peras-, primero, y como vicepresidente primero del grupo, después, en el 2000. La tercera hija de Inés es de su segundo matrimonio, se llama Amalia Amoedo y cuando era chica decía que se dedicaría a la política, tal vez para emular a su papá, Julio Amoedo, quien llegó a ser senador por Catamarca, donde no había nació ni residió; por el momento se dedica a impulsar su marca de ropa interior...
“Una de las condiciones que me dio Dios es la de poder radiografíar a las personas; yo puedo ver a través de las personas -reveló-. Y (Carlos Saúl) Menem me parecía una persona franca, un hombre que pasó mucho tiempo en una especie de exilio interior que le sirvió para pensar. Poco antes de las elecciones lo llamé para preguntarle cuáles eran sus planes y me dijo exactamente lo que iba a hacer”. Por eso lo ayudó en su primera campaña.
Nunca se manifestó peronista, ni radical, pero sí “muy amiga de los sindicalistas”, entre ellos los fallecidos Diego Ibáñez y Lorenzo Miguel. Y aunque rechazó el cargo de ministra de Acción Social, le pareció un “acto de confianza” que Menem la nombrara embajadora itinerante, después de acompañarlo en varios viajes (“es muy afectuoso y siempre me invita”, dijo), para transmitir “mensajes muy privados del presidente, a veces para algún embajador y otras a personas del mundo de los negocios”.
Cuando por “antecedentes personales, intelectuales y destacada trayectoria empresaria”, el Poder Ejecutivo Nacional la designó presidenta del Fondo Nacional de las Artes, en 1992, comentó: “esto no es un cargo, es un regalo”. Pronto declaró que los recursos eran tan exiguos que no permitían hacer nada.
Nadie debería sorprenderse, entonces, si descubre en una sala de su triplex porteño (sobre la avenida del Libertador), la fotografía de aquel presidente con la siguiente dedicatoria: “Para nuestra querida embajadora y querida Doña Amalita, con cariño y admiración, un beso. Carlos Menem”.
El diario francés “Le Monde” la presentó como “la mujer más afortunada de la Argentina”, con un patrimonio de 2.000 millones de dólares, y destacó “su aire de ‘star’ y su vida repleta de romances y de rumores que hicieron de ella una figura mítica de la alta burguesía”.
Al respecto, invariablemente respondió: “novio tengo siempre”... Y enseguida: “novios son mis amigos”.
Un empresario y filántropo americano-canadiense produjo en el ’94 un filme sobre ella, presentándola como ejemplo del “capitalismo compasivo” (aclaró que “compasión”, desde el punto de vista etimológico, significa “pasión” o “sentimiento compartido”) por oposición al “capitalismo salvaje”.
Créase o no, nunca pareció inquietarle su patrimonio. “El dinero es un instrumento fantástico que permite hacer felices a los otros”, argumentó. Y en un reportaje concedido a Pinky, amplió el concepto: “si de pronto desaparecieran todas mis posesiones volvería a empezar. Podría ser ‘merchant d’art’, guía de turismo o traductora de inglés o francés, en cualquier lado. Podría casarme con un señor rico aunque no me gustase, pero eso lo dejaría como último recurso, antes volvería a empezar”...
Su salud se resintió en los últimos años, pero no resignó su poder de decisión. Eso la obligó a ausentarse de la escena pública por períodos prolongados, no obstante lo cual en el 2001 afirmó: “Algunos inventaron que agonizaba, pero no pienso morirme en mucho tiempo”.
Reveló que la venta de Loma Negra fue una decisión que “en lo personal ha sido difícil de tomar, me retrotrae a tantos años de recuerdos, lucha y éxitos obtenidos”. A los 83 años consideró “conveniente” retirarse, pero se comprometió a “encarar proyectos e inversiones de un alto contenido comunitario para contribuir al desarrollo de nuestra sociedad”. Una de sus primeras acciones sería concluir el Museo Colección Fortabat, donde expondrá las obras que le quedan, que no son pocas.

Miguel Angel Fuks

 

Fuentes de consulta: diarios “La Nación” (17/5/87), “Le Monde” (28/7/92), “Página 12” (10/9/92 y 15/2/96), “Perfil” (16/9/92), “La Prensa” (21/2/93) y “El Cronista” (ranking 2004) y revistas “Apertura” (enero 1990), “Mercado” (diciembre 1991), “Noticias” (10/5/92 y 3/2/2001), “Somos” (22/3/ y 5/7/93), “Competencia” (noviembre 1994) y “Poder” (31/8/2001).

 
 
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